11/7/09

Moonwalk to Neverland


Y ahora qué puedo contarle a ese niño que sigue insistiendo en visitar el País de Nunca Jamás. Me hallaba en la ardua tarea de evadirme imaginando historias, ya que las inquietudes estaban calmadas, cuando volví en mí de sopetón por una pérdida que no pudo provocarme más que un fondo de melancolía. Y mientras veía al ídolo de mi juventud metido en un ataúd dorado como un volcán en erupción resucitaba la música que me hizo sentir especial cuando empezaba a saber de complejos. Una música que brotó tímida pero que encendió la emoción y el ritmo en el justo momento en que empezaba a usar el corazón para las arritmias y taquicardias de los primeros romances. Me hacía bien la energía de un personaje tan rotundo. Todos teníamos nuestras odas que nos consolaban, eran como poemas modernos, pequeñas historias breves que hablaban de sentimientos que encajaban con lo que estábamos empezando a sentir. A mi me cogió en la edad del pavo y cada vez que me sentía inseguro ponía una canción, imaginaba un auditorio lleno de público, imaginaba que me amaban y me aclamaban para aliviar un sufrimiento de cotidianidad. El pop nos hizo sentirnos radiantes entre rayos láseres y nubes que nos envolvían desde el suelo. Sólo había que poner un disco, apartar la alfombra, cerrar los ojos y deslizarse al ritmo sobre las frías baldosas. Y algunos nos dejamos llevar por la fulgurante estela de una estrella y con su voz pusimos música a nuestra vida. La verdad es que sólo se me ocurre decir qué tiempos aquellos. Desde que el rojo eléctrico dio una vuelta de 360 grados entre aquellos muertos vivientes ya nada fue igual. Todo lo que me quedaba por fantasear estaría adornado por ese brillo. Y bueno, ahora que el escenario quedó vacío, nadie bajo el foco de luz, sobre una silla un sombrero de ala, una chaqueta con cristalitos de svarowski y un guante de brillantinas, quisiera deslizarme con un moonwalk para darle un abrazo de despedida. Adiós y gracias por todo. Nunca pensé que un ataúd podría ser tan bello, dorado, mecido por el soul, el gospel y el blues, por la música negra que le corría por las venas. Pero siempre vence la música y este rey siempre estará en mi mente…
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