31/8/12

Dos minutos

Cuánto tiempo he dejado de pensar en lo que necesito, quizás dos minutos. Es muy difícil sincerarme cuando lo que quiero es protegerme, es muy difícil sumergirse en escrituras espontáneas. Pero hay que decir que estoy funcionando de la mejor manera posible, con una firme determinación de ahuyentar las preocupaciones, de vivir el conjunto vacío como si fuera algo brillante y nuevo cada día. Convencerme de que el timón está bien agarrado y el barco se dirige a buen puerto. El breve contacto con la realidad no hará zozobrar la carga porque es un leve roce en la superficie. Aunque no hay tiempo para tomar conciencia es un no te olvido o no olvido porque no puedo pero prosigo. 

Es la estabilidad del vuelo superfluo, de echar un vistazo pero no detenerse para no saber demasiado, es pasear y no quedarse con nada más que con el paseo y el cuadro asombroso de las nubes cuando son consistentes y proporcionan belleza. Ya es positivo fijarse en esas cosas, azul y blanco entre tanto gris asfalto. Y este cielo de hoy no se ha perdido gracias a esos destellos fugaces, porque no olvido que hay que tomar aire de vez en cuando en la agitada marea de la situación. Ante esta sensación de paz me pregunto de qué sirve la verdad cuando lo que se cuenta como verdad acongoja, cómo no se puede preferir en tales casos la inconsciencia o dejarse arrastrar por la deriva de los sueños.

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