3/2/17

LA HUÍDA

‘Súbete, te llevo a casa y me indicas’-su sonrisa se volvió pícara e irresistible así que no pude más que sonreír tímidamente y obedecer. ¡Por fin una auténtica locura!- pensé. Desde el principio sentí miedo morboso y una especie de conexión mágica, a pesar de que las alertas de peligro sonaban en mi cabeza como una alarma de luces giratorias tras su voz seductora. Durante el breve trayecto me contó que se había lanzado a la aventura de conquistar la costa Oeste de EEUU en aquel flamante coche y pensé: ‘otro buen idealista fantasioso encerrado en una burbuja de cristal como yo y deseando huir’. Compartíamos la pasión por la cultura norteamericana y me dio tanta envidia que deseé abandonar mi decepcionante rutina y escaparme con él. Emocionados llegamos al punto donde nuestros caminos se debían separar y después de charlar un rato en el aparcamiento con los ojos brillantes, animados por deseos coincidentes que no necesitaban palabras, me besaste apasionadamente y probando por sorpresa el sabor de tu boca me volví loco. ‘Ven, escápate conmigo’- me dijiste en el callejón de un polígono cercano, donde fuimos a follar discretamente. Levanté la cabeza, suspiré y acepté tu propuesta antes de poder asimilarlo. Me temblaban aún las piernas de placer cuando llegué a mi habitación, la habitación en la que perdí tanto tiempo. En media hora tenía preparado el equipaje aunque pensaba que ya te habrías marchado porque aquello tenía que ser una mala broma o un sueño fugaz. Pero no, allí estabas esperándome con una sonrisa esperanzadora. Cuando me monté en el coche me diste tres palmadas de ánimo en la pierna y un beso y cerré orgullosamente la puerta del coche, que no tardó en arrancar escupiendo polvo y humo a aquel barrio agotado por tanta caminata.


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