14/7/12

Eco y reflejo de un paso perdido

Como cada día tenía que hacer un par de cosas sencillas, nada apetecibles pero bien planeadas. Como si temiera que algo no iba a salir bien se haría la pertinente radiografía para saber que las agallas están en su sitio mientras que los sucesos cotidianos del día se desarrollan en el habitual y esperado aburrimiento. Sólo un par de cosas como objeto de preocupación pasarán por su cabeza como un rótulo luminoso, y se preguntará si esos procesos mentales son como una prueba de vida, un lastre fundamental sin el que sería un día demasiado anodino como para no terminar en el pozo del olvido. No había nada especial que hacer como no fuese dar esos dos pasos en correcta ejecución y sentirlos como si todo hubiese sido un acto involuntario de dejarse llevar. Y desprenderse en esa inercia de optimismo por lo fáciles que han resultado las cosas después de tanto mareo, dejando que el azar se reivindique, como lo hace de vez en cuando. Lo que sucediera que fuese concebido como algo fuera de la tangente podría traer consigo algo inesperado que rememorar al final del día, cuando pones los pies sobre la mesa después de cenar y buscas un suspiro con el análisis rápido de lo que has vivido. Si la fortuna se ha cruzado en tu camino un abanico de hechos placenteros podrá desplegarse entre volutas de humo. Desde unas caricias, un olor, el sudor hasta la vibración del reflejo de la luna en la superficie del lago que llevas dentro serían unos buenos elementos para contagiar el pensamiento postrero del día. Así que lo mejor que podrías hacer por tí es que en el transcurso de lo programado le pegases un puñetazo en el vientre a lo previsible y te escaparas corriendo a una cita. Seguramente no se removerán los cimientos de tu existencia después de tal experiencia pero disfrutarás atesorando esa pequeña vibración que aparece en la intimidad individual como un orgasmo involuntario entre tanto tedio, cuando escribas el epílogo del rumbo de la jornada. Posiblemente de ayer a hoy no habrá cambiado nada pero en esas tardías horas no podrás concentrarte en la película de turno, que seguramente terminará siendo una reposición en su octava entrega, porque esos momentos te secuestrarán de diálogos y argumentos y serán el eco dorado que te hará sentir vivo antes de acabar profundamente dormido. Una hoja más de la agenda o del calendario desaparecerá porque otro día es otra cuenta y mañana este paso perdido de hoy será solo un reflejo en tu deriva...
Publicar un comentario