lunes, 24 de febrero de 2014

Solución para colorear lo mismo de siempre


No deja de cambiar el cielo, por lo menos el espectáculo de las nubes, donde es reconfortante mirar porque dos palmos más abajo todo es el gris del asfalto de todos los días. Miro mis zapatillas desgastadas en un paso acelerado, errático por los continuos obstáculos de barro, cacas, charcos y grietas, para verme recorrer el mundo dentro del mismo barrio, porque aunque no varíe la ruta rutina la cabeza vuela y puedo ver esas mismas zapatillas en otros territorios, provincias, países o continentes. Puedo ver lo que han recorrido estas piernas, que es lo que me ofrece la perspectiva visual al echarme un vistazo. En ese momento no te acuerdas de las arrugas y las canas y te sientes tan joven como cuando tenías veintitrés años. Y esa es mi solución para colorear lo mismo de siempre…

jueves, 7 de noviembre de 2013

Terapia


Me estoy dando cuenta de que escribir es tu terapia, la que te da empujones, la que te limpia de toxinas mentales pero también la que renueva tus deseos frustrados, el hilo de optimismo que no se rompe por mucho que tires. Lo peor es la pérdida de tiempo, los días calcados, irremediables, (cuándo algo nuevo), el aplazamiento constante, paradoja del tiempo que se consume. Quizás la edad te enseñe que no hay que dejar escapar ni un minuto, el cambio ya.

No mirar atrás ni releer reflexiones pasadas, recorrer la senda del placer que se abre ante tus ojos, regentar tu mundo, dominar tu imperio aunque no mandes nada ni a nadie, porque nadie quiere obedecer y si eres súbdito no vale la pena servir a nadie nada más que a ti mismo. Así que por eso exploras, buscando intensidad entre las emociones corrientes bajo la malla finísima del control, que casi prefieres que alguien rasgue por no encontrarte con tu miedo, tu gran problema. Huye, invéntate tu excepcionalidad…

Pero hazlo lejos de ese estado de nervios. ¿Quién tiene la fórmula para descargar sin que se pierda la cordura?¿Quién maneja bien la tensión-distensión?¿De verdad hay que empezar a creer en algo divino y abrazar la espiritualidad? Todo con medida y, desde luego, el control omnipresente de un dios ni pensar en recuperarlo. Quizá haya una espiritualidad pagana, una meta muy personal, puede que ego centrista porque a quién vas a dejar que maneje los hilos de tu vida. Y así hay que tolerar una soledad constante, incluso en los breves ratos de compañía...

jueves, 18 de julio de 2013

El amor


¿El amor es creación entonces? Es lo que quieres que sea. Tú lo creas y los disfrutas o sufres. Mejor si es con el favor de la otra persona y aún mejor si responde creando simultáneamente un sentimiento, una idea del amor sobre ti. La intensidad generalmente es dispar, es maleable, según interpretemos la respuesta a nuestros esfuerzos y nuestras intenciones. Quizás lo has sentido con mucha intensidad si no ha sido declarado, si no ha habido respuesta que lo matice. Es el amor platónico pero esto es una locura juvenil que se puede inflar como un globo de helio sin motivo que de pie, porque este amor puede alimentarse de la apariencia, de unas palabras amables, de una mala interpretación. Lo mismo que viene se puede ir porque caigas en la cuenta y lo reemplace la amargura hasta que aceptas y buscas otro pasatiempo. Luego está el ensayo del amor, ir probando como quien dice, asegurando que se ofrece amor aunque no estés muy convencido. Las oportunidades crecen si no se pone tanta carne en el asador, si no hiere la decepción. ¿Pero quién lo maneja tan bien? Puedes vivir lo momentos más felices de tu vida en el instante pero después las cosas se matizan, recuerdas experiencias pasadas y te preguntas ¿Era eso amor? La medida la da el tiempo, la edad, el cariz de las experiencias. Siempre superable pero también se puede divinizar cuando se recuerda y se borran los peores momentos. Finalmente existe el amor absoluto, el causante de todo este galimatías…

viernes, 24 de mayo de 2013

Polvo de estrellas


Lo esencial de la vida en los momentos que está tocando vivir es no pensar en el dinero, no pensar en un prestigio profesional, no alarmarse considerando que se está tirando tiempo por la borda. Disfrutar del regalo de la vida, del entorno natural que se cuela entre tantos bloque de edificios, briznas de hierba verde, pájaros fugaces que cruzan la inercia del imán que es el hormigón urbano para ti y que te recuerdan en un sobresalto que ellos también construyen sus nidos como hiciste tú entre cuatro paredes. Seguramente para prolongarse en otros cuando tú lo haces sobre ti mismo pero ya sabes que lo tuyo es la supervivencia de una identidad, por un rato, si comparamos con la línea temporal del Universo, que es vida en mayúsculas y parece eterna. Así que has descubierto que tus partículas un día serán polvo de estrellas. No es conformarse con poco es apreciar un fundamento esencial, la vida se abre camino por sí sola y quizá para eso no sea importante tu nombre, lo que has hecho, sino simplemente que hayas existido y eso es garantía de que perdurarás, aunque no hayas dejado tu simiente en forma de progenie. Quizás tus actos, tus palabras, los momentos que has creado sirvan para modificar la vida de otra persona (ojala que siempre haya sido para bien) porque te importe que tu huella pueda permanecer en la memoria durante otro rato más, pero lo esencial, como digo, es que tus partículas se fundirán en el espacio entre polvo de estrellas. Tu tienes dignidad poética, lo que no es nada para otros para ti es una resistencia heroica a la tormenta perfecta, como quilla que rompe los golpes de mar. Eriges ese desafío sagrado frente a un dios salvaje que selecciona, que nombra a elegidos. Estoy aquí y seguiré estando cuando baje la marea porque aunque me evapore me filtraré entre moléculas de hidrógeno, oxígeno o nitrógeno. Quizá sin nombre, sí, pero tu carga de energía lució durante milésimas de segundo y se propagará porque todo se expande y cuando me desvanezca viajaré, hecho pedazos, como un viajero del espacio y el tiempo…

miércoles, 15 de mayo de 2013

Quince de Mayo (15-M)


La política da asco, la economía también y ahora, me cago en la ostia, la justicia porque acabamos de descubrir que no es igual para todos. Quien lea esto quizá piense mal sino se aclara que no soy un loco ‘outsider’, ni un antisistema, ni un radical. Pensará mal si se saca fuera de contexto, si no se aclara que estas palabras fueron escritas en España a quince de mayo del 2013. Acotándolo no cabe duda de que es el sentir general de la mayoría de los ciudadanos, pero no hay que alarmarse nosotros somos pacíficos, recibimos los golpes sumisamente. Nos están aplicando la ‘doctrina del shock’ ¿Cuánto despropósito tiene que respirarse en el ambiente para que una persona tranquila llegue a sentirse indignada?¿Cuánto hace falta para dar definitivamente un paso adelante y decir basta? Parece que nos dirigen en la senda de analizar cosas más abstractas, imperecederas, a una observación que se aleje de la coyuntura. Puede ser que les interese más, puede que la crítica se diluya en redes sociales amplias, deshumanizadas. Así queda constancia de la protesta pero no hay presión, no se pisa la calle. Se pone uno a analizarse cuestiones abstractas del comportamiento que arrastramos de largo recorrido de experiencia social, pero también nos podemos distraer con las superlativas como las filosóficas, como el sentido de la vida, la felicidad, el amor y la muerte, y particularmente dejas de pensar en tu vida (futuro) Quizás sean incógnitas tan irresolubles que nos hagan caer en un nuevo nihilismo pues son debates de por vida, que si se generalizan generalmente te arrastran a un estado de ánimo de tono insatisfactorio. Añadiéndole los problemas más terrenales existe el peligro de que se pueda llegar a un grado superlativo de desazón. Muchas veces no se da para más y la observación detenida de la gente parece indicar que muchos lo que quieren es pasear tranquilos, quizá porque puede que la compañía haga mucho para despejar la mente. El vagar solitario del pensamiento, sin embargo, puede elevarte a dichas abstracciones pero parece que tampoco ayuda a diluir la indignación, por eso no hay nada como mayo para recordar que es necesario pasar a la acción y decir basta…

viernes, 10 de mayo de 2013

El reptil


El joven corre tras una lagartija, se cruza una imagen por su cabeza pero la borra porque no quiere ver cómo la meterá en el tarro de cristal, todavía no. Todos los chicos cazan bichos. A él los insectos le dan asco pero las lagartijas, salamandras, sapos y ranas le gustan mucho. Todo lo que no sea crujiente y pequeño como para meterse por un oído. El bicho verde comete un error y sube por una encalada pared como para exhibir la belleza de su pequeña silueta. Disfruta de sus últimos momentos de libertad porque después se tendrá que acostumbrar a una cúpula de cristal y dos ojos almendrados gigantes que analizarán todos sus relieves, esas dos sombras amenazadoras que le atemorizarán con una perturbadora curiosidad. Por la noche coge a la salamandra y la saca del bote de mermelada para enseñarle las estrellas que se ven en la entrada de su casa. Un muro de vegetación frondosa lo separa del lago, donde las ranas croan sin cesar. En la escalera de madera del portal se sienta con el dinosaurio enano de tacto rugoso que, culebreante, intenta safarse del hilo que le ha atado a una pata para que no sea un fugitivo fulgor verde de la memoria. Aunque examina la maravilla de reptil que tiene como prisionero no puede adivinar la angustia que siente el animal al no poder ir más allá de su esfuerzo ímprobo, cuando antes no tenía límite, pero el chico comienza a descubrir que a todos nos tienen un poco cogidos por un cordel metafórico a las noches plateadas. Y si no qué eran ésas insistentes miradas al espacio profundo que sentía inalcanzable, qué eran esas ganas de volar...

lunes, 6 de mayo de 2013

Pasarratos


Pasarratos, así se llamaban las bolsas de frutos secos que devorábamos para calmar la ansiedad y darle un empujoncito al tiempo para que no se notasen tanto los pensamientos. Escribir como pasarratos es más complicado aunque tiene también sus beneficios. Te puedes encontrar con garbanzos duros que te hacen rechinar los dientes o con cualquier cosa amarga, pues con esto de la escritura pasa igual. Al fin al cabo la cuestión es hacer algo cuando no se tiene nada que hacer aunque las mordidas al tiempo puedan alcanzarte y algo duela, como cuando te muerdes la lengua. Lo que ocurre es que escribiendo lo mismo coges la tangente y te pones a soltar cosas. Qué rápido se pasa el tiempo y comiendo pipas más pero si escribes algo queda, por eso hacerlo con la misma fruición que se hacen las cosas que no dejan nada, que son por puro vicio. Escribir, cómo me gustaría que fuera mi vicio. Como siempre, éste es otro comienzo, abro este paquete ya hasta cuando dure y que salga lo que tenga que salir, pero que quede algo más que hipo y sed. Para no aburrirse y producir, para dejar algo cuando no hay más legado que las palabras dejadas. Porque mis manos son mi capital, más que la cabeza. De ella no confío que salga algo relevante, quizás buenas cosas a veces, pero nada determinante que me descubra a los desconocidos, en definitiva tampoco nada desconocido que descubra de mi. Porque más que charlar me sale observar y reflexionar mucho, pero con mi cuento. ¿Todos llevamos un cuento encima para ir pasando, no? Así que creo que observando tampoco se aprende tanto como dicen porque siempre tenemos por norma la pegajosa interpretación…