3/1/09

Caracol saca tus antenas al sol


Esta mañana ayudé a la bibliotecaria a liberar a una salamandra que se había colado. La mujer ya le había dado un par de sopapos y estaba atontada la pobrecita. No es que sea un defensor paranoico de los animales pero es que era tan bonita, y darle un pisotón y espachurrarla sólo fue una salvajada que se me pasó por la cabeza, después no soy capaz de hacer esas cosas excepto con las cucarachas (qué bicho del demonio más asquerosín) Así que decidimos cogerla con un papel y tirarla por la ventana, cosa que tuve que hacer yo, claro, porque la bibliotecaria como que no. Y allí fui yo tan machito para terminar dando grititos de repelús en una biblioteca pública. Me puse colorado al imaginarme desde fuera, pero conseguí atraparla y cuando la solté por la ventana le grité ¡Libre! Y por la ventana voló, tan maja. Es lo que pasa con los bichos, podemos ser dioses y decidir por su vida. Podríamos cuidar de su libertad si quisiéramos. Como a la salamandra alguien tendría que cogerme del cuello y ponerme en la calle, porque con lo a gustito que estoy en esta jaula de oro difícil va a ser que vuelva a confiar en la eterna búsqueda. ¡Qué duro de mollera! Tengo mis zapatillas deportivas rojas aquí a mi lado, tienen las suelas gastadas de tanto buscar amor ¡Los kilómetros que habrán recorrido! Si los pusiera hacia arriba llegaría a Plutón, seguro, pero como fueron caminares muy románticos no llegué ni a putón, que por lo menos mi cuerpo lo hubiera gozado. Los animales, sin embargo, son más impulsivos y no les preocupan los riesgos. Se mueven y si hay suerte llegan y si no plaf, como aquella expedición de caracoles que me encontré una noche intentando cruzar una acera, espoleados por la lluvia, arriesgándose a la muerte en su lento arrastrar. El pisotón era inevitable porque los humanos gigantes nos movemos por la vida apresuradamente, sin detenernos en los detalles. Pero claro, caracol, caracol, saca tus antenas al sol. Y tocaba moverse aunque la luz tardara en llegar y desde su óptica una suela que se cierne debe ser como un tsunami para los humanos. Activé mi sensor contra cacas de perros, que me hace evitar cualquier objeto extraño sin tener que caminar mirando al suelo, pero aún así algún Crunch fue inevitable. Algunas veces envidio a los animales porque se me ocurre pensar cómo verán los pájaros, por ejemplo, seguro que no le aturden tanto detalle ya que para encontrar un hueco para escapar atinan muy rápido. Los animales siempre buscando la libertad, en ello se les va la vida. Los humanos sólo la desean y es peor no encontrar salida porque lo nuestro es ceguera del alma…

4 comentarios:

Mysia dijo...

Visto así, me hacs pensar si vale la pena estar en la cima de la cadena trófica, o si es mejor ser un simple eslabón - humano, pro eslabón-.
Y mirándolo desde otra perspctiva, me haces pensar mucho xD. Kizás, kizás,... no sé :).

Ingrid Dietrich dijo...

Querido Amigo lo nuestro se llama MIEDO... Miedo a la jaula y a lo que hay fuera, miedo a sentir y miedo a no sentir... Miedo paralizante. Y yo siempre lo digo... ¿Vas a dejar que el Miedo te paralice a ti... Que surcaste mares, subiste montañas y reiste ante el Arcoiris? Paralízate tú mismo, como quieras cuando quieras pero como dejes que el miedo te gane la partida, es un tirano tenaz y poderoso al que siempre puedes vencer con ponerte las zapatillas rojas mágicas taconrea dos veces y sigue el camino de baldosas amarillas... Easy on down the road...

Argax dijo...

Sabes, me has traído a la mente una imagen muy poderosa, la de caminar pisando caracoles. No sé por que el crujido que describes ha sido por unos momentos tan audible.
Hay muchas maneras de caminar entre caracoles, en un extremo está la suficiencia y la altanería humana y en el otro el cuidado, la sutilidad, la atención fija en lo que normalmente no se ve.

Respecto al papel del hombre en su búsqueda de libertad, pues creo que más que miedo como dice pantera rosa, que también influye y mucho, tenemos los humanos un problema de conceptualización ya que queremos la libertad de los bichos cuando la humana pasa por la racionalización y aceptación del mundo de limitaciones en el que vive.

En fin, un placer, como siempre.

Anónimo dijo...

Mysia, me alegra de que pensemos juntos, yo empiezo a dudar de que seamos la cima, creo que dominamos el mundo con nuestras colonia y que hacemos muchas trastadas, no guardamos el equilibrio y eso se nota también en uno mismo, pero por lo menos nosotros tenemos sensibilidad. Ay si pudiéramos cambiar el mundo...

Pantera rosa, amiga, sí es miedo, miedo a sentir, a amar, a sufrir, porque en otras cosas como dices seguro que hemos sido temerarios. Y tienes razón, no hay que dejarle que nos paralice y yo ya estoy mirando las zapatillas porque se que algo tiene que cambiar, aunque para este año no haya pedido deseos toca actuar y volveré a la búsqueda, eso sí con cuidado de mirar donde piso...je, si el camino se hace al andar

Argax, muy buena reflexión, entre esos dos puntos nos movemos todos, aunque nosotros que reflexionamos y fomentamos la sensibilidad corregimos el rumbo. Creo que la aspiración de la libertad es universal pero como apuntas los humanos tenemos algo más que límites físicos, cómo racionalizamos, qué limitaciones vemos cada uno, empiezo a sospechar que veo más de las que hay. Un placer para mí también..