22/3/16

RESURRECCIÓN

Amor, quién te bendice ahora. Tu voz me hipnotizó, tus pestañas rizadas se movían cuando hablabas y mi corazón apuntaba al cielo. Pero llegó el olvido y me fui a descansar sobre una tumba mis delirios de don Juan confundido. En la debilidad del orgullo lo que creía historia fue una alucinación. Aquel jarro de agua fría paralizó la gallardía de mis pasos decididos, que tus atenciones y sonrisas mágicas fomentaban. Deliraba sobre una lápida gris, pero una voz dulce y poderosa se abrió paso entre la densa niebla y su suave música hizo callar a unos cuervos, que me observaban esperando que el opio del abandono me venciera. La caricia del sonido de tu voz humedeció mis ojos. Los abrí creyendo que mis párpados volverían a caer como piedras. Sólo el brillo perdido podría resucitarme, aquel del que caí encaprichado. No sabía que unos ojos poderosos me harían reincorporarme de aquella losa fría que estaba congelando mi corazón. Como una aparición fantasmal te acercaste flotando sobre la niebla y tendiéndome una mano nívea escuché tu voz mágica apremiándome: ‘Levántate, abrázame'. Los cuervos alzaron el vuelo malhumorados ante tu luz y al despegar el pecho de la lápida mi corazón recuperó tibieza. ‘¿Quien eres?’- susurré. ‘Soy ilusión y esperanza, levántate y ven conmigo’-respondió. Sus ojos verdes parpadearon sonriendo y acariciándome sostuvo mi barbilla y me levantó con un dedo. Cogiéndome de la mano me apartó del nicho oscuro y frío y me ofreció un cigarro, que acepté con los ojos cerrados. Lo encendí, respiré una profunda calada, sonreíste de nuevo y exhalando el humo desapareciste entrando en mí ante mis ojos incrédulos. Me encogí de hombros y continué caminando con renovada determinación, aliviado el peso de mi sombra.


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