4/7/09

Morir de éxito (II)


‘Bueno, tienes la ocasión de decir lo que quieras en este espacio en blanco, como empiezas a dudar de que tus reflexiones puedan tener alguna relevancia pública a partir de ahora aunque lleguen a ser éxitos de venta, puedes confesarte, quitarte las máscaras, ser quien quieras con sólo imaginarlo y escribirlo. A partir de ahora eres mayor de edad, responsable de tus acciones y de las decisiones que tomes. Serás responsable, por primera vez, de adónde te lleven tus pasos. Es normal que en la vida cotidiana abuses de la duda y del respeto a los límites, pero con las palabras puedes llegar lejos. Como no has de guardar la compostura puedes reconstruir ángeles y demonios. Por lo que has visto, no porque lo seas, y que nadie te acuse de ser un monstruo, de tener una moral disipada, porque para eso tienes la imaginación y ese filtro tan poderoso de la razón y de la lógica que te presenta públicamente a un diez por ciento de lo que eres en realidad y que te ha llevado a saber ser un buen chico. No tendrás ningún problema porque respetas las normas con mirada sumisa. Y si de algo te acusan tampoco te importará pues pasarás de vivir la vida a escribirla. Se puede tener una imaginación desbocada siempre que la cordura guíe tus pasos. Se puede amar, odiar, engañar, asesinar en pequeños universos con gozosa impudicia, sin sufrir las consecuencias porque el culpable siempre será el mayordomo…’

-¿Qué es esto, Mardou?
-Son las instrucciones para mi personaje, él continuará con la historia ¿No dices que ya estoy muerto?-le digo a mi editora recostándome en la moqueta. Es sorprendente que sea una prolongación creadora en el lógico viaje que te lleva de este mundo, se suponía que era ya un alma en tránsito y seguían marcándose bien los abdominales…
-El trato era que dejarías dos libros perfilados para la editorial y me entregas docenas de folios con instrucciones para un personaje que se llama ¿Cómo? Tienes que salir de esa apatía para contar algo, para seguir esa novela. Estás muerto pero me vendiste tu alma por quedarte con la inspiración. ¡Así que trabaja!- grita furiosa la belleza morena antes de marcharse con un portazo.

Ha decidido meterse en una bañera rodeado de velas. La piel también se le ha aburrido de tanta humedad, entre tibias burbujas se va agrietando la superficie de su cuerpo y él lo ve pero no puede hacer nada porque tiene la cabeza en otro sitio. Los ojos abiertos, sí, pero sin mirada. Sólo recibiendo las voces penetrantes de unos cantos gregorianos. Cree que no puede moverse pero es que no puede estar en otro sitio mejor. Estando allí le es fácil llegar al inconsciente recuerdo de la comodidad de la placenta pero hay rumores del pensamiento que no le permiten dejar de sentirse. Tendría que acostumbrarse a ese punto agradable del final de la regresión y soltar lastre sin miedo. A pesar de haber llegado a la cúspide del éxito no le gustaba como era, cómo había sido, no le gustaba la gente con que se relacionaba, ni los lujos o comodidades que le había proporcionado, pero seguiría escribiendo por inercia porque tampoco le gustaba el mundo en general y había cosas más horribles que no desaparecían. Por eso había firmado el contrato. Le parecía que si vagar sin alma no dolía no había inconveniente. Pero tiene que espabilarse porque debe hacer el esfuerzo intelectual de fabricar una última novela y por eso no puede prescindir de todo su equipaje. Todo lo que sabe, aun pareciéndole absurdo, le servirá una vez más para contar algo antes de dedicarse a tararear canciones con la mirada perdida en la pared de aquella habitación de hotel. Pero el agua se enfría y empieza a tiritar lo que le hace zarandearse de alguna manera y despertar a la consciencia. Y cuando abre los ojos le sobreviene la inspiración, después de tantas argucias para conseguirlo, de tanto delirio habitando cuevas en las que sonaba el vacío...

Imagen: Roberto Montenegro
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