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4/4/09

Aquel maravilloso Hombre


Estoy en un desierto meditando, pidiéndole cuentas a un Dios cuando ya no creo, porque nos prometieron demasiado Cielo y ese mensaje caló en nuestras mentes. Hay cosas que un agnóstico no puede borrar pues la educación es muchas veces como el ‘jierro’ candente que marca. Hoy pienso en la figura de ese Jesucristo revolucionario, escucho un par de canciones de una ópera musical y me emociona. Y aunque he barrido de mi mente toda la opresión de la religión, he echado de mi templo a los farsantes mercaderes, a Él todavía lo salvo de mi desmemoria, aunque la razón me diga que sólo es un mito. Sobre esa estructura difuminada, sobre esos restos del creer, se erigieron otros edificios y después de derramar varias veces los pilares opté por un respeto prudente porque es lo único bueno que queda en ese tinglado de mercaderes, de Papas que van contra la salud humana, de generosas donaciones y mercados de las apariciones marianas. Del poder que, en definitiva, maneja a millones de almas. El templo se llenó otra vez de mercaderes y lo único bueno que queda es la idea de Jesús. Existiera o no sigue habiendo buenos pastores y buenos samaritanos entre tanta corrupción. Puede que se haya quedado desvirtuado por siglos y siglos de mensajes evangélicos erróneos, pero esa fantástica lección a los poderes establecidos no se derrumba. Me gusta pensar que el mito de Jesucristo permanecerá inmaculado pues es algo que está al margen de un barco que hace aguas desde hace décadas, de un templo que cada vez está más vacío. Lo que ocurre que sus cimientos gimen de vez en cuando, como lamentos suenan las juntas y hay gente que seguirá pagando las consecuencias. (“El preservativo no soluciona el problema, lo empeora”, dijo Benedicto XVI). Hoy es un día de esos en que me acuerdo que fui cristiano, en el que empiezo a rememorar la maravillosa fábula de un hombre que se enfrentó al poder con un mensaje de amor, pues llega la Semana Santa. Esa fecha señalada en el calendario que es especial por tradición familiar pero que ya no tiene contenido religioso. Veré con escepticismo alguna procesión porque no tengo fe sino admiración folklórica. Haré examen de conciencia porque esta fecha siempre ha sido un horizonte, será que me queda algo de ese sentido de muerte y resurrección, cimientos difuminados de una fe superada. Pero Jesús… ¡Oh, qué maravilloso Hombre, de haber existido!

21/2/09

Yo para ser feliz quiero un camión


Al hombre que hay en este niño que escribe le gustan los bares de carreteras. Cuando era niño mi padre paraba en un área de descanso de la autopista Sevilla- Cádiz que se llama el Cerro del Fantasma o algo así. Bueno, era barra metálica, café, tostadas, los pitidos y luces de las máquinas recreativas, los vaqueros trashumantes que van al norte para llevar mercancías que en España son los sufridos camioneros. Desde Andalucía hasta el norte de Europa haciendo patria sobre el asfalto y diseminando el amor cañí en otras ventas con luces de neones de colores. En el Cerro del Fantasma miraba a esos hombres, totalmente diferentes a mi padre, y olía a sudores entre aromas de bocadillos de carné mechá o bocadillos de puchero. Era admiración lo que sentía cuando contemplaba ese escenario de pequeño y luego mi padre nos regalaba premio que era un cartón de chuches con juego de mesa incluido. Un ambiente de transitoriedad dominaba aquella venta de autopista, porque las historias que allí pasaban eran fugaces, las conversaciones eran puntos de palabras en el largo silencio del camino. Monótono de luces sobre el asfalto gris de la carretera. Lo que aprenderán los camareros de ver pasar gente arriba y abajo con sus historias intermitentes. Después he vuelto de estudiante y esas paradas que para otros eran tediosas a mí me llenaban de orgullo viril porque me veía ya como el hombre que es mi Padre (lo digo con mayúsculas porque se lo merece). Claro que yo iba con estatus de universitario pero me seguían llamando la atención el hombre llano, español medio, vaquero de carretera con los riñones destrozados, que ha estado en Berlín, Bruselas, Brujas, Amsterdam y así un largo etcétera. Aunque sé que prácticamente no pueden visitar las ciudades en las que pernoctan son los Marco Polos del mundo moderno. Probablemente los habré admirado como señoritingo pero ¿y las rutas que me habría hecho como aprendiz de camionero? ¿Y las experiencias que habría vivido? Si me hubieran invitado me habría hecho un Cádiz-Estambul o algo así.

4/12/08

Asquerosos y pacíficos frikies


Terminé otro libro y se acabó la diversión de ‘Miedo y asco en Las Vegas’ de Hunther S. Thomson. Un libro fílmico o un film literario más bien pues esta pequeña obra fue escrita y pensada para el cine orquestada por la mano del director Terry Gilliam. Al margen de la apología de la droga que hace, que no es cosa sana para alabar, tendría que pensar muy bien qué me ha revelado además del rato ameno que me ha hecho pasar con las locuras de Duke y su abogado. ‘Como abogado tuyo te aconsejo que saques las mescalina del maletero del coche’, es la clase de asesoramiento legal apropiado para un freak de las drogas en el reino profesionalizado del placer y el juego, del hampa y del viaje a ninguna parte, que deriva en la búsqueda del ansiado Sueño Americano. Éste viaje se inicia cuando al personaje principal, que es periodista, le encargan un reportaje para una revista deportiva pero este trabajo, que es una obligación, una responsabilidad para su inquieta mente existencialista, pasa pronto a un segundo plano, pues lo importante es la búsqueda del sentido de la vida que surge en la arrebatada acción y depresión que le provocan las diferentes sustancias químicas que lleva como equipaje. Y lo mismo pasará con esta referencia porque no me está gustando que me ponga tan serio y tan formalmente profesional cuando ya hay gente que le pagan para eso. Este libro está hecho para disfrutarlo y echar alguna carcajada con las locuras de un par de maníacos al borde de la destrucción propia, dos pobres locos que navegan en la asquerosa normalidad de los que cumplen con el comportamiento adecuado del sistema. ¡Amigos, Norteamérica es una descarada máquina de gastar dinero, de consumirlo todo y las manos de los educados y corteses trabajadores son simplemente un medio! Poco importa que tras estas fachadas de pulcritud haya psicópatas envilecidos, mentes vegetativas que sufren en la tranquilidad mientras que la maquinaria funcione y el mercado continúe, show must go on. La misma enfermedad del vicio por el juego es un negocio y muchas tripas se tiene que doblegar para atender con una sonrisa al mismísimo demonio, a engendros drogados que apestan, todo debe ir bien, mientras que suelten billetes la cosa funciona. Y hay que mantener la tranquilidad y aguantar insultos y que te den por el culo diariamente, y luego claro nos extraña ver que de vez en cuando uno de esos angelitos reprimidos cojan una metralleta en el país de los vaqueros y la descarguen frustrados en la cola de un Mcdonall. O que, de pronto, cualquier empleado se cargue a su jefe, a sus odiados compañeros de trabajo que lo pisotean porque quieren llegar sobre su cabeza a la meta. Entre esas piezas del ‘engranaje perfecto’, que puede como todo estropearse y que se le fundan los fusibles, están los outsiders, esos personajes que caminan al margen de las convenciones, de las carreras, del progreso, del juego social e incluso de la legalidad. Están los frikies de las consolas de videojuegos para los que es mucho menos frustrante poder cargarse a sus enemigos en la realidad virtual alternativa en que viven, están los frikies de las armas que viven en la época pre secesionista, cuando EEUU estaba dividido en dos y se consideraban inferiores a los negros, a las mujeres y a los animales, y están los frikies de las drogas que buscan la luz, el nirvana, la explotación de la conciencia a través de sustancias transformadoras de ese ser social pacífico. La violencia del salvajismo primitivo del Hombre busca sus cauces para transpirar por los poros, para salir a la superficie, porque el Hombre sabe en su conciencia más profunda que no es una pieza del mecanismo, que sólo es un animal que sufre por su propia naturaleza, sin que tenga que caer en una trampa cazadora, sabe lo que es sufrir sin tener que recibir un disparo o una puñalada. Los hay que sólo buscan su autodestrucción en un grito desesperado de que se los tenga en cuenta, son tan aterradoramente pacíficos que dan miedo y asco en Las Vegas.

20/10/08

La ley de compensación no existe

Llevo unos días con sequía de ideas. Podía haber escrito sobre la felicidad inesperada que sentí el otro día entre tantos nubarrones negros de preocupación por el futuro, cuando me di cuenta de que no me podía quejar, de que soy un tío afortunado. No se por qué pero la sentí y simplemente quise saborear la sensación intensamente, bucear en esa corriente, aprovecharla, pues pocas veces se puede uno sentir así ante tanta falta. Pero no sé, dicen que las grandes cosas salen de dentro con los pesares, la melancolía, la soledad que entristece, y a lo mejor por eso he disfrutado de un paréntesis sin la necesidad de explorar mis emociones y plasmarlas aquí. Las cosas estaban bien como estaban a pesar de todo. Hoy se me ha ocurrido escribir sobre lo que llamaba Ley de compensación universal o, mejor dicho, el descubrimiento de que esa ley en la que creía profundamente no existe. La Ley de compensación universal (LCU) es aquella por la cual si algo te falta o se pierde se es compensado de alguna manera en el camino. Se me ocurren ejemplos como el de que es feo pero en su lugar ha desarrollado cierta inteligencia y el contrario, por el que se dice que todas las rubias guapas son tontas. O cuando uno no es afortunado en el juego pero le van bien los amores y viceversa. También solía aplicarla cuando perdía algo de valor pero lo recuperaba encontrándome algo en otro lugar (cosa que increíblemente sucedía). Durante mucho tiempo he creído que la LCU funcionaba y que equilibraba las cosas de la vida, era como una fuerza del destino que actuaba para que triunfara la justicia, pero como digo me di cuenta de que no existe. Es más, de que sólo era un sucedáneo que tenía sentido para sustituir la fe en Dios que profesaba antes de mi crisis espiritual (porque lo reconozco yo era de los que rezaban para pedir cosas) Fe que se evaporó totalmente pero que, claro, como había sido tan intensa muchos de los mecanismos que articulaba fueron sustituidos por la creencia en leyes de funcionamiento, para amortiguar el daño que podía haberme causado darme cuenta de que todo funciona realmente conforme al azar. Es lo que tiene el haber sido educado en una familia católica, según los principios de esta religión, que cuando uno crece y se entera de que, por ejemplo, se condena a los homosexuales, se prohíbe el condón, se menosprecia a las mujeres, se apoyan a dictadores y fascistas, que Dios no ayuda a los pobres ni a los buenos, pues uno tiene una crisis y deja de creer, pero permanecen esas estructuras ocultas y uno tiende a sustituirlas para explicarse cómo funciona el mundo y no quedar noqueado por un gran engaño...Pero vamos, esto va pasando y aún creo en algunas fuerzas sobrenaturales porque no quiero llegar a pensar que el Hombre es simplemente un animal inteligente.