3/3/16

VÍA LÁCTEA

Desde que me centré en ti, prólogo de un sentimiento, caricias son tus palabras cuando apagas el mundo y te acercas a mi oído susurrando. Confiesas lo bello que me encuentras recostado en la pradera del jardín de las delicias, donde todo reluce dorado por un sol de rayos horizontales. La luz de fuego naranja que seduce e hipnotiza cae sobre nosotros y nos descubre un ambiente de páramos plagados de sátiros y duendes desnudos. De magos y brujas que reparten licores y pócimas que evaporan la poca razón que nos queda. Brisas afrodisíacas remontan las verdes laderas y nos alcanzan mientras derrites mi boca cuando introduces suavemente tu lengua. Buscas hechizarme mientras reyes y caballeros se pelean por un reino de diamantes en el que abrimos una brecha con nuestro exilio de pacífica sensualidad. Bocados en la piel para erigirnos en un lecho circular que brilla en la oscuridad como una maravillosa estrella roja fugaz. Las sombras de la noche no nos alcanzan porque nuestros ojos recogen la vía láctea tiñéndose de plata y allí queremos dirigirnos. Aspiramos néctar de oxígeno estirando nuestros cuellos por si el amor flota en el aire y podemos impulsarnos con un brinco. Agarrados al cielo le damos razones al tiempo para que brille como el oro terrenal y lo entregamos todo al crédito de la pasión que nos eleva por un camino de plata. Todo. Los secretos, el espíritu, los regalos del deseo que habíamos estado guardando bajo siete llaves son entregados entre caricias. Tus movimientos me atrapan, promesa de que me vas a diluir en el cielo, de que vas a escuchar mi alma latiendo de orgullo sobre tu pecho abierto. Y no hay lugar para ascender a la gloria como la espiral que compartimos flotando y que nos conduce a un país de maravillas arquitectónicas diseñadas con nuestros cuerpos.


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