26/5/11

Oscuro

Hablan de un ser oscuro pero es la sombra que todos llevamos, ocurre que frecuentemente nos asusta, parece desmesurado, con el aislamiento a veces sobrevalorado y luego parece corriente cuando se comparte espontáneamente. Ocurre que los cuentos, filosofías, religiones nos parten en dos pedazos, bien y mal cada uno por un lado, irremediablemente castigados cuando uno se balancea hacia las zonas prohibidas, no reconocemos esos monstruos cuan todos tenemos algo de tiranos, yonkies, putas, piratas y otros personajes que nos pueden tocar vivir inesperadamente a ratos de debilidad, e irremediablemente somos agobiados porque el ángel se nos escapa a cada momento que el buen juicio se nos descuida, y después sufrimos agobiado con la vista puesta en la pureza que se nos aleja…

6/5/11

Escape

Escapar de los vientos preciosos que zarandean filamentos nacidos de la preservación
Los duros enlaces costosos de olvidar porque diariamente se encrespan inesperadamente
Si no es el sol son las hojas las que despiertan la conjura de la vida sobre la emoción, explotarían los gozos si no fuera por la razón que impulsan los sabios calladamente.
Nacida una visión desde la grandeza por la gloria de una brillante imaginación
Fueron los momentos espesamente verídicos los que fundieron el plomo de la elevación.

Diametralmente opuestos son los iconos que se erigen en modelos, en guías suficientes,
Demuestran las cortinas que hay que rasgar para ver la meridiana realidad
Y el descubrimiento de un nuevo mundo llega como una losa, no como la redondez, el círculo perfecto que nos habían dibujado, demuestran más bien los principios al límite,
Los precipicios que generan código rojo, por muchos arcoiris que brillen en lontananza
Por allí no has de pasar, pirata, demuestra tu ahínco resistiendo la inercia de la cordura

24/12/10

Volveré con cosas más sencillas

Son enormes las cuestiones que abordé cuando, es verdad, casi no podía reunir unas cuantas palabras sin irme por las nubes, generalizaciones, conceptos abstractos, intentos de racionalizar. Entré con todo el engranaje del auto control tirándome de los pies y se me desbordaron los ríos de la impaciencia porque hurgaba en el mismísimo infierno. Entendí que tenía que relajarme, que me había pasado de escrito-terapia. No buscar más, no cambiar nada, soy así… solo quiero jugar. Superficie, imágenes, ventanas a la intimidad de la gente, orgullo. Milenio, centuria, la rabia de una generación inflada a imágenes, superhéroes, dioses y diosas, ciudades prodigiosas, vuelos de bondades entre generosos espectáculos de sangre y fuego, quedaron relegados por un aterrizaje forzoso en la más pura y cristalina realidad…

7/6/10

Los golfos inquietos


El calentón sobre el asfalto se acumula en las esquinas de los edificios, allí donde se derraman historias calientes sobre una alfombra de restos de cervezas y pipas, los golfos aburridos se agarran del paquete para elevarse sobre el desierto urbano. Y hay veces que consiguen encaramarlos en un pedestal, como para demostrar de que es mejor humedecerse que pasar tanta sequía por no tener cojones de salir de la rutina. Si se aburren pueden construir una erección y sentirse carne caliente, en un escenario devastado, pero ejerciendo su mando con el morbo de las sombras que espían a sus espaldas. ¿Quién se va a enterar? Hay recodos suficientes entre setos y ladrillos, escalones sombríos escondidos de los cotilleos de las vecinas, porque sus hogares y sus camas están repletos de familias desunidas dándose voces a la espera del cocido. A los golfos inquietos les quedan las veredas ocultas para escapar, la intimidad entre naranjos y bloques de cemento, sí, pero con la cabeza hirviendo y el cuerpo pidiendo una sacudida secretísima tienen el poder de enriquecer su territorio. Pueden así transformar su rabia en vigor, hacer especial su elevación sobre el aburrimiento porque al menos una puerta se abrirá si se dejan llevar por una ola de pasión urbana. Cerrando los ojos en una cavidad templada y húmeda incluso podrán imaginar que rompieron las reglas de la compostura antes de llegar a casa. Cuando el mundo aprieta pueden joderse cuantos sueños románticos queden apoyado en simple pared de hormigón. No hace falta más que un metro cuadro caliente para liberarse…

Las pasiones escondidas durante el monótono transcurso de las horas del calor explotarán como petardos silenciosos, las tentaciónes se materializarán en cualquier vulgar rincón, donde saben que podrán ser elevados por una sucia corriente de placer clandestino. Así deambulan por el barrio como vecinos aburridos, dando viajes para comprar tabaco, refrescos con burbujas y bolsas de pipas, sacando a la calle su potente horno sin que nadie lo sospeche. Las miradas bajas, como si también pudieran notarse sucias, recorren las aceras y la fantasía les lleva a formarse la esperanza de que recuperarán ese algo especial que les hacían ser intrépidos. Un sol sahariano calienta el asfalto y parece imposible que pueda haber animal humano merodeando en el barrio, pero un ángel se fríe entre sus alas porque hierve el deseo...

23/5/10

Hacia la luz caliente


Como un hombre lobo me debatía por manejar las metamorfosis estacionales pero me relajé cuando volví a superar el obstáculo de la eclosión de otra primavera abriendo las compuertas, dejando que las riadas arrastraran mi cuerpo hacia la resurrección de los sentidos. Casi dejé de escribir cuando sentí los rayos de sol calientes cayéndome sobre el cogote, masajeando ese cuello que lo soporta todo con esas manos invisibles. Ya me sentí paralizado en una esquina antes de volver a casa porque la disposición a diluirme en saliva cobró fuerza tirando de mí hacia el espacio abierto, a la bobalicona contemplación de la luz radiante en los azulejos, en las copas de los árboles, en las superficies de los cuerpos que se descubren sobre el césped. No es época para esperar revelaciones, sino para eructar después de un refresco, chupar el brazo de alguien después de lamer el tuyo porque se derriten los helados y una gota de nata dibuja la dirección que deben tomar las cosas. Te liberas de todo porque estás sintiendo un calorcito ahí debajo que borra todo pasado bucólico, rebelde, huidizo, resignado, indiferente, cansado, enérgico descontrolado, romántico tuberculoso. Ni siquiera hay que romper el silencio sino acariciarlo. Echarle cojones para volver a exponer la blanca piel lechosa a los dorados quemadores de una ciudad sartén. Con el corazón encogido en un puño poner un pie en la órbita con ganas de una fiesta sorpresa. Tan merecida que, no sabes cómo, una mano escapará de la tranquilidad forzada rasgando la tela de araña que te atrapaba y brotarán las sonrisas que iluminan miradas. En uno de estos aleteos presumo que forzaré una breve huída, gracias al deseo de apertura sin medida, perseguiré el celo colectivo que despierta cuando luce la calle dorada y precisamente entonces revivirán los sueños tronando en fanfarrias, anunciando que están dispuestos a encarar el estío. De nuevo, desde una baliza perdida romperé el silencio del espacio profundo que acabará con las solitarias noches de correoso anhelo. Cuando me baje los pantalones el faro alejandrino volverá a alumbrar el horizonte, las estelas plateadas que recorren el mar saltarán sobre las olas encrespadas para llegar a la orilla y no pararé hasta poder construir un reloj de arena que se cuele por tu ombligo…

23/4/10

Mas allá del diez por ciento


La obra que tenía entre manos le había salido abstracta, el concepto estaba predefinido pero no acababan los retoques. Muy lentamente había moldeado los detalles perdiendo la noción del tiempo y se alejó para mantener la perspectiva. Le gustaría que dijesen que esto lo hizo con sus manos y con sus ganas de convencer de que había que elegir por amor. Lo mismo que ahora le gustaría arrancar las telarañas que pueblan sus rincones, pegar patadas a las puertas que le cierran el paso, desbrozar los rastrojos que no le permiten ver. Con un chasquido de dedos hacer el silencio, gritar, modular la voz, mover la cadera y dar vueltas sobre sí mismo para recoger la atención en unos segundos de descarga musical. El amor es la divinidad, por buscarlo se ha perdido miles de veces y miles de veces se equivocó, pero ahora toca la vida y el amor le ayudará a sobrevivir…

Y quizá otro salto al vacío porque quiere conducirse a la estela de los meteoros, alcanzar la velocidad luz para llegar a Tatooine o, por lo menos, cruzar la línea de meta como hacen los demás coches de las escuderías. Por un segundo de vibración cósmica simultánea con la antimateria haría una promesa de entrega de amor in-e-du-li-ble a quien encuentre. No le importará su nombre. Formaría arte y parte de aquellas redes tan denostadas, inflaría globos de helio a pulmón abierto para cantar una sonata de amor con voz de pito. Arreglaría sus cajones para romper el sortilegio de los recuerdos, bajaría cachos de cielo para que los disfrutaran con él en la tierra y no al final del camino. Haría trompos con sus beneficios para que salpicara la fortuna a los desfavorecidos. Permitiría que usaran sus artilugios de cazador para caer en la trampa del amor y ser seducido, utilizado, corrompido. Quiere perder su espacio exclusivo, comprometerse a pesar de que tenga en la cabeza la palabra ‘no’. Ese cubo de agua fría que salta como un resorte, como un payaso-muelle encerrado en una caja, cambiará ese impulso por un saltito de visita sorpresa a los amigos. Llevarles un presente para borrar felices momentos del pasado y hacerlos 'hoy y ahora'. Hará mohines de broma sólo por conseguir abrazos, pellizcos en los cachetes y dulces suspiros. Quizás le perdonen por qué decidió encerrarse en su diez por ciento…

17/4/10

Mas allá de la epidermis


Encontrar un día de gloria en uno de aquellos paseos, que se presumían aburridos sino fuera por el gozo de la proverbial naturaleza, era la razón de su persistencia, de su fidelidad a los pasos perdidos por Sierpes. Un día de gloria, sí, en el que algo nuevo le fuera dado, bajando entre las nubes como Fátima o apareciendo de improviso al doblar una esquina con la lengua fuera. Sobretodo una luz al final del túnel, un desliarse la melena, un chispazo entre las témporas, un momento para recordar siempre y más allá, como la materialización de un ángel custodio que concediese un deseo de entre las decenas de deseos proclamados. Lo sabría poco después de que pasara porque, quizás, en aquel momento mismo sería detonante de acción, pleno disfrute, entrega sublime, rayo inesperado…

Volver a abrir el camino del encuentro sentimental, en eso pensaba, pero había que empezar por mirar y ver personas y no ‘gente’, masa informe. Desde la distancia sabía que seleccionaba según el valor superficial de la imagen porque eso era un vicio que había asumido como una arista difícil de limar. Una vez más, sí, escuchaba que la verdadera belleza estaba dentro de las personas, como si no supiera que lo dicta la razón. Pero en un mundo caprichoso, hedonista, que tiende al disfrute de los placeres instantáneos de la imagen cómo iba a ser él más auténtico que nadie. Suponía que cuando llegara el momento del roce continuo tendría en cuenta otras características, cuando tuviese los elementos íntimos suficientes de la persona para valorarlos. En cercanía y sin taimadas costumbres sociales, tomaría partido por lo imperecedero. Pensaba en prometérselo. Claro que saliendo a la calle sin cita definida, sin antecedentes que fueran obstáculos para la generación de confianza, cómo podía detectar los méritos que llevan las personas tras el telón de su imagen particular, detrás de la máscara y la pose que frecuenta. No es de extrañar pues que en un paseo lo que le lleguen son bellezas externas, pero la excusa la tiene gravada en la mente: si se queda en la superficie es porque le cuesta entablar conversaciones con los desconocidos, a pecho descubierto.

La cosa empezó a joderse cuando le pareció sublime el cánon de Praxíteles, el discóbolo de Mirón, el David de Miguel Ángel. Qué más quisiera él tener un detector de almas bondadosas, que más quisiera ir más allá de la adoración a las líneas, donde pudiera surgir un momento chisposo de conexión por una invasión involuntaria de los ultracuerpos. Como deseaba el nacimiento de una línea continua para llevarse lo verdadero interior de cada persona con la que se cruzaba, como una hiedra que venciera el muro de sus resistencias y temores. Sería fácil si se encontrara con una persona totalmente desinhibida, segura de sí misma o si fuera por la calle pidiendo encuentros sosegados para tener tiempo de ver de verdad, para poder ver dentro. Lo espontáneo de la belleza le parecía una locura y parecía que debía haber siempre una excusa, un motivo, para tener la oportunidad de mirar más allá de la epidermis…