miércoles, 14 de enero de 2015

Warm up Life!

Me gustaría hacerlo con mis manos y con mis ganas de emprender un camino hacia el amor. Me gustaría arrancar las telarañas que pueblan mis rincones, pegar patadas a las puertas que me cierran el paso, desbrozar los rastrojos que no me permiten ver. Con un chasquido de dedos romper el silencio, gritar, modular la voz, mover la cadera y dar vueltas sobre mí mismo en unos segundos de descarga emocional. El amor es la divinidad, por buscarlo me he perdido miles de veces y miles de veces erré, pero ahora toca la vida y el amor me ayudará a bailar con ella. Y quizá suceda otro salto al vacío, otro fallo de cohete, porque quiero conducirme a la estela de los meteoros, alcanzar la velocidad de la luz para llegar a la luna de Endor…

viernes, 9 de enero de 2015

Time Fly

Me quedaba mirando el teléfono, acusándolo del silencio. Tenía planes de comunicación pero no daba el maldito primer paso. Cierto era que había dejado morir el susurro de la urgencia, pero ahora lo miraba con expectación, interrogándolo con paciencia, casi mandando señales telepáticas a los receptores invisibles en otros puntos distantes del presente. Cuánto le había gustado sonar a horas intempestivas, qué le gustaba retenerme en el momento más inoportuno o cuando estaba a punto de salir por la puerta. Otro síntoma-reflejo de la soledad en la que me había metido era acercarme a la ventana para mirar las nubes, las copas de los árboles meciéndose caprichosas, silbándome. Quizá la mirada a la lejanía era la más misteriosa ¿Qué estaba mirando fuera que no estuviera buscando dentro? Miraba el tiempo pasando cuando quería procurarme la idea de que los días no eran días, que no formaban semanas y que las semanas no formaban meses. Que todo era un fluir continuo y que en ése fluir atesoraba la idea de alguien para mí queriendo mantenerme joven, pero joven de ilusión, que era lo que importaba. Y de alguna manera al ser hedonista esperaba el amor también a través de mi cuerpo o más bien el placer; anhelo juvenil que no caducaba…

sábado, 13 de diciembre de 2014

El hombre ante el espejo

La inercia natural de la vida a la transformación chocaba contra mi resistencia mental, aunque no hubiese nada que pudiera controlar. El cambio que se hacía más perceptible era el rastro del tiempo en mi rostro y era lo que más me preocupaba. Más que el envejecimiento de lo que no veía, riñones, pulmones, estómago, corazón y demás, eran los de la piel y los que dibujan la expresión los que más me costaba aceptar. Por eso cuando me miraba al espejo miraba hacia adentro, hacia la imagen que me había creado de mí mismo, un poco más esbelta que la realidad, con un poquito más de belleza, si eso pudiera ser mesurable. ‘La belleza es relativa, hijo’,  me calmaba la voz de los tópicos, pero siempre me había afectado desproporcionadamente la atención de los demás, creía que si me miraban existía y lucía. Pero claro la teoría, la construcción mental, me animaba a pensar que eso sólo era la gratificación de los impulsos primarios, la respuesta instantánea sin la mediación de las virtudes, más difíciles de demostrar porque son valores que no se ven a simple vista. Y el filósofo teórico o el farmacéutico que hay en mí terminaba concluyendo: ‘La belleza de una sonrisa, sin que tenga que mediar algún esfuerzo, hasta puede abrir puertas pero al final lo que cuenta es la personalidad, donde la belleza cobra su verdadero significado. La belleza es inmaterial, es personalidad, sensaciones, maniobras mentales, disposiciones, buenas vibraciones, aunque sus efectos pueden producir corrientes químicas, fórmulas del placer, una mezcla de compuestos que sí se modulan en lo material pero que no son captados a simple vista. La armonía de esta clase de belleza es un flash involuntario del corazón que dejará huella durante más tiempo'.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

La pelirroja


Una noche tuve un sueño en el que conocí a una bellísima muchacha pelirroja de ojos verdes. Podía distinguir perfectamente sus curvas pero no su cara que aparecía difuminada. No sabía cómo había llegado a conquistarla pero estábamos juntos en un sofá y nos besábamos entre risas y arrumacos. La química nos aislaba de todo y el tiempo se nos escapaba entre las manos como granos de arena. Por fin una chica que me hacía reír, que me hacía sentir cómodo y relajado. Ella dominaba la situación, acercaba sus labios a mis oídos para susurrarme con dulzura que me deseaba y yo me dejaba llevar por la corriente, olvidándome del esfuerzo agotador de querer gustar a toda costa y de temer el rechazo.

En la libertad de la neblina onírica, totalmente ausentes los pudores y complejos, charlábamos animosamente explorándonos nuestros cuerpos. Funcionaba tan bien aquella química que nos elevaba sobre una música celestial, envolviéndonos en una especie de nirvana. Me hubiera llevado una eternidad mirándola. La abracé pero, justo antes de intentar besar sus labios, mi princesa se convirtió en humo, quizá por una de esas piruetas abstractas a la que te arrastran las nubes del inconsciente.

Salí a la calle y corrí por callejones llenos de lodo y basura, maldiciéndome porque había perdido a la amante perfecta. Era urgente recuperar aquella felicidad soñada pero sospechaba que todo iba a terminar sin un feliz reencuentro. Se terminaba el trayecto entre el sueño y la realidad, el tiempo se me echaba encima porque la claridad empezaba a elevarse en la pared de mi habitación. Cuando la mañana terminó por filtrarse a través de la persiana me desperté sudando sin haber podido escapar de aquella frustración. Me dolían las piernas. Me dio tanta rabia que hice el esfuerzo de volver a caer dormido para intentar recuperarla más allá en la penumbra de los sueños.

Otra vez en los brazos de Morfeo, en la niebla confusa del inconsciente, pude doblegar mi voluntad y caminé con decisión en una ciudad desconocida, callejeé hasta que me topé con un misterioso cementerio de coches. Y allí estaba, entre despojos metálicos, llorando por mi ausencia. Intenté besarla de nuevo pero mis labios traspasaron la superficie de los suyos porque aquello sólo era una ilusión. Aquella belleza de mujer era inalcanzable, pertenecía a la imaginación pero desde allí, con una voz dulce, me dijo que no perdiera la esperanza; me estaría esperando y me amaría desde la distancia inalcanzable de los sueños.

lunes, 24 de febrero de 2014

Solución para colorear lo mismo de siempre


No deja de cambiar el cielo, por lo menos el espectáculo de las nubes, donde es reconfortante mirar porque dos palmos más abajo todo es el gris del asfalto de todos los días. Miro mis zapatillas desgastadas en un paso acelerado, errático por los continuos obstáculos de barro, cacas, charcos y grietas, para verme recorrer el mundo dentro del mismo barrio, porque aunque no varíe la ruta rutina la cabeza vuela y puedo ver esas mismas zapatillas en otros territorios, provincias, países o continentes. Puedo ver lo que han recorrido estas piernas, que es lo que me ofrece la perspectiva visual al echarme un vistazo. En ese momento no te acuerdas de las arrugas y las canas y te sientes tan joven como cuando tenías veintitrés años. Y esa es mi solución para colorear lo mismo de siempre…

jueves, 7 de noviembre de 2013

Terapia


Me estoy dando cuenta de que escribir es tu terapia, la que te da empujones, la que te limpia de toxinas mentales pero también la que renueva tus deseos frustrados, el hilo de optimismo que no se rompe por mucho que tires. Lo peor es la pérdida de tiempo, los días calcados, irremediables, (cuándo algo nuevo), el aplazamiento constante, paradoja del tiempo que se consume. Quizás la edad te enseñe que no hay que dejar escapar ni un minuto, el cambio ya.

No mirar atrás ni releer reflexiones pasadas, recorrer la senda del placer que se abre ante tus ojos, regentar tu mundo, dominar tu imperio aunque no mandes nada ni a nadie, porque nadie quiere obedecer y si eres súbdito no vale la pena servir a nadie nada más que a ti mismo. Así que por eso exploras, buscando intensidad entre las emociones corrientes bajo la malla finísima del control, que casi prefieres que alguien rasgue por no encontrarte con tu miedo, tu gran problema. Huye, invéntate tu excepcionalidad…

Pero hazlo lejos de ese estado de nervios. ¿Quién tiene la fórmula para descargar sin que se pierda la cordura?¿Quién maneja bien la tensión-distensión?¿De verdad hay que empezar a creer en algo divino y abrazar la espiritualidad? Todo con medida y, desde luego, el control omnipresente de un dios ni pensar en recuperarlo. Quizá haya una espiritualidad pagana, una meta muy personal, puede que ego centrista porque a quién vas a dejar que maneje los hilos de tu vida. Y así hay que tolerar una soledad constante, incluso en los breves ratos de compañía...

jueves, 18 de julio de 2013

El amor


¿El amor es creación entonces? Es lo que quieres que sea. Tú lo creas y los disfrutas o sufres. Mejor si es con el favor de la otra persona y aún mejor si responde creando simultáneamente un sentimiento, una idea del amor sobre ti. La intensidad generalmente es dispar, es maleable, según interpretemos la respuesta a nuestros esfuerzos y nuestras intenciones. Quizás lo has sentido con mucha intensidad si no ha sido declarado, si no ha habido respuesta que lo matice. Es el amor platónico pero esto es una locura juvenil que se puede inflar como un globo de helio sin motivo que de pie, porque este amor puede alimentarse de la apariencia, de unas palabras amables, de una mala interpretación. Lo mismo que viene se puede ir porque caigas en la cuenta y lo reemplace la amargura hasta que aceptas y buscas otro pasatiempo. Luego está el ensayo del amor, ir probando como quien dice, asegurando que se ofrece amor aunque no estés muy convencido. Las oportunidades crecen si no se pone tanta carne en el asador, si no hiere la decepción. ¿Pero quién lo maneja tan bien? Puedes vivir lo momentos más felices de tu vida en el instante pero después las cosas se matizan, recuerdas experiencias pasadas y te preguntas ¿Era eso amor? La medida la da el tiempo, la edad, el cariz de las experiencias. Siempre superable pero también se puede divinizar cuando se recuerda y se borran los peores momentos. Finalmente existe el amor absoluto, el causante de todo este galimatías…