30/10/09

De la Luna a la Tierra


La luna, estoy en la luna pero no siento frío, el manto estrellado me ha dejado sin palabras durante…¿Cuánto tiempo llevo aquí? Oh, qué maravilloso es el espacio profundo que ha borrado todos los malos recuerdos, qué pequeña emoción comparada con la emoción del universo en expansión. No hay sonido, sólo silencio y entonces empiezo a escuchar, a sentir, mi respiración. No comprendo que hago aquí, ni cómo he llegado pero siento que soy un ser humano al volver la cabeza y ver que hay un inmenso planeta azulado allá abajo. De momento, en cuanto nace la comprensión empiezo a flotar, cómo estaba pegado a la superficie blanca gris rocosa de este satélite es algo que no entiendo. Mi cuerpo es liviano aquí, me miro los pies cómo se elevan despertando nubes de polvo. Antes de abandonar la superficie me acuerdo de coger una de estas piedras mágicas, siempre lo hago cuando visito un lugar innsólito al que se que no voy a volver. Empiezo a saltar para desplazarme más rápido y cuál es mi sorpresa cuando mi pequeño impulso se redobla y alcanzo una altura de veinte metros nada menos. ¡Waoooo!¡Jajjajaja, soy libreeee, jujuju, Jack mira esto, cómo puedo saltar!¿Quién es Jack? Me digo de pronto y miro institivamente de reojo a la tierra y una voz me dice: 'Vuelve tienes todavía cosas que hacer, vagabundo solitario’. Loco de ganas porque la curiosidad despierta mi emoción voy saltando a pasos de gigante hasta encontrar un módulo espacial. Y de pronto aquel artilugio despega automáticamente, mecánicamente, y siento como un huracán que recorre mi estómago. La máquina me dice 'Bienvenido Apolo, las cosas han cambiado allá abajo, se te espera'. Aterrizo en un lugar desconocido y comienzo a caminar ¿Quién me espera?

En fin, un gran paseo siempre es un bullir de pensamientos en la cabeza, desordenados, y también es contemplar la cornisa de los edificios que ahora veo, no sé por qué me asombra el monumentalismo de algunos grandes edificios de esta ciudad, en la que por undécima vez aterrizo, me quedo alucinado con las increíbles figuras de sus contornos afilados. Son piedras esculpidas por la mano del hombre intentando imitar a Dios. Pero son más virtuosos los relieves de las montañas de la luna, que algunas veces dibujan caras y demonios y ángeles en perfectos espejismos. 'Fluye como la corriente, amigo, Jack es tu inspiración, no te pares a pensar corre, corre, porque en la Tierra hay espesos pensamientos que cubren como nubes negras las esencias, los núcleos'. Parece imposible pero sólo tengo que correr mirando el asfalto aunque ya pese mi cuerpo y sólo pueda saltar unos centímetros. Mirando los artificiales edificios grises, cosas inertes que me ayudan a quitar los remolinos empiezo a sentir la cabeza viva al ver tantas personas andando a mi alrededor. En un momento así Jack, seria mejor seguir descansando el ingenio en la penumbra de aquel acantilado lunar, pero comprendo que había estado forzando la paz exiliándome en el satélite solitario para poder meditar. Meditar sin tener influencias orientales, sin zen, sin budismo, sin creer en el espíritu. Quería pensar que pude mantener algo inmaterial dentro de mi corazón, la capacidad de recordar como amé antes de viajar a la luna. A eso es a lo que más temía antes de tanto viaje: no haber amado en la vida. Ah, la búsqueda del amor... Por eso fue que vencí al miedo cuando andaba solitario por Columbus street en la noche, rodeado de maleantes imaginarios, con los neones sobre mi cabeza, entrando en antros desconocidos, tugurios de miradas chispeantes en donde sabía que podía haber navaja, o lo que es peor pistolas, porque allí las había, desde el viejo Oeste hasta la costa de Fort Laudale. Entré en la vieja librería de City Lights sin saber que te iba amar en el futuro, sin saber que iba a ser librero por un tiempo, que iba a enfrascarme en un nuevo sueño imposible de ser escritor, siempre con las altas miras, como cuando paseo y olvido la acera, olvido los pasos que hay que dar y me concentro en las cornisas de los viejos edificios… Gracias Jack, gracias queridos blogueros...estoy otra vez en la Tierra, aunque se me escape una lagrimita cuando vuelvo a mirar a la Luna redonda.
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