9/11/09

Jack camina en el parque


Jack es mi inspiración, cómo no. Alguien que me ha hecho pasar del agotador Romanticismo al movimiento de la mente y el alma en la carretera. La búsqueda del amor me consumía, podía haberme dejado como una figura de bronce negro en el pedestal de un parque, al abrigo de tres damas rejuvenecidas por el canto del loco al amor, bajo un árbol bicentenario. El amor ilusionado, el amor poseído, el amor perdido. El amor también desgasta, por ser algo que no alimenta el yo, por ser un aliento que es capaz a veces de mover dos barcos a vela. La fortuna del ser amado no le toca a todo el mundo en la vida, hoy es fácil que por estatus ocurra, o por una cara bonita y unos ojos azules, sin más, sin esfuerzo, haga lo que haga. Pero os aseguro que el ser sentimental conduce a la esclavitud, o lo que es peor, a la soledad enferma de recuerdos y melancolía. El ser sentimental es mirar el encaje de las hojas verdes para deslumbrarse con el brillo del sol, el buscar el sonido de decenas de chorritos en una fuente de loza mudéjar. Es evitar las multitudes y sentarse en el banco más alejado y echar de menos un libro, armar una coreografía de miradas desviadas para no tener que arrepentirse de no formar parte de la algarabía, de los que no se entregan a nadie en particular y se reparten entre una multitud. Ésta siempre prefiere no pensar, charlar de cosas banas, reír, reír hasta la extenuación. Lo otro, me parece, es profundizar, adentrarse en un mar oscuro que te puede arrastrar, claro que allí verás sirenas y tesoros que no podrás recoger porque no tienes derecho a su posesión. También podrás encontrarte monstruos y tener que admitir su presencia amenazante, acechante. Lo más que podrás hacer es profundizar en tu mina y entregar el oro, que cada vez es más escaso. Los olivos silvestres, los eucaliptos de ochenta años te observan pasear, los ficus arrojarán un ramillete de hojas sobre tu cabeza y eso te hará despertar un poco y recordar que sigues dejando un par de huellas solitarias. Los pájaros te recordarán que todo esto es porque has querido, nadie ha tenido la culpa más que tu, por creer en los ángeles cupidos, por creer en la magia del destino, por pensar que podía hacer un molde de algo que es completamente inmaterial. Entonces toca disfrutar del oxígeno que llena de polvo tu nariz, que hincha tus pulmones de un poco de salud corporal. A la velocidad del paseo nacen sensaciones tan lentas y me convenzo, si Jack, que lo mejor es coger un coche descapotable y acelerar el ritmo de la creación para que broten poemas inconscientes en prosa desordenada.

Foto de González Alba
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