29/7/16

EN UN MUNDO CONVULSO

No hay nada más especial que lo íntimo, no hay terreno donde sea más absurdo parecer un buen chico, porque no caben prejuicios ni juicio moral. Es supervivencia dentro del deseo profundo, es expresión con las tripas y al que no le guste que mire para otro lado, que juegue para su distracción con los recargados ornamentos del espectáculo mundial del Ser Humano. Ya no hay búsqueda de romances ideales, no se ven las cimas que debían ser coronadas por el éxito entre tanta bruma. La carne ha vencido pero la carne es bella. No era cuestión de voluntad no haberse agarrado a alguien sino de que cuando el mundo daba señales de su colapso, a muchos nos cogió arreglando los cajones, debatiendo fundaciones de nuevos proyectos, situándonos en una realidad que parecía menos poética. Supimos que algo raro pasaba cuando pequeñas erupciones de lava comenzaron a brotar en nuestros corazones porque pensamos que era el fin del mundo. Las bóvedas de las celdas se ondulaban con los colosales movimientos de la fuerza vital largo tiempo atesorada. Saltaban esquirlas de los recovecos del templo. Se formaban ondas en lagos subterráneos que habían estado por mucho tiempo en calma. Como yo, que de la rígida roca me desprendí y me entregué al imprevisible viento. Y preguntándome cómo aprovechar aquella fuerza centrífuga en favor de mi íntima revolución, decidí ponerme a caminar sin más. Una riada de palabras no podía explicar tan valeroso impulso ni la incertidumbre que se cernía sobre mis pasos. Deseaba como siempre, en las calendas en las que se nos despierta el alma, abrazar con fuerza a alguien mientras el mundo cedía a nuevas convulsiones, pero ya lo deseaba caminando, posando los ojos en cada hechizo, como si pudiera ocurrir que cayera seducido en cualquier paso perdido.


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