19/4/15

UN HOGAR PRESTADO

Con el sanbenito de aquellas normas restrictivas cada vez sentía más la calle como mi hogar. Me apunté al territorio de cualquier bar libre de prejuicios porque quería que me dejaran hacer mi vida y quitarme de encima, también, toda aquella preocupación nerviosa por el futuro. Tracé una línea, con un puerto o un destino para la evasión de mis vicios rutinarios y pocas veces como aquella había deseado propulsarme como un cohete. 
Todavía había mucho territorio que investigar, más allá de la frontera de las vías del tren que me aislaban, que aislaban nuestro barrio. El centro de la ciudad, de mi ciudad, había sido siempre un misterio para mí, acostumbrado a moverme dentro de los límites me frenaba en seco para otear el horizonte sin atreverme a dar un paso más. Así que lo del hogar prestado en cualquier bar humeante era un progreso, además con gente pululando, me gustaran o no, acostumbrándome al roce, como una galaxia de planetas que deben atemperarse con las diferentes energías gravitacionales. 
Y todas aquellas atracciones que sentía eran maravillosas, como un nuevo regalo de la providencia, quería sentir todas aquellas energías traspasándome, modulándome, rompiendo los candados de mi corazón…


Publicar un comentario