9/1/15

Time Fly

Me quedaba mirando el teléfono, acusándolo del silencio. Tenía planes de comunicación pero no daba el maldito primer paso. Cierto era que había dejado morir el susurro de la urgencia, pero ahora lo miraba con expectación, interrogándolo con paciencia, casi mandando señales telepáticas a los receptores invisibles en otros puntos distantes del pasado. Cuánto le había gustado sonar a horas intempestivas, qué le gustaba retenerme en el momento más inoportuno o cuando estaba a punto de salir por la puerta. 

Otro síntoma-reflejo de la soledad en la que me había metido era acercarme a la ventana para mirar las nubes, las copas de los árboles meciéndose caprichosas, silbándome. Quizá la mirada a la lejanía era la más misteriosa ¿Qué estaba mirando fuera que no estuviera buscando dentro? Miraba el tiempo pasando cuando quería procurarme la idea de que los días no eran días, que no formaban semanas y que las semanas no formaban meses. Que todo era un fluir continuo y que en ése fluir atesoraba la idea de alguien para mí queriendo mantenerme joven, pero joven de ilusión, que era lo que importaba. 

Y de alguna manera al ser hedonista esperaba el amor también a través de mi cuerpo o más bien el placer; anhelo juvenil que no caducaba…
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