13/2/10

La dulce manzana explota en mi interior


La maravilla sinuosa de la corriente energética del estado de ánimo, arriba y abajo, sin orden, sin periodos de conocida duración, el frío se alterna con el calor, la furia con el dolor, el pasado con el futuro aciago. Otra vez el tifón de sillones volando, hojas de lectura y escritura, mi inconformidad absoluta lo eleva todo con una fuerza desgarradora desde el núcleo hasta la epidermis. Hubiera bastado mantener el baile del robot bajo el foco, hacer el numerito para el regocijo del público, consumiera lo que se consumiera del depósito del alma. Y tenía que recurrir a darle patadas a las piedras para levantar polvo, golpear las paredes de cal con el puño, gritar durante cuatro cuartillas, masturbarme compulsivamente, todo para silenciar ese sordo ruido de la indestructible soledad del Hombre, quién lo dijo una vez, quien lo dijera lo maldigo pues llevo ese san benito desde entonces. Pensaba cosas de este calado sentado en la piscina de aquel tugurio, que se caía de verde moho y lascas de piel que se desprendían pero que por lo menos un oasis tenía para meter los pies. Y pensaba así con una copa en la mano tratando de salir de aquel bloqueo con discusiones contra mi propio ego, masticaba con fuerza y dolor de muelas los hielos del cocktail hasta que el sabor amargo de la sangre me devolvió a la realidad, me había mordido un labio. Empezaba a verlo claro ¿En qué club podrían aceptar a un lobo estepario? La desconfianza que sentía de mi propia sombra me hizo girarme para estropear tu sorpresa, venías hacia mí con una cesta de frutas frescas. Te sentaste a mi lado y sin decir una palabra hiciste un gesto mágico y me devolviste a la dulzura de la vida metiéndome una manzana en la boca. El pasado es confuso, ya no existe, se va difuminando. El futuro no existe, no tengo capacidad de predicción. Sólo me queda el placer de tu sonrisa al ver cómo el sabor de la dulce manzana explota en mi interior...
Publicar un comentario