11/7/16

EL BLUES DE LA CAVERNA

Si en verano me agobio me adentro en una enorme y fresca cueva de afiladas estalactitas y estalagmitas iluminadas por luces amarillas y azules, bello escenario para desahogarme del grito que llevo dentro. Allí, donde el tiempo pasa volando, suelo dedicarme una melodía psicodélica liberadora que sacude mi alma. Mi cueva es una catedral que la naturaleza formó en mi conciencia durante años de búsqueda, donde es alucinante que todo sonido que se produzca se repita en el espacio con un eco de toque celestial. En la cueva estoy solo pero me acompaña una guitarra eléctrica que abrazo fuertemente. Escucho su melodía en mi mente cuando toco, es mi vía de escape y siempre tiene un blues para consolarme que me eleva a caballos de su vibración metálica. Una reverberación que trasciende desde mi piel erizada hasta el último rincón de mí ser sacudiéndome con energía para reanimarme. Es hermoso que las paredes rocosas me devuelvan los ecos sublimes que me hace temblar de emoción y que me despierten deseos de ti. Ecos que van desintegrando mi armadura y que me devuelven la sensibilidad a la piel. Es sorprendente que al recibir amplificada y repetida mi interpretación, de una canción que suelo susurrar entre luces y sombras, todo mi ser vuelva a expresar deseos de amar y propósitos de alcanzar el cielo con nuestras manos. Agarro mi guitarra por el mástil y toco un agudo y ascendente blues cuando esta cueva se empequeñece porque dudo y temo. Entonces interpreto una melodía que expande mi conciencia, que me hace flotar para poder respirar oxígeno azulado más allá de todo límite. Y entonces de mis entrañas emerge una descarga de sonido electrónico que me alimenta de potencia y esperanza, que transforma mi búsqueda en leyenda sonora. La música en mi mente ha sido mi salvación pues con su ayuda sobreviví a tormentas secas y a rayos fulminantes, a amaneceres sedientos en los que me abrazaba buscando tu cuerpo. Trasciendo de mi refugio cuando el eco sanador alcanza cada rincón de mi cueva, los acordes son caricias que me elevan al éxtasis y a la resurrección al son de un riff desgarradoramente emocionante. Y cuando la melodía crece, hasta una cima en la que sólo se puede descender, me libero y me convierto en un albatros electrificado que remonta el vuelo hacia tí o en una chispa que prende en un polvorín o en un hilo de cobre que transmite tibios deseos a los confines de la Tierra.


7/7/16

JUNTOS POR CIMAS Y VALLES

'La emoción de la adrenalina a tope parece que no se puede mantener durante mucho tiempo y por el peso que siento al comprenderlo he apoyado la cabeza exhausta en el quicio de la puerta metálica. Observo el fluir de la línea sobre el asfalto, que es discontinua pero parece continua. En los laterales los tonos de colores tierra se suceden. Me impacta la visión de un animal aplastado en la cuneta, muerte súbita, pero miro las nubes del cielo para encontrar consuelo. El paisaje avanza como velos rozando mi cara y me abandono a la naturaleza fugaz porque tú llevas el control del coche y del camino. En silencio el desierto parece infinito. Una franja roja se va disolviendo en el horizonte. La tierra se torna naranja y es porque el sol decae como decae la fuerza de un impulso. Pronto tendremos que parar porque queremos dormir al cielo raso para contemplar las estrellas y contar las que caigan del cielo. Era una de los deseos que tenía antes de comenzar el viaje y sería una buena oportunidad para retomar la emoción de estar juntos, para retomar la energía común que nos dispara. No será difícil, la ilusión por el cambio de rumbo en mi vida me sostiene además de esta atracción loca que me ha unido a ti, aunque ahora pareces serio y distante ¿O era yo quien me había distanciado? Igual tendremos que pasar juntos por cimas y valles durante este maravilloso camino. Empiezo a espabilarme. Me aproximo de nuevo a ti porque, cuando nos detengamos a descansar, lo mejor es que ya estemos conectados y dispuestos a compartir un lecho de dulzura bajo el cielo plagado de estrellas. Toda una experiencia que sería delito vivirla distanciados…'




(Extraído de mi relato 'Viajes con Kerouac en la mente')

21/6/16

EL PODER DE LA MAREA EN TU PIEL

Recuerdo que lo primero que hice la primera mañana en la ciudad fue acercarme al mar como una tabla de salvación. Sentí una profunda punzada de orgullo al pensar que había atravesado el Atlántico para tocar la orilla del Pacífico. Recuerdo cómo me atrajo como un imán la primera línea del mar hasta que me quedé absorto con el movimiento de las olas, hipnotizado por el agua que avanzaba y retrocedía sobre la prensada y oscura arena. El placer recorrió mi cuerpo admirando aquellas estelas cristalinas como espejos, que serpenteaban siempre dentro de un límite sinuoso y sereno, muy diferente a la bravura de la inmensidad del mar. Una lengua de agua salada bendiciendo a la ciudad que le daba frescura y que te movía el alma. Agua clara, agua verde o azul frente el gris del cemento. Aquella vista era una burbuja de susurros que sonaba como un suave paraíso, sólo roto por el rumor de las olas lamiendo la orilla y por las voces de las gaviotas marcando el compás en cada descenso. Era magnético verlas rasgar el espejo de la superficie del mar para atrapar peces al vuelo, quién pudiera. Luego estaban aquellas lanchas y motos acuáticas que eran un poco el despertar de la ensoñación, porque rompían el tranquilo rumor del oleaje con los sonidos de los motores y la impaciencia de los turistas. Como la campana y el chirriar del cableado que me devolvieron al instante real, enmarcando los recuerdos en el acelerado presente de los tranvías recorriendo la ruta de superficie. Un presente reconfortante por la esperanza de comenzar, de nuevo, una historia de cuerpos entrelazados y sábanas revueltas en la cama. Y yo pensando en el poder de la marea en tu piel. ¿Me conduciría el roce electrizante del despertar a un romance apasionado? ¿Sería posible a partir de una noche de verano? Cerraba los ojos e imaginaba tu piel pegada a la mía y pasaba por mi cabeza todo lo que había recorrido para llegar hasta ti: un océano inmenso de planes y promesas. No sabía muy bien si anestesiar los recuerdos de aguas turbulentas del pasado, si eso sería un aliciente para que el presente me sorprendiera saboreando la sal en la piel suave de tus despertares, pero estaba seguro de querer zambullirme y dejarme arrastrar como una gaviota hambrienta en tu profundo mar.


10/6/16

UN TESORO POR EL QUE MEREZCA LA PENA SUDAR

Me suena bien cuando me pides profundidad y yo lo deseo. Un tesoro por el que merece la pena sudar. Mira si lo deseo que me pienso dentro de ti, calentito, recogido entre unas piernas que me abrazan fuerte. Pero te siento temblar cuando me propongo ¿Te doy miedo? Si te asusta guardo mi impaciencia, bajo la candela, desinflo expectativas por un acuerdo de unión intensa cuando nuestros cuerpos necesiten estremecerse. Mejor acariciarnos y buscar el reflejo del morbo a través de unas manos curiosas antes que comerse la cabeza. Si me temes salta al vacío porque juega en nuestra contra la falta de tiempo entre tanta cordura y obligación. Yo también dudo pero creo que estaré llamando a tu puerta cuando la pasión te venza y suba por tu piel iluminando en tu cabeza mi nombre. Si el ansia de salir de nosotros y respirar fuego de dragones nos precipita, buscaremos el éxtasis en un territorio que nos alivie de presión. Evadiéndonos quizá resucitemos como cohetes disparados cuando gire la luz roja. Y si de verdad me deseas estaré sobre ti, descargando todo el plomo en una explosión nuclear que nos revolucione desnudos, que reinicie nuestro sistema cuando el amanecer se deslice entre nubes de radiación. De latidos y gemidos se nos irá la cabeza al cielo y caerán de nuestra piel todos los escombros. Expulsaremos sudando todas las toxinas a caballo del orgasmo, destruiremos en esa hoguera las pelusas que nos salen de aguantar tanta formalidad. Si fuera el final de los días los pensamientos de un mañana sólo servirían para desplazarnos de la conmoción, de las delicias del placer que no encuentra límites en el presente. Mientras tanto, cuando caigas en esa melancolía tuya de aplazamientos conviértela en blues pero no hagas canciones solitarias con mi deseo, no conviertas en melodía los caprichos y las indecisiones… quizás sea mejor que sudemos cuando merezca la pena el deseo. 


2/6/16

COLGADO

Con mucha pasión contigo, como si estuviera colgado de resortes musicales mis brazos pidiendo tu cercanía y tú armando contrabajos en tus caderas que se mueven alegres hacia mí. Flashes de sonrisas y curvas en cada uno de tus pasos que provocan ondas en mi entrepierna. Eres la puta fábrica de amor prefabricado a mi medida, quien me deslía de los pensamientos desmadejados. Eres una valkiria que altera mi espejo profundo, que me despoja con gallardía de locuras y temores. Cuando respiras sobre mí acudo sin pensar a recoger tu aliento, sabiendo que con tu cuerpo suave y rotundo me volverás a hipnotizar en tu desnudez. Me quedo colgado con las vibraciones de tu carne, con las simples vibraciones de tu carne deliciosa al caminar para abrir cortinas y ventana y así recibir el sonido y el frescor del mundo en nuestra piel desnuda. 

Óleo de Jacques Sultana







20/5/16

UN DÍA VOLVIÓ EL BLUES

Había otra forma diferente de vivir la ciudad, pesaba menos mi alma y el ruido comenzaba a sonar como una  melodía. Antes caminaba con pasos apresurados y se desarrollaba como cualquier lunes de asuntos pendientes. Desde que me sostengo sin tantos artificios vivir la ciudad es incertidumbre porque todo es nuevo a pesar de ser las mismas calles de siempre. Hasta las mismas esquinas que doblé mil veces me deparan sorpresas, como visiones plásticas de una cornisa que corta un rayo de luz o como un balcón florido que siempre estuvo ahí, que vuelvo a saborear porque ya vivo el presente que antes no veía. Porque antes lo mejor de doblar esquinas era encontrarse contigo, siempre te andaba buscando y tú sólo me buscabas cuando tenías calor o frío. Antes no veía nada porque estaba ocupado pensándote, ocupando mi tiempo aunque tuvieses tu vida. Y un día sucedió que toda la prisa de todos los días se transformó en pasos caprichosos. Un día volvió el blues a mi cabeza y de pronto empecé a andar con brío y con redoble de palillos, como dando brincos de levedad hacia una pared de cal donde volvería a colgar nuevos besos entre graffitis y geranios. 


11/5/16

VENCIMOS A LA LLUVIA

En los brotes de primavera, radiante o melancólica, te he buscado a través de la luz cegadora y de las sombras. No queriendo conformarme con el desánimo de una tarde nublada te propuse un paseo para decirte que me gustabas, pero antes de abrir la boca me abrazaste cuando sentimos caer las flores ‘paraíso’ de los árboles sobre nuestras cabezas; preludio de una tormenta que crecía empujándonos con viento y lluvia de vuelta a casa. En el horizonte tronaban nubes grises pero nos plantamos, y abrazados recibimos un chaparrón frío que nos empapó en unos segundos y tú no podías parar de reír. A veces me dejabas alucinado con tu inocencia que, de repente, demostraba la bondad de tus sentimientos más allá de las palabras. Tanta ternura al agarrarme con fuerza para mantenernos en calor desinfló cualquier preocupación por lo que estaba sintiendo, en mi mundo estos pequeños baches eran como un poema melancólico. Y, bueno, bastó con acariciarte el rostro y mirarte a los ojos para comprobar tu alegría sincera. Tu sonrisa me confirmó que no necesitaba más pruebas para saber que me deseabas. No sé por qué había dudado cuando, en tantos días de lluvia, no habíamos perdido la oportunidad de coger la puerta y salir a la calle para compartir un brinco que nos sacudía el alma o una emoción efervescente. Como en este paseo en el que milagrosamente hemos vencido a la tormenta abrazados y la hemos transformado en un atardecer de nubes pintadas de naranja. Y rodeados de aquella maravilla de luz abriéndose camino nos damos cuenta de cómo nos estremecemos de ilusión cuando estamos juntos. Ya no sentimos frío ni sentimos la ropa empapada sino una humedad tibia y dorada que nos excita. Nos hacía falta más calle pero no de fiestas o verbenas sino de pasos, de suspiros, de roces, de rincones plagados de besos.