10/6/16

UN TESORO POR EL QUE MEREZCA LA PENA SUDAR

Me suena bien cuando me pides profundidad y yo lo deseo. Un tesoro por el que merece la pena sudar. Mira si lo deseo que me pienso dentro de ti, calentito, recogido entre unas piernas que me abrazan fuerte. Pero te siento temblar cuando me propongo ¿Te doy miedo? Si te asusta guardo mi impaciencia, bajo la candela, desinflo expectativas por un acuerdo de unión intensa cuando nuestros cuerpos necesiten estremecerse. Mejor acariciarnos y buscar el reflejo del morbo a través de unas manos curiosas antes que comerse la cabeza. Si me temes salta al vacío porque juega en nuestra contra la falta de tiempo entre tanta cordura y obligación. Yo también dudo pero creo que estaré llamando a tu puerta cuando la pasión te venza y suba por tu piel iluminando en tu cabeza mi nombre. Si el ansia de salir de nosotros y respirar fuego de dragones nos precipita, buscaremos el éxtasis en un territorio que nos alivie de presión. Evadiéndonos quizá resucitemos como cohetes disparados cuando gire la luz roja. Y si de verdad me deseas estaré sobre ti, descargando todo el plomo en una explosión nuclear que nos revolucione desnudos, que reinicie nuestro sistema cuando el amanecer se deslice entre nubes de radiación. De latidos y gemidos se nos irá la cabeza al cielo y caerán de nuestra piel todos los escombros. Expulsaremos sudando todas las toxinas a caballo del orgasmo, destruiremos en esa hoguera las pelusas que nos salen de aguantar tanta formalidad. Si fuera el final de los días los pensamientos de un mañana sólo servirían para desplazarnos de la conmoción, de las delicias del placer que no encuentra límites en el presente. Mientras tanto, cuando caigas en esa melancolía tuya de aplazamientos conviértela en blues pero no hagas canciones solitarias con mi deseo, no conviertas en melodía los caprichos y las indecisiones… quizás sea mejor que sudemos cuando merezca la pena el deseo. 


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