‘En tu ventana sonido de agua, en mis oídos viento, golpes
como lluvia latiendo’ -recordé aquella estrofa del ‘poema de Paulina’. Paulina
sólo tenía dieciocho años cuando la escribió pero ya sabía lo que era la
decepción amorosa y no pudo expresarlo mejor con tan pocas palabras. La
coincidencia me alarmó ¡Era una señal que hubiera recordado aquel poema! Había
dejado de creer en el amor platónico, desconfiaba ya de los deseos
desproporcionados, desconfiaba hasta de la belleza magnética que forma
ilusiones y metáforas en los pensamientos. Y de pronto otra vez, con esta
fuerza, surgen corrientes de fantasías de un amor troyano en el que uno se ve
como un lindo guerrero, un sabio seductor que cree que puede atrapar a una
divinidad, que se escapa en los momentos corrientes y que te atrapa justo en el
balance melancólico del crepúsculo. Entre el sabor de la derrota en el balance
del día se descubre, sin embargo, la dulce miel del Eros en el remedio de la
comunicación a distancia. Y sientes el impulso de sacar el móvil del bolsillo
para temblar de placer con alguien que te saque de la norma, de la postura de
misionero y del tiempo que avanza sin caricias en la piel. Entonces enciendo el
móvil, Platón, y acudo a un banquete, en un discurso sobre el amor tecnológico,
y hablo con cuerpos divinos que me cuentan de la vida real y del sexo de
invierno.
4/11/18
4/9/18
RENACIMIENTO
Amor, quién te ensalza ahora. Tu voz me hipnotizaba, tus ojos
me miraban cuando hablabas elevando mi corazón al cielo. Pero llegó el olvido y
me fui a descansar sobre una tumba mis delirios de don Juan. Confundido por la fortaleza
de mi orgullo, reflexioné y lo que creía historia apareció como alucinación. Aquel
jarro de agua fría paralizó la gallardía de mis pasos decididos, que tus miradas
y atenciones mágicas fomentaban.
Deliraba sobre una lápida gris, pero una voz dulce y
poderosa se abrió paso entre la densa niebla y su suave música hizo callar a unos
cuervos, que me observaban esperando que el opio del abandono me venciera. La
caricia del sonido de su voz humedeció mis ojos. Los abrí creyendo que mis párpados
volverían a caer como piedras. Creía que sólo el brillo perdido podría resucitarme,
aquel del que caí encaprichado. Creía que nadie podría reincorporarme de
aquella losa fría que estaba congelando mi corazón.
Como una aparición fantasmal una misteriosa luz se acercó y
tendiéndome una mano nívea me ofreció una voz mágica que exclamó: — ¡Te encontré!
—. Los cuervos alzaron el vuelo malhumorados por aquella alegría repentina, y
al despegar el pecho de la fría lápida mi corazón recuperó tibieza. — ¿Quién
eres?— susurré. — Soy y punto. ¡Levántate y camina!—. Sus ojos brillantes
parpadearon al sonreír y con una caricia sostuvo mi barbilla, levantándome hasta
besar mis labios.
Cogiéndome de la mano me apartó del nicho oscuro y me
ofreció un cigarro; que acepté con los ojos humedecidos. Lo encendí, respiré
una profunda calada. Sonreíste de nuevo y, aspirando el humo que exhalé, desapareciste
en la profundidad de mi mente incrédula. Miré a mí alrededor; me encogí de
hombros, me froté los ojos para comprobarlo y reanudé el camino con renovada curiosidad,
aliviado ya del peso de la soledad.
5/7/18
PESO SUMADO
Los truenos crecían en intensidad, parecía que se nos venía
el mundo encima, así que nos tumbamos y nos acurrucamos en la tibieza corporal.
Agarramos la botella de vodka; un chupito por cada trueno, una canción infantil
para cada relámpago. Entre risas nos revolvíamos reunidos en una cama, buscando
el encaje cósmico adecuado entre piernas y brazos, mientras oíamos el somier
quejarse por nuestro peso sumado: la presión de fundirnos, pues cada vez
teníamos menos tiempo para pensar y menos canciones en la memoria.
8/6/18
HÉROE DE LEYENDA
‘El héroe de leyenda
también es el sueño de un destino’. Nada más empecé a releer mis escritos que
habían sobrevivido a la huida empecé a entenderlo. En mi aislamiento había
estado escribiendo como un loco sin saber que me estaba desahogando, y me quedé
con la boca abierta al comprobar que casi todo versaba sobre la falta de amor o
sobre el lamento de sentirme solo. ‘Aceptarme
y quererme es lo primero, si no lo hago ¿cómo puedo pretender que me quiera de
verdad alguien…?’, había escrito a mano con una letra firme en uno de
los papeles que llevaba en la carpeta. Suspiré al comprobar que, como todos,
tuve algún momento de lucidez en los que entendí que me había querido poco. Y
en mi sueño escribí: ‘Si llego a quererme como me merezco no habrá más noches
solitarias y dormiré sin miedo’.
16/3/18
AMOR DE COLCHÓN
¡Ay va… el mundo se construye, dice! —Tendrás un mundo sin
límites si lo ves así. — Lo veré con mis ojitos, mejor dicho veré lo que pueda
ver, en la luz del día, en los rayos de sol, en las recetas de la abuela y en
las propias ‘para sobrevivir y adaptarme…– Pero recuerda… el amor…—recordó mi
conciencia. ¿El amor, qué amor? Cuando lo buscaba desesperadamente… ¿lo estaba
buscando dentro de todo, dentro de mí? Un poco si pero fundamentalmente no. La
esperanza del amor romántico era mi pilar o, más bien, mi pila. Un amor que tendría
que llegar del exterior. El deseo de amor se me despertaba en todo: en los
pensamientos descafeinados del desayuno, en la relajación del agua tibia de la
ducha, en el lío de preocupaciones y sábanas a la hora de hacer una cama
individual cada día. ‘Todos los entrenadores aconsejan llenar la vida de amor’
—pienso mientras se me cuela por los ojos que no duermo en una cama reina—. ‘Aquí
no duerme nadie conmigo desde hace tiempo. ¿Y si empiezo la casa por la ventana
comprando más espacio, más colchón, llenaré de besos y caricias mis
despertares?’ —concluí tapando la almohada con la colcha.
– ¡No compres nada, regala amor y ya verás que habrá sitio
para mucho! —respondió el colchón.

23/12/17
ROMANCE DEL ABRIGO DE TU PIEL
Quería ser libre sin dolor y conocer todos los caminos de la
conexión mágica transversal entre todos los individuos. Sin embargo el refugio
de tu compañía estaba inclinando la balanza como un foco de atracción más
potente que un agujero negro. Me agradaba rendirme por los ojos porque andaba
nutriéndome de tus desnudos, de tus gestos, del chispeante erotismo que sentía
al verte durmiendo sin nada encima. Se me despejaban las dudas cuando te acurrucabas
junto a mí con una expresión en la cara de desconexión gozosa. Te encendías y,
rozándome con el muslo, me prendías igualmente. Y eso que con frecuencia te quedabas
zombie mirando placenteramente lo que había dentro de tus sesos, pero
resucitabas dándote cuenta de que te espiaba y volvías a mí con ternura. -‘¿Y
el romance?’ –preguntaba el poeta. -‘¿Qué romance quieres, el éxtasis del
presente o una declaración jurada a plazo fijo? –preguntaba la voz de la
cordura. Y entonces me abrigabas con tu cuerpo, y las dudas perdían tanto sentido
en cada instante de piel, en cada beso de tus labios, que no había posible
elección aunque la hubiera.
21/11/17
ROMANCE DE INVIERNO
Me pasó como a la cigarra, tras meses de sol, de complacida
independencia, de paseos solitarios al aire libre, de creerme eternamente joven
y con todo el tiempo por delante, el frío me recorrió la nuca por sorpresa, y me
di cuenta de que me había olvidado de buscar la protección de unos brazos ardientes
en vista de que el invierno llega. Lo confié todo a la suerte del último
momento, a la coincidencia mágica y, ahora, reflexionando, extraño la compañía
más intima a deshoras, cuando ya no quedará ningún hornito disponible en la
ciudad que me estimule. ‘Bueno –pensé- … un invierno más en la caverna’. Eché
la culpa del olvido de procurarme víveres para el espíritu (como los besos, la
ternura y los abrazos) a que me había relajado por un inesperado sentimiento de
independencia y por haberme entregado a los deseos del ‘ahora’. Intenté
recordar qué había estado haciendo todo aquel tiempo, a dónde me había llevado
mi distracción tantas noches seguidas, desde cuándo había dejado de ser el
enamoradizo expectante. Sencillamente había atravesado la inercia del círculo
vicioso, resistiendo sotto voce el
descrédito del romance, porque me distraje con cosas bellas que parpadeaban
brillantes en aquellos mismos instantes. Caminaba a solas por el barrio en
aquellas noches de intenso calor reflexionando y poniendo atención sobre las cosas
que me decía, que antes pasaban desapercibidas entre el maremágnum de los
pensamientos del vivir, y logré encontrarme y retenerme. Llegué a sentir que no necesitaba
a nadie, me sentí completo. ¡Me entendí! Y entonces pude oír cristalinamente
todo lo que me rodeaba, pude hasta sentir, pues la voz del pensamiento había
caído enmudecida. Y así estuve unos cuantos días merodeando ensimismado, hasta
que debí despertarme o volverme a dormir pues en un paseo nocturno, mientras planeaba
mis primeras cosas como persona autónoma, recuperé el recuerdo de la incómoda
dependencia del cariño extraño, pero también recordé las ganas de dar que se
pierde a solas y renació un deseo de compartirme. Y sintiendo que me quedaba
sin tiempo volví a zambullirme en otro proceloso mar de nuevas ilusiones.
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