Ahora que siento el escozor que demuestra que estoy hecho de carne y, por lo tanto, he perdido la capacidad de ser globo de gas, luna o estrella, ya no levito sobre el asfalto. Te añoro desde la perspectiva de una ventana y he aprendido a volar para amarte. #microcuento
7/4/20
2/4/20
TIEMPO
¿Cómo se puede vivir en un estado latente de felicidad amorosa, vaporosa, levitadora? Porque eso es lo que pienso que sería el amor durante un tiempo prolongado, una tontuna de las más deliciosas, sin tiempo porque no miras el reloj ¡Eso es! Amor es no mirar el reloj #microcuento
16/1/20
COMO BENGALA EN UN LABERINTO
Se atreve a traspasar la
puerta, aun estando bloqueado una pasión desatada, una pulsión
hacia la libertad le introduce en un espacio desconcertante. Se ha
olvidado de cómo tomar decisiones y vaga sin rumbo fijo en la calle
húmeda; niebla en la mente porque no sabe qué hacer ni hacia dónde
ir. Sabe dónde no se
atreve a ir y no ve por dónde. En su ceguera tantea los comercios de
siempre, se acerca a la puerta de dos peluquerías por si un corte de
pelo pueda aumentar su autoestima. El destino de la cita le produce
miedo y deseo. Y entre ambos límites se pendulea, mientras que su
cuerpo anda erradamente aquí y allá. No puede cambiar la rueda del
hábito y serpentea bajo los muros de piedra que lo limitan. Ha
perdido el rumbo en un laberinto de espacios desconocidos, de gente
extraña, de distancias inmensas como para una intimidad que además
se niega. Y esas autopistas cortando y achicando espacios, difícil
es volar y cada vez más soñar. Pero hay algo que lo moviliza, un
apremio, una fuga de tiempo, y demasiados pensamientos, demasiadas
decisiones en una vida que se acelera cuando saca el cuerpo para
espiar en cada esquina; pues la luz le espera, pero todos los caminos
parecen oscuros. La bengala de energía que le animó a adentrarse se
apaga y confundido retrocede. Quizás la próxima vez que pase un
cometa...
26/9/19
EL RETORNO (Sorry, I've working in my novel)
La sensación de ciclo
concluido y de una nueva esperanza, pero que es familiar, le hace
sospechar de la existencia del eterno retorno, pero nada avanza sin
evolucionar. ¿Qué podría cambiar cada vez, cuantas micras, cuantos
gramos, cuantos grados? Le parecía más fácil aprender hablando que
escribiendo, pero hablaba poco ¿Y escuchar? Escuchar le hacía
sentir menos solo y también algo aprendía, aunque tuvo que observar
la utilidad o ‘la calidad’ de la fuentes de las que bebía. Lo
mismo había tomado veneno durante mucho tiempo como agua corriente.
Y ahora, cuando sabe que volando ve a las estrellas a sus pies, se
pregunta que aprender para qué, con qué utilidad. ¿La calma o la
agitación? Emprender una revolución a través del conocimiento era
una odisea; lo primero que le sorprendió era cómo de ignorante
había sido.
¿Entonces
había que abandonar el Idealismo? Por confusión en los orígenes de
la ideas, por incomparecencia del ideal universal, temía la
aluminosis en los sueños particulares que había acumulado, que eran
casi como sueños imposibles, pues se desmoronaban las estructuras y
los referentes de la doctrina total, quedaba vacía de contenido, los
cimientos soportados por la débil interpretación de la razón
instrumental. Empieza a comprender que el materialismo, finalmente,
es el que crea un nuevo lenguaje. Como dijo aquel filósofo en su
martirio “La naturaleza está triste porque ha perdido su lenguaje
original” (Walter Benjamin).
21/6/19
MONSTRUOSO
Recoloco las caderas para amoldarme
al deseo absorbente. Y entonces pienso, ‘joder, siempre me estoy amoldando a
contracorriente’. Una vez que controlé el miedo, porque había empezado la
transformación, la ira me dio fuerza vital, me salió la cola de un escorpión y las
alas de un dragón. Monstruoso. Me dijeron que era imposible cambiar, pero había
encontrado la salida del laberinto y el principio del camino del guerrero que
tanto había estado evocando. Ya no había temor. Sentía un dragón entero dentro.
Hablaba y salía una lengua de fuego. Y cuando abría la boca escupía toda la
sabiduría de la cueva de las sombras y alumbraba rincones que nunca había
visto.
Confuso e inquieto por
aquella nueva energía, —metamorfosis dentro de una habitación, las raíces por
fin maduras—, conservé, sin embargo, el deseo de las mariposas por volar en una
calle en la que pesan los pies, los hombros y la cabeza. Salí renovado, pero en
cada muerte del ave fénix no hay manera de acabar con el programa metafísico de
la alta existencia, del ser verdadero, que parece que es más de lo que somos
pero que es lo llevamos dentro. Y entonces esa inercia inexplicable a la búsqueda
de la plenitud apareció de nuevo. En las cenizas permanece la memoria de volar
entonces.
Y después la voluntad, la ilusión, la esperanza como motor de la vida. Otra vez dando vueltas
sin destino claro en la rueda de un laboratorio; otra vez la necesidad de volar
sin saber de dónde viene ni a cuántos afecta. Y es cuando vuelves a la calle,
escondiendo las alas para no asustar a nadie. Quizás por este camino, quizás
mirando hacia dentro…
Y el dragón dice: "No des un paso más, patético romántico, mira hacia dentro
y perderás el tiempo ¿La esperanza? Ya has esperado suficiente. ¡Vuela.Quema el tiempo
con este fuego que te ofrezco. Arrasa sin temor!".
7/6/19
¿QÚE DICEN TUS OJOS?
¡Ah, pero qué pueden captar los
ojos, lo estrictamente visual, de las emociones que nos recorren por dentro! ¿Será
que los ojos miran sintiendo o que pueden recibir emoción de un vistazo! Si los
ojos hablaran hacia fuera lo que piensa uno de la imagen recibida, la confianza
y honestidad que pedimos en unos ojos sonrientes cuando relucen por necesidad,
no habría desengaños. Pero los ojos no hablan, interpretan. Entonces la
imaginación lo arrasa todo y, en vez de dar un paso hacia la pregunta, volvemos
a casa con la boca cerrada para arreglar el cuento con el análisis de lo que
dicen unos ojos o una sonrisa. Y cuando cierras los ojos al acostarte lo ves
claro. Es el movimiento o seguir suspirando por romances privados sin límite
que no desengañan nunca.
20/5/19
CON MI NOMBRE EN SUS LABIOS.
Sensaciones al pensar que nos vemos y me desea; acariciarle
sería creación en forma de blues, de placer de cuento peligroso. Sin embargo,
es guardar silencio y oír cómo el aire comprimido sale en un suspiro que recojo
¿del alma? Y sentir que pesa cuando se descarga sobre las caricias que me guardo
porque las invento. Se aceleran los latidos al sentir que, desde la ignorancia,
quizá una puerta abierta, un salvoconducto, una trascendencia o una ansiosa liberación,
nos haga cruzar puentes y superar este muro que nos separa. No es sentarse a la
sombra de un árbol para meditar, es acercarse a la lumbre, al sol glorioso
sobre la faz de la tierra y a la sonrisa que acompaña y calma cualquier
tormenta. Y como poco devolver la chispa a esa cara que se presenta
involuntariamente cuando cierro los ojos y que, en la oscuridad, brilla con carísima
potencia porque es breve y se esfuma en una calada. Entonces abro los ojos,
expulso una cortina de humo que se eleva, que va difuminando el camino para
caer de nuevo como un telón mientras al fondo aparece su figura inesperadamente
brillando y sonriendo y viniendo hacia mí con mi nombre en sus labios.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






