miércoles, 15 de mayo de 2013

Quince de Mayo (15-M)


La política da asco, la economía también y ahora, me cago en la ostia, la justicia porque acabamos de descubrir que no es igual para todos. Quien lea esto quizá piense mal sino se aclara que no soy un loco ‘outsider’, ni un antisistema, ni un radical. Pensará mal si se saca fuera de contexto, si no se aclara que estas palabras fueron escritas en España a quince de mayo del 2013. Acotándolo no cabe duda de que es el sentir general de la mayoría de los ciudadanos, pero no hay que alarmarse nosotros somos pacíficos, recibimos los golpes sumisamente. Nos están aplicando la ‘doctrina del shock’ ¿Cuánto despropósito tiene que respirarse en el ambiente para que una persona tranquila llegue a sentirse indignada?¿Cuánto hace falta para dar definitivamente un paso adelante y decir basta? Parece que nos dirigen en la senda de analizar cosas más abstractas, imperecederas, a una observación que se aleje de la coyuntura. Puede ser que les interese más, puede que la crítica se diluya en redes sociales amplias, deshumanizadas. Así queda constancia de la protesta pero no hay presión, no se pisa la calle. Se pone uno a analizarse cuestiones abstractas del comportamiento que arrastramos de largo recorrido de experiencia social, pero también nos podemos distraer con las superlativas como las filosóficas, como el sentido de la vida, la felicidad, el amor y la muerte, y particularmente dejas de pensar en tu vida (futuro) Quizás sean incógnitas tan irresolubles que nos hagan caer en un nuevo nihilismo pues son debates de por vida, que si se generalizan generalmente te arrastran a un estado de ánimo de tono insatisfactorio. Añadiéndole los problemas más terrenales existe el peligro de que se pueda llegar a un grado superlativo de desazón. Muchas veces no se da para más y la observación detenida de la gente parece indicar que muchos lo que quieren es pasear tranquilos, quizá porque puede que la compañía haga mucho para despejar la mente. El vagar solitario del pensamiento, sin embargo, puede elevarte a dichas abstracciones pero parece que tampoco ayuda a diluir la indignación, por eso no hay nada como mayo para recordar que es necesario pasar a la acción y decir basta…

viernes, 10 de mayo de 2013

El reptil


El joven corre tras una lagartija, se cruza una imagen por su cabeza pero la borra porque no quiere ver cómo la meterá en el tarro de cristal, todavía no. Todos los chicos cazan bichos. A él los insectos le dan asco pero las lagartijas, salamandras, sapos y ranas le gustan mucho. Todo lo que no sea crujiente y pequeño como para meterse por un oído. El bicho verde comete un error y sube por una encalada pared como para exhibir la belleza de su pequeña silueta. Disfruta de sus últimos momentos de libertad porque después se tendrá que acostumbrar a una cúpula de cristal y dos ojos almendrados gigantes que analizarán todos sus relieves, esas dos sombras amenazadoras que le atemorizarán con una perturbadora curiosidad. Por la noche coge a la salamandra y la saca del bote de mermelada para enseñarle las estrellas que se ven en la entrada de su casa. Un muro de vegetación frondosa lo separa del lago, donde las ranas croan sin cesar. En la escalera de madera del portal se sienta con el dinosaurio enano de tacto rugoso que, culebreante, intenta safarse del hilo que le ha atado a una pata para que no sea un fugitivo fulgor verde de la memoria. Aunque examina la maravilla de reptil que tiene como prisionero no puede adivinar la angustia que siente el animal al no poder ir más allá de su esfuerzo ímprobo, cuando antes no tenía límite, pero el chico comienza a descubrir que a todos nos tienen un poco cogidos por un cordel metafórico a las noches plateadas. Y si no qué eran ésas insistentes miradas al espacio profundo que sentía inalcanzable, qué eran esas ganas de volar...

lunes, 6 de mayo de 2013

Pasarratos


Pasarratos, así se llamaban las bolsas de frutos secos que devorábamos para calmar la ansiedad y darle un empujoncito al tiempo para que no se notasen tanto los pensamientos. Escribir como pasarratos es más complicado aunque tiene también sus beneficios. Te puedes encontrar con garbanzos duros que te hacen rechinar los dientes o con cualquier cosa amarga, pues con esto de la escritura pasa igual. Al fin al cabo la cuestión es hacer algo cuando no se tiene nada que hacer aunque las mordidas al tiempo puedan alcanzarte y algo duela, como cuando te muerdes la lengua. Lo que ocurre es que escribiendo lo mismo coges la tangente y te pones a soltar cosas. Qué rápido se pasa el tiempo y comiendo pipas más pero si escribes algo queda, por eso hacerlo con la misma fruición que se hacen las cosas que no dejan nada, que son por puro vicio. Escribir, cómo me gustaría que fuera mi vicio. Como siempre, éste es otro comienzo, abro este paquete ya hasta cuando dure y que salga lo que tenga que salir, pero que quede algo más que hipo y sed. Para no aburrirse y producir, para dejar algo cuando no hay más legado que las palabras dejadas. Porque mis manos son mi capital, más que la cabeza. De ella no confío que salga algo relevante, quizás buenas cosas a veces, pero nada determinante que me descubra a los desconocidos, en definitiva tampoco nada desconocido que descubra de mi. Porque más que charlar me sale observar y reflexionar mucho, pero con mi cuento. ¿Todos llevamos un cuento encima para ir pasando, no? Así que creo que observando tampoco se aprende tanto como dicen porque siempre tenemos por norma la pegajosa interpretación…

viernes, 31 de agosto de 2012

Diplomático

Queriendo, queriendo siempre encenderse, dejar que esos fotones de furia salgan despedidos más allá de su caja redonda de huesos, vísceras y preocupaciones para relajar tensiones innecesarias. Sin embargo, con cordialidad, desprende un noble desánimo, apagado por la moderación de la cordura. A veces le resulta un heroísmo servirse templado. Cambió de poniente moderado a levante fuerte y cerró el pico haciendo el gesto de la cremallera porque sabía que podía filtrársele el descontento. Y por eso de pronto se muestra hermético no vaya a escapársele algún gesto ¿Pero qué sucedería si dejara salir todo la mierda desaconsejable que está acumulada en el interior pugnando por inundarlo todo en un lodo resbaladizo? Afortunadamente, se siente seguro de su habilidad para dejar vagar la mente, para ofrecer una sonrisa triste bienintencionada y abrir la boca lo poco que puede en los pocos momentos en que se le requiere. ¡Y así qué gris parece! Es que claro, aquí está el individuo que no es nada, que no ofrece banquetes, que quiere mantenerse en un segundo plano porque sabe que es lo mejor, lo más seguro, que parece que abomina del compromiso porque no aporta pareja, críos ni proyecto de futuro que pueda ser una sombrilla para alguien más que para sí mismo, que ha sido desautorizado como tutor de nadie. Entiende que no puede ir de víctima pero que no puede deshacerse de ese sabor amargo que le queda cuando comprende que acarrea un equipaje, una idea fija, una sensación de injusticia desproporcionada, demasiado sólida como para diluirla en alcohol siquiera. Y que a pesar de todo aquello desprenda cordialidad le anima a considerarlo como un buen diplomático en el mejor de sus quiebros para pacificar el ambiente de su entorno, quizás movido por un merecido homenaje a lo que queda de amor…

sábado, 25 de agosto de 2012

El ataque de la ola de calor africana

Queriendo, queriendo siempre, encenderse, dejar que esos fotones de furia salgan despedidos más allá de su caja repleta de huesos doloridos, vísceras inquientas y sólidas preocupaciones. Sin embargo, con cordialidad, desprende un noble desánimo al moverse apagado por la moderación de la cordura. Vagar, divagar, viajar, coger un autobús en un polígono y bajarse en el cielo, tomarse los minutos que pasan como oro divino, recorrer ese camino hacia alguien, cumplir con las exigencias del Romeo fornicador. Sigue desliando la madeja pero con paciencia, con mucha paciencia, elevándose y hundiéndose en las nubosidades variables del desánimo cuando con aquellos rayos de sol, con aquella locura de someterse a cuarenta y cinco grados de temperatura en un polígono desolado, es casi imposible de dar cien pasos seguidos para dar con un verjel. Todo el ataque de la ola de calor africana que se afana en el Valle del Guadalquivir por dejar a la peña como zombies ha desolado la calle. Su corriente anímica, al menos, es variable y acaba de naufragar en un remanso de paz. Sabe que volverán las aguas bravas pero ya se ocupará de quedarse en la superficie. Nota ahora las burbujas que ascienden jugando sobre la piel sensible, colectivo de caricias que se aúnan para dibujarle una sonrisa melancólica. Se siente satisfecho porque ha conseguido disfrutar del tiempo sin hacer nada fuera de lo común, después de que aquella explosión de planes especiales para la evasión le zarandeara en varias direcciones. Y en la tesitud de ver que las ideas se fríen al calor prefiere quedarse manso en un banco a la sombra de un árbol protector. Pero no lo ha vivido como una cadena de claudicaciones como ha ocurrido en otras ocasiones, no, ha disfrutado del tiempo como una especie de Rodríguez de sí mismo y por eso quedaría exiliado si pudiera zafarse de tanta expectativa...

miércoles, 1 de agosto de 2012

Fugaces destellos

La coherencia de una idea parida y crecidita de que persigue una estabilidad y una seguridad en la vida le acompaña como remedio al vacío que siente por su soledad. Como pueden sentirse muchas otras personas en realidad, nada anormal pero si insuficiente para cualquiera. Si por lo menos tanta reflexión le sirviera para formarse un discurso entre toda la maraña de asuntos mentales que le brotan cuando se dispone a organizarse el día, pero todo el plan se termina ordenando para destilar el dramatismo de la rutina. Al menos el deseo habrá roto, sin duda, la malla que nubla su mente en el comienzo de una jornada calurosa. Queriendo destrozar el programa habrá sopesado la cantidad de idioteces que tendrá que sortear si se empeña en descontrolarse un poco, como ésta que le detiene en el plan de una escapada fugaz y le encierra en la indecisión, separándole del camino de la libre expresión. Como siempre quiere unidad pero se conformará enterrando su cabeza entre dos piernas, ya lo ha dicho, buscando el apoyo de la solidez de una piel curtida, abrazando la decisión con la que actúan los salvajes, el mareo reconfortante de la excitación que sentirá al reconocer lugares abandonados de su cuerpo…

Finalmente dio un paso perdido, se dejó llevar y aunque pudo disfrutar al recordarlo otra vez está con la mirada perdida porque comprueba que, como fugaces destellos, una vez más pasaron al archivo de los breves instantes de abandono y no se escribirán gestas en los anales memorables de su historia. Pero en honor a la verdad en algunos momentos se descubrió gozando cuando creía que ya era un vicio la preocupación por la satisfacción del prójimo antes que cualquier otra consideración. “Debe ser esto lo de vivir el momento. Ya no me acordaba lo que era rendirme, explotar y salirme del carril, sacar los pies del tiesto. Y así he llegado a esto”.

Creía, confiado, que esta vez todo se diluiría con naturalidad, y así se abriría una nueva tendencia, una promesa del camino de la liberación, pero empieza a resignarse cuando se descubre lidiando con cierto arrepentimiento. Y toda solución que se le ocurre es la reclusión sanadora en una celda, la alianza con el tiempo acordando aplazamientos, el pacto con la memoria construyendo nuevos compartimentos para almacenar próximas recompensas del deseo. Como consuelo confía en esa facultad que tiene de renovar ilusiones en ese limbo en el que se recluye. Como no quiere volver a una total desconexión se pone a trabajar a destajo en una nueva mañana de reflexión, y moderando las direcciones que nacen de los impulsos terminará concluyendo que no será la última vez que improvise pues no se le ha agotado el deseo de entregarse. Nuevos bríos le traerán cualquier aventura inesperada, sabe que volverá a elevarse sobre la ansiedad para gastar otro cerillo, fugaz esplendor de posibilidad, aunque la cajetilla se vaya vaciando…

sábado, 14 de julio de 2012

Eco y reflejo de un paso perdido

Como cada día tenía que hacer un par de cosas sencillas, nada apetecibles pero bien planeadas. Como si temiera que algo no iba a salir bien se haría la pertinente radiografía para saber que las agallas están en su sitio mientras que los sucesos cotidianos del día se desarrollan en el habitual y esperado aburrimiento. Sólo un par de cosas como objeto de preocupación pasarán por su cabeza como un rótulo luminoso, y se preguntará si esos procesos mentales son como una prueba de vida, un lastre fundamental sin el que sería un día demasiado anodino como para no terminar en el pozo del olvido. No había nada especial que hacer como no fuese dar esos dos pasos en correcta ejecución y sentirlos como si todo hubiese sido un acto involuntario de dejarse llevar. Y desprenderse en esa inercia de optimismo por lo fáciles que han resultado las cosas después de tanto mareo, dejando que el azar se reivindique, como lo hace de vez en cuando. Lo que sucediera que fuese concebido como algo fuera de la tangente podría traer consigo algo inesperado que rememorar al final del día, cuando pones los pies sobre la mesa después de cenar y buscas un suspiro con el análisis rápido de lo que has vivido. Si la fortuna se ha cruzado en tu camino un abanico de hechos placenteros podrá desplegarse entre volutas de humo. Desde unas caricias, un olor, el sudor hasta la vibración del reflejo de la luna en la superficie del lago que llevas dentro serían unos buenos elementos para contagiar el pensamiento postrero del día. Así que lo mejor que podrías hacer por tí es que en el transcurso de lo programado le pegases un puñetazo en el vientre a lo previsible y te escaparas corriendo a una cita. Seguramente no se removerán los cimientos de tu existencia después de tal experiencia pero disfrutarás atesorando esa pequeña vibración que aparece en la intimidad individual como un orgasmo involuntario entre tanto tedio, cuando escribas el epílogo del rumbo de la jornada. Posiblemente de ayer a hoy no habrá cambiado nada pero en esas tardías horas no podrás concentrarte en la película de turno, que seguramente terminará siendo una reposición en su octava entrega, porque esos momentos te secuestrarán de diálogos y argumentos y serán el eco dorado que te hará sentir vivo antes de acabar profundamente dormido. Una hoja más de la agenda o del calendario desaparecerá porque otro día es otra cuenta y mañana este paso perdido de hoy será solo un reflejo en tu deriva...