24/11/09

Jack camina en el parque (II)


El ángel apuñalado es el único que tiene dos ramos de flores en su regazo, me dio sensación de tributo al sentimiento herido, amor fugaz y quizás algo platónico. Les saco fotografías al ídolo, como lo hace una familia monoparental tradicional pero también dos tipos duros con gafas de sol se paran a admirarlo y con movimiento reflejo sacan sus cámaras digitales para inmortalizar el momento. Acabo encontrando la Hemeroteca Efímera, como mis escrituras, folios sueltos y un mueble antiguo, así me siento. Aquí venía mi madre a vivir su Romanticismo mediante la lectura. Ocupo su lugar en un cenador cercano leyendo un libro que habla de la vida urbana de una gran ciudad. Qué ironía que se escuche a lo lejos el caos del tráfico y yo esté refugiado aquí. En el estanque los patos machos erguidos baten sus alas en el cortejo, uno de ellos se arroja valiente al agua, hace poco esto estaba seco y ahora es profundo y húmedo, como la vida. Una pareja de muñequitos de tarta nupcial cruzan rápidamente buscando cobijo del viento que les arroja hojas de otoño, que este año casi no ha existido. Siento melancolía, por aquí estuve cuando niño y ya no puedo recordar nada, sólo puedo sentir melancolía de un color azul que huele a colonia de bebé, puedo sentirlo dentro de mi columna interior que me soporta. Cuando me senté en un banco oí a una mujer que le decía a su marido: ‘Siéntate aquí a escuchar el rumor del agua’. Robo esa idea al vuelo y me doy cuenta de la fuente que había ignorado porque estaba refugiado en mis pensamientos. Se está bien pero el sonido del viento es más fuerte, lucho por aislar ese rumor, por rescatar el suave murmullo entre la ventolera pero veo el mar en mi mente, tan rotundo para contrarrestar que aquí sólo hay viento y polvo, viento que levanta trinos de los pájaros y los divide en azarosas direcciones, viento que me levantará del asiento porque parece que todos en el parque van acompañados o en pareja y eso yo lo llevo dentro. Matices de verde y ocres en el tupido fondo de árboles, el viento no cesa y también los hace lamentarse en un susurro prolongado. No hay silencio aquí pero puede que haya inspiración, lo diré cuando enfile la carretera. Se acerca gente y tengo que conservar mi privilegio de libertad solitaria.
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