
Si no siguiera escribiendo sería un fraude y utilizo esta palabra para asustarme. Así que Go! Me imagino entonces corriendo en un bosque frondoso, huyendo del miedo, todos los sitios que me encierran los imagino acogedores, en éste las hojas de las copas imprimen un encaje de sombra en el suelo. Hay cañones de luz natural que caen lejanos en el horizonte y cualquiera de esos espacios claros en la frondosidad puede ser un alivio. Alguien me grita Go, Go, Go! (¡Huye!), como en las películas de terror cuando alguien se sacrifica para que tú escapes y te salves. Oh, la salvación puede estar bajo alguna de esas grandes columnas de luz, y corres desesperadamente para salvarte porque escuchas una fuerte respiración que te alcanza por detrás, unas crueles pisadas que tronchan lo que sea a su paso por llegar a ti, con lo que sonidos amenazadores te van alcanzando, a cada paso llegan antes. El sendero es tortuoso, serpenteoso, da vueltas sobre sí mismo para ponerte difícil la escapada. La voz grita Go, Go, Go! pero se apaga tras un desgarrador chillido. Ya nada les separa de ti. De pronto el suelo desaparece bajo tus pies, como si te hubieras tragado la tierra te deslizas pendiente abajo. Una ola de luz lo invade todo y entre punzadas de dolor puedes ver que estás cayendo en una inmensa playa. La paz te rodea, la brisa te reanima, comienzan el sonido de las olas del mar a serenarte. Cuando por fin te has relajado no puedes creer lo que ven tus ojos, allí, al final del acantilado, no puedes creerlo…