5/8/16

LA VICTORIA DE TU DULCE TERNURA

Precioso cuerpo, cada detalle es bonito’.- pensaba mientras te admiraba y me preguntaba como sería recorrer con la lengua cada uno de tus rincones cuando me lancé loco por tus suspiros. Inicié un largo camino húmedo. Jugué con los caracolillos de tu pubis, tan aterradoramente atractivos, y después seguí lamiendo dejando un viscoso río de saliva que se mezcló con sudor y sabor a gel barato de motel. La música nos envolvía en un blues melancólico y el ambiente se había tornado plateado, pues los rayos de una luna llena sonriente se filtraban por una persiana incompleta. Nuestros sentidos concentrados en cada acercamiento, en cada caricia, en cada roce de nuestros labios. Descubríamos nuevas sensaciones de placer mientras nos dibujábamos en la piel con los pinceles de miles de filamentos rugosos. Cada fibra nerviosa pendiente de la sensación de humedad tibia y la descarga electrizante que brotaba donde caprichosamente decidíamos lamernos. Y descarga tras descarga el éxtasis. Bajo el hechizo de la luna se nos desató un hambre salvaje de saborear cada pliegue profundo, húmedo y tibio, de nuestro sexo. Sentí que era lo que siempre había deseado, que un bello cuerpo de perfil plateado me tocara la fibra sensible más secreta.Y recorriendo un camino de explosiones químicas nos fundimos intensamente en un movimiento acompasado. Sintiendo la serenidad de un deseo concedido eran deliciosos los actos silenciosos que me hacían recuperar la fe en el deseo humano. Aunque tú me susurrabas al oído palabras de aliento, palabras que sonaban a reflejos de luz dorada en la laguna de mis sentimientos. Palabras que deseaba creer. Fue tu dulce ternura presente en cada roce la que expulsó la luz azulada de la desconfianza lejos de nosotros. En aquella burbuja en la que me envolviste con tu seducción no importaba nada que estuviera fuera de sus límites. Tampoco dentro había dónde, cuándo, ni por qué. Y en esa revelación, con una sencillez pasmosa, tuve conciencia de que estaba viviendo un presente de felicidad radiante que nunca olvidaría. 




29/7/16

EN UN MUNDO CONVULSO

No hay nada más especial que lo íntimo, no hay terreno donde sea más absurdo parecer un buen chico, porque no caben prejuicios ni juicio moral. Es supervivencia dentro del deseo profundo, es expresión con las tripas y al que no le guste que mire para otro lado, que juegue para su distracción con los recargados ornamentos del espectáculo mundial del Ser Humano. Ya no hay búsqueda de romances ideales, no se ven las cimas que debían ser coronadas por el éxito entre tanta bruma. La carne ha vencido pero la carne es bella. No era cuestión de voluntad no haberse agarrado a alguien sino de que cuando el mundo daba señales de su colapso, a muchos nos cogió arreglando los cajones, debatiendo fundaciones de nuevos proyectos, situándonos en una realidad que parecía menos poética. Supimos que algo raro pasaba cuando pequeñas erupciones de lava comenzaron a brotar en nuestros corazones porque pensamos que era el fin del mundo. Las bóvedas de las celdas se ondulaban con los colosales movimientos de la fuerza vital largo tiempo atesorada. Saltaban esquirlas de los recovecos del templo. Se formaban ondas en lagos subterráneos que habían estado por mucho tiempo en calma. Como yo, que de la rígida roca me desprendí y me entregué al imprevisible viento. Y preguntándome cómo aprovechar aquella fuerza centrífuga en favor de mi íntima revolución, decidí ponerme a caminar sin más. Una riada de palabras no podía explicar tan valeroso impulso ni la incertidumbre que se cernía sobre mis pasos. Deseaba como siempre, en las calendas en las que se nos despierta el alma, abrazar con fuerza a alguien mientras el mundo cedía a nuevas convulsiones, pero ya lo deseaba caminando, posando los ojos en cada hechizo, como si pudiera ocurrir que cayera seducido en cualquier paso perdido.


11/7/16

EL BLUES DE LA CAVERNA

Si en verano me agobio me adentro en una enorme y fresca cueva de afiladas estalactitas y estalagmitas iluminadas por luces amarillas y azules, bello escenario para desahogarme del grito que llevo dentro. Allí, donde el tiempo pasa volando, suelo dedicarme una melodía psicodélica liberadora que sacude mi alma. Mi cueva es una catedral que la naturaleza formó en mi conciencia durante años de búsqueda, donde es alucinante que todo sonido que se produzca se repita en el espacio con un eco de toque celestial. En la cueva estoy solo pero me acompaña una guitarra eléctrica que abrazo fuertemente. Escucho su melodía en mi mente cuando toco, es mi vía de escape y siempre tiene un blues para consolarme que me eleva a caballos de su vibración metálica. Una reverberación que trasciende desde mi piel erizada hasta el último rincón de mí ser sacudiéndome con energía para reanimarme. Es hermoso que las paredes rocosas me devuelvan los ecos sublimes que me hace temblar de emoción y que me despierten deseos de ti. Ecos que van desintegrando mi armadura y que me devuelven la sensibilidad a la piel. Es sorprendente que al recibir amplificada y repetida mi interpretación, de una canción que suelo susurrar entre luces y sombras, todo mi ser vuelva a expresar deseos de amar y propósitos de alcanzar el cielo con nuestras manos. Agarro mi guitarra por el mástil y toco un agudo y ascendente blues cuando esta cueva se empequeñece porque dudo y temo. Entonces interpreto una melodía que expande mi conciencia, que me hace flotar para poder respirar oxígeno azulado más allá de todo límite. Y entonces de mis entrañas emerge una descarga de sonido electrónico que me alimenta de potencia y esperanza, que transforma mi búsqueda en leyenda sonora. La música en mi mente ha sido mi salvación pues con su ayuda sobreviví a tormentas secas y a rayos fulminantes, a amaneceres sedientos en los que me abrazaba buscando tu cuerpo. Trasciendo de mi refugio cuando el eco sanador alcanza cada rincón de mi cueva, los acordes son caricias que me elevan al éxtasis y a la resurrección al son de un riff desgarradoramente emocionante. Y cuando la melodía crece, hasta una cima en la que sólo se puede descender, me libero y me convierto en un albatros electrificado que remonta el vuelo hacia tí o en una chispa que prende en un polvorín o en un hilo de cobre que transmite tibios deseos a los confines de la Tierra.


7/7/16

JUNTOS POR CIMAS Y VALLES

'La emoción de la adrenalina a tope parece que no se puede mantener durante mucho tiempo y por el peso que siento al comprenderlo he apoyado la cabeza exhausta en el quicio de la puerta metálica. Observo el fluir de la línea sobre el asfalto, que es discontinua pero parece continua. En los laterales los tonos de colores tierra se suceden. Me impacta la visión de un animal aplastado en la cuneta, muerte súbita, pero miro las nubes del cielo para encontrar consuelo. El paisaje avanza como velos rozando mi cara y me abandono a la naturaleza fugaz porque tú llevas el control del coche y del camino. En silencio el desierto parece infinito. Una franja roja se va disolviendo en el horizonte. La tierra se torna naranja y es porque el sol decae como decae la fuerza de un impulso. Pronto tendremos que parar porque queremos dormir al cielo raso para contemplar las estrellas y contar las que caigan del cielo. Era una de los deseos que tenía antes de comenzar el viaje y sería una buena oportunidad para retomar la emoción de estar juntos, para retomar la energía común que nos dispara. No será difícil, la ilusión por el cambio de rumbo en mi vida me sostiene además de esta atracción loca que me ha unido a ti, aunque ahora pareces serio y distante ¿O era yo quien me había distanciado? Igual tendremos que pasar juntos por cimas y valles durante este maravilloso camino. Empiezo a espabilarme. Me aproximo de nuevo a ti porque, cuando nos detengamos a descansar, lo mejor es que ya estemos conectados y dispuestos a compartir un lecho de dulzura bajo el cielo plagado de estrellas. Toda una experiencia que sería delito vivirla distanciados…'




(Extraído de mi relato 'Viajes con Kerouac en la mente')

21/6/16

EL PODER DE LA MAREA EN TU PIEL

Recuerdo que lo primero que hice la primera mañana en la ciudad fue acercarme al mar como una tabla de salvación. Sentí una profunda punzada de orgullo al pensar que había atravesado el Atlántico para tocar la orilla del Pacífico. Recuerdo cómo me atrajo como un imán la primera línea del mar hasta que me quedé absorto con el movimiento de las olas, hipnotizado por el agua que avanzaba y retrocedía sobre la prensada y oscura arena. El placer recorrió mi cuerpo admirando aquellas estelas cristalinas como espejos, que serpenteaban siempre dentro de un límite sinuoso y sereno, muy diferente a la bravura de la inmensidad del mar. Una lengua de agua salada bendiciendo a la ciudad que le daba frescura y que te movía el alma. Agua clara, agua verde o azul frente el gris del cemento. Aquella vista era una burbuja de susurros que sonaba como un suave paraíso, sólo roto por el rumor de las olas lamiendo la orilla y por las voces de las gaviotas marcando el compás en cada descenso. Era magnético verlas rasgar el espejo de la superficie del mar para atrapar peces al vuelo, quién pudiera. Luego estaban aquellas lanchas y motos acuáticas que eran un poco el despertar de la ensoñación, porque rompían el tranquilo rumor del oleaje con los sonidos de los motores y la impaciencia de los turistas. Como la campana y el chirriar del cableado que me devolvieron al instante real, enmarcando los recuerdos en el acelerado presente de los tranvías recorriendo la ruta de superficie. Un presente reconfortante por la esperanza de comenzar, de nuevo, una historia de cuerpos entrelazados y sábanas revueltas en la cama. Y yo pensando en el poder de la marea en tu piel. ¿Me conduciría el roce electrizante del despertar a un romance apasionado? ¿Sería posible a partir de una noche de verano? Cerraba los ojos e imaginaba tu piel pegada a la mía y pasaba por mi cabeza todo lo que había recorrido para llegar hasta ti: un océano inmenso de planes y promesas. No sabía muy bien si anestesiar los recuerdos de aguas turbulentas del pasado, si eso sería un aliciente para que el presente me sorprendiera saboreando la sal en la piel suave de tus despertares, pero estaba seguro de querer zambullirme y dejarme arrastrar como una gaviota hambrienta en tu profundo mar.


10/6/16

UN TESORO POR EL QUE MEREZCA LA PENA SUDAR

Me suena bien cuando me pides profundidad y yo lo deseo. Un tesoro por el que merece la pena sudar. Mira si lo deseo que me pienso dentro de ti, calentito, recogido entre unas piernas que me abrazan fuerte. Pero te siento temblar cuando me propongo ¿Te doy miedo? Si te asusta guardo mi impaciencia, bajo la candela, desinflo expectativas por un acuerdo de unión intensa cuando nuestros cuerpos necesiten estremecerse. Mejor acariciarnos y buscar el reflejo del morbo a través de unas manos curiosas antes que comerse la cabeza. Si me temes salta al vacío porque juega en nuestra contra la falta de tiempo entre tanta cordura y obligación. Yo también dudo pero creo que estaré llamando a tu puerta cuando la pasión te venza y suba por tu piel iluminando en tu cabeza mi nombre. Si el ansia de salir de nosotros y respirar fuego de dragones nos precipita, buscaremos el éxtasis en un territorio que nos alivie de presión. Evadiéndonos quizá resucitemos como cohetes disparados cuando gire la luz roja. Y si de verdad me deseas estaré sobre ti, descargando todo el plomo en una explosión nuclear que nos revolucione desnudos, que reinicie nuestro sistema cuando el amanecer se deslice entre nubes de radiación. De latidos y gemidos se nos irá la cabeza al cielo y caerán de nuestra piel todos los escombros. Expulsaremos sudando todas las toxinas a caballo del orgasmo, destruiremos en esa hoguera las pelusas que nos salen de aguantar tanta formalidad. Si fuera el final de los días los pensamientos de un mañana sólo servirían para desplazarnos de la conmoción, de las delicias del placer que no encuentra límites en el presente. Mientras tanto, cuando caigas en esa melancolía tuya de aplazamientos conviértela en blues pero no hagas canciones solitarias con mi deseo, no conviertas en melodía los caprichos y las indecisiones… quizás sea mejor que sudemos cuando merezca la pena el deseo. 


2/6/16

COLGADO

Con mucha pasión contigo, como si estuviera colgado de resortes musicales mis brazos pidiendo tu cercanía y tú armando contrabajos en tus caderas que se mueven alegres hacia mí. Flashes de sonrisas y curvas en cada uno de tus pasos que provocan ondas en mi entrepierna. Eres la puta fábrica de amor prefabricado a mi medida, quien me deslía de los pensamientos desmadejados. Eres una valkiria que altera mi espejo profundo, que me despoja con gallardía de locuras y temores. Cuando respiras sobre mí acudo sin pensar a recoger tu aliento, sabiendo que con tu cuerpo suave y rotundo me volverás a hipnotizar en tu desnudez. Me quedo colgado con las vibraciones de tu carne, con las simples vibraciones de tu carne deliciosa al caminar para abrir cortinas y ventana y así recibir el sonido y el frescor del mundo en nuestra piel desnuda. 

Óleo de Jacques Sultana