3/8/08

Cuidado con los güevos

Vale, me presento. Me llamo Manuel, un nombre corrientucho para un tío normal. Metro ochenta, constitución delgada pero de músculos muy fibrados, ojos marrones bonitos y grandes, pelo castaño oscuro, algo rizado tirando a lacio. Un español medio genéticamente propenso a los resfriados y a la vida tranquila. Sólamente atractivo, la naturaleza me podía haber provisto de mayor belleza o de mejores atributos, aunque ahora que lo pienso no me puedo quejar y un buen paquete si tengo, lo que pasa que eso no cuenta si no se enseña demasiado. Sí, he tenido que mencionarlo porque como buen español también he vivido supeditado a su poder y magna influencia. Se hablaba más de los cojones quizá, pero en su conjunto ha sido el símbolo del poder masculino en la España del siglo pasado. Metáfora del valor, de la masculinidad, en mi caso hasta el momento sólo me habían servido para mencionarlo cuando quería darme importancia o reafirmar mi opinión. Antes creía que de haberlos puestos sobre la mesa hubiera llegado más lejos en la vida pero desde que me di cuenta que las muestras de orgullo no llevan a ningún lado pensé que si lo hubiera hecho alguien los hubiera machacado con un martillo.

Todos creemos en las posibilidades que nos ofrece la vida. El sueño está al alcance de la mano siempre que se gane con una generosa dosis de esfuerzo. A lo mejor esto es la influencia del tan manido sueño americano del progreso. Una magnífica ilusión, a la altura de otros grandes mitos como Marilyn Monroe o Elvis Preisley. Pero luego la realidad es más bien como la vieja Europa nos ha revelado a través de los tiempos: un sistema de privilegios de unos pocos sobre muchos parece ser el motor de la humanidad, la metodología primigenia. Ni la Revolución Francesa fue el triunfo del pueblo sobre la aristocracia, el gérmen de la democracia moderna, sólo el cambio de manos del sagrado dominio, si lo miramos bajo esta lupa. Según este prisma el adalid de la democracia, el país más avanzado del mundo, EEUU, es en realidad un Imperio, más despiadado de lo que fue el imperio romano.

¿Y que hace un individuo tan corriente con esta clase de pensamientos en la cabeza?
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