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19/3/09

¡No lo lean! Puede quitarle las ganas


En otro nivel se encuentra el Hombre cuando la Economía no acompaña al pueblo, cuando los planes de futuro se encuentran bajo mínimos. Los padres hablan de la educación de sus hijos en los autobuses con voz temblorosa, y no se puede decir que sea por el empedrado de la calzada y la vibración metálica del transporte. Es la falta de oportunidades lo que resta seguridad a sus voces. No saber a dónde vamos a parar complica la preocupación habitual por el progreso de los jóvenes ¿Cómo se les puede convencer para que luchen? ¿Con qué autoridad le prometen que serán recompensados los sueños con sus esfuerzos? A la cúspide del progreso llegaron los Ladrones, llegaron a un piso cien en la cima de un rascacielos de la milla más poderosa del mundo, Wall Street, Manhattan. Tanto vales como a puntos distantes puedas alcanzar, como volumen de beneficios puedas endosar en las cajas A, B y C, que están en Delaware, Maldivas, Moscú, Shangay o NYC. A ellos les debemos el dinero porque dejaron fluir la avaricia que llena los bolsillos de cien magnates. Y no hay vidas ejemplares como no te conformes con mirar a tu propio padre. Otras lecciones de la vida pasan a primer plano porque todo es que no pierdan el rumbo los jóvenes y se conviertan en monstruos asesinos, que tienen más minutos en televisión actualmente que cualquier hombre honrado. Sólo se puede esperar a que la línea de inmoralidad pública termine con ese valle descendente y suban los quehaceres de los emprendedores para redimirnos de tanto desvarío. Podemos esperar mejores tiempos en un estado de glugluglu, tirados sobre una alfombra, gimiendo por la estabilidad de los mercados corrientes. Extendida la incertidumbre por doquier ya se pueden repartir responsabilidades del paro o de lo extraño que todo parece cuando no sólo cuenta el sudor de tu frente. Pero mientras tanto que el sistema mal funcione solo hay un objetivo primordial, alcanzar la superficie, remediar el terrible fracaso de la fórmula del crecimiento que inventaron otros. El joven corriente pensaría que aquí no hay nada que hacer y que lo mejor sería coger una mochila, meter tres pares de calcetines, cinco calzoncillos sufridos, tres camisetas y unos vaqueros. Meterse en una red de esas que parten el territorio en cientos de caminos y entregarse a la terrorífica aventura de buscarse la vida como lo hicieron millones de humanos en siglos pasados. Seguir la estela de rostros de hombres valientes que permanecerán desconocidos por siempre, que formaban ya parte del polvo pero que hicieron su historia sin pasar a la Historia de cualquier país. Y lo tendrán crudo porque no serán jóvenes abogados, ni brokers, porque todo lo que ganen será para alimentar bestias mecánicas en autopistas de países ricos por donde fluya las corrientes del Capital, asquerosa corrupción la especulación. Antiguamente el Hombre se podía negar a ser una pieza más del engranaje, se podía negar a la alienación que producía un movimiento mecánico, pero hoy no sirve porque fueron vencidas las ideologías. Nos han enganchado con necesidades tecnológicas, nos han robado la libertad con un contrato de esclavitud a treinta años llamado hipoteca. El muchacho puede iniciar cualquier viaje de ésos pensando que va a descubrir la fórmula del progreso o el camino para construirse un personaje social influyente por el que le tratarán como a un dios de esta era. Y en el camino descubrirá que no le dejarán inventar un nuevo mundo. Pero ojo, que sigan intentándolo, que nadie le quite las ganas descubriéndoles el pastel…

25/10/08

Revelación

Revelación, si, jeje, esta mañana he tenido una revelación. Siempre me he puesto como objeto de estudio, me he diseccionado, como si fuera lo más importante en este mundo, el análisis lo he hecho hacia adentro cuando tenía que haberle prestado atención al exterior, joder, que para eso soy periodista. Sí, tendría que haber analizado lo externo, el mundo, lo que me rodea. Qué cronista si no podría ser ¿de mis estados emocionales? Quizá a nadie le interese esto, tengo que aceptarlo, lo acepto y emprendo propósito de enmienda. Aunque en mi descargo tengo que alegar que algunas veces he plasmado lo que veía, he reproducido algunas imágenes más bien, pero intentando desarrollar mi sentido poético. Quizá hacha hecho poca crítica social porque fundamentalmente el mundo que veo ni siquiera me gusta, si me gustara tendría algún interés en cambiar las cosas. Qué digo cambiar, cuando menos protestar por algo, por el simple hecho de protestar, como la manifestación de estudiantes de la semana pasada. La convocatoria no fue muy escandalosa, pero había efectivos policiales como si de la salida a la calle de un ministro se tratara. Tuvieron la mala suerte de tener un día de lluvia, salieron a protestar, chillaron un poco y recogieron sus pancartas. No me dio la impresión de que durara mucho. El motivo de la convocatoria son los planes del Ministerio de Educación para endurecer la selectividad y razón no les falta, cada vez va a haber menos incentivos para estudiar una carrera. Si lo ponen más difícil se lo van a pensar, con lo difícil que está ahora la cosa. Todavía resuenan los ecos de quien protestaba porque habían rebajado el nivel de la educación secundaria. Me acuerdo, de todas formas, que hace unos años estudiar una carrera era garantía para el futuro, la máxima aspiración de un joven, tanto que incluso había quien pedía créditos para poder acceder a los estudios superiores (esos créditos que hoy en día también le será más difíciles de conseguir) Ahora se ha invertido la tendencia y se ha revalorizado la formación profesional. De todas formas está bien que salgan a protestar que a lo mejor así se quitan de encima la actitud pasiva. Lo entiendo y lo apoyo, no seré como aquel anciano que comentaba en el autobús que los jóvenes cada vez quieren hacer menos: ‘¿Qué es lo que quieren? ¿Porros?' decía a viva voz el venerable octogenario…