19/9/09

Sólo el amor...


Hoy he dado una vuelta por el barrio y cada vez veo más gente con las manos en los bolsillos y la mirada perdida. Sobretodo ese ejército de ociosos que algunos utilizaron para llenar la burbuja de riqueza de unos pocos. El bolsillo o el alma, bandolero…la bolsa o la vida porque de algo habrá que comer y esos pisos que construímos están vacíos y a precio de oro, oiga. Los bancos de la plazoleta empiezan a llenarse pero de todas formas siempre ando escondiéndome en los rincones para que la desolación del alma no me alcance. Vuelve a verse gente joven sentada en los bancos de los parques, meditando, fumándose los presentes para apartar la negra tormenta de doce rayos que fulmina el horizonte. Las gigantescas tormentas también son un bello espectáculo. En la cima de un risco, rodeado de la noche profunda, podemos ver cómo el monstruo eléctrico se acerca. Puede pasar sobre nuestras cabezas sin consecuencia pero como un rayo de ésos nos fulmine... Por eso acogemos con respeto los rotundos músculos de esas nubes sólidas, negras de agua, porque es como si arrimase hacia nosotros el juicio final y hemos estado esperándolo haciendo fechorías y ahora contemplamos la hora del estruendo bajo unos soportales, viendo cómo los látigos eléctricos rasgan el cielo para herir la tierra… y nos tenemos que agarrar a los bolsillos. No hay melodía para los rebeldes en el presente siglo, con la que nos ha caído encima, pero a quién le importa. Crecen los murmullos en los rincones de las calles, junto a las pintadas de los muros. No hay cantautores para ti, al menos alguno que entiendas porque haya vivido aquí, no hay voz rasgada pero algunos, oye, es como si hubiésemos bebido del Mississipí y no entendemos los ritmos atronadores de los automóviles. Puede que sólo esté lamentándome de la falta de blues, de rock, de soul, de festivales en los que rebozarse desnudo en el fango, puede que eche de menos a alguien que cante lo que me está pasando.

Pero los paseos solitarios son fenomenales para darse cuenta de los errores. La melodía la pone tu iPod y dejas el espíritu volar, pones un videorama en tu mente para recordar que lo has pasado bien hasta la tenue sensación de felicidad, más el tiempo y el camino te han traído el mensaje de que el amor es lo que necesitas para reivindicar tu nombre. Cuando trato de cantar que todo va bien, me doy cuenta que he traspasado fronteras antes de dejar de creer en el amor,y viéndolo en peligro lo resucité porque era cuestión de supervivencia… así que dale alas a este amor frente a esta tormenta para reivindicar mi nombre, enséñame todas las palabras que olvidé de su vocabulario, todos los sonidos posibles en susurros y gemidos. Perplejo veo que el corazón siente, por muchas ambiciones que haya tenido, las rachas de levante y poniente, los cambios de rumbo, las profecías, maremotos y tormentas, no pudieron eliminarme. Y cuando se hizo la paz y quedó lo sustancial sólo pude reconocer que había sobrevivido esa necesidad de amor a tantos juicios finales. Innata sed, no dejarás que el oro, el opio o el sexo colmen mi eterna solicitud. Para qué luchar por el crédito, por atrapar la suerte, si sólo el amor …
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