9/3/16

UNA FLOR EN EL ESPACIO

Se llamará Zinnia, es increíble ver de nuevo el color de la belleza, ver como crece y lucha por la vida en este entorno poco óptimo de artilugios mecánicos y gravedad cero. Cada vez que tengo necesidad de iluminar mi mente me apoyo delicadamente para observar nuestra primera flor en el espacio y soy consciente de la importancia que este gesto tiene para las generaciones venideras. Cuando el Hombre se detiene a contemplar la belleza de la naturaleza por puro placer asegura también una herencia de poesía, de bienestar y buenos sentimientos. Como esta flor que me está otorgando pensamientos románticos, palabras dulces de amor que difuminan cualquier crisis de fe. Esta planta que lucha por sobrevivir contra el moho con la ayuda de la infinita curiosidad del ser humano, nos enseña que no hay que desesperar en la búsqueda del progreso y que éste siempre dirigirá nuestros pasos en la buena dirección apoyándose y respetando los principios del amor y la poética. Zinnia me hace suspirar, me conmueve, despierta mi espíritu de cosmonauta aventurero que a veces palidece entre ecuaciones y números binarios y, sobretodo, me hace recordar los momentos felices que pasé en la Tierra. La observo y mi espíritu recupera la pasión que florecía cada vez que me entregaba en alguno de aquellos maravillosos encuentros. Regenera el deseo de hacer brotar una semilla de ilusión en un mundo desconocido. El recuerdo de las flores que dejé en la Tierra, a través de esta maravilla que cuido, me motiva cada día. Que alguna de ellas crezca con amor en mi corazón es el principio y el objeto de toda mi esperanza. Mi supervivencia será poder colonizar algún día un nuevo mundo y respetar su belleza. Allí encontraré la dulzura de unos bellos ojos que consiga hacerme levitar, volveré a sentir el placer y la felicidad del contacto íntimo que abandoné antes de partir al espacio. Desde aquí no puedo escuchar una voz alegre que me anime a ser libre, no hay caricias que hagan sentirme vivo, aquí hace frío y todo es neutro, pero cuando desfallezco me acerco a mi querida flor y me llena de energía la sonrisa de sus pétalos abiertos. Mis ojos se nublan, vuelvo a sentir el placer de la vida abriéndose camino entre tanta programación. Me inundo de sentimiento y abro mis brazos dejándome llevar por el impulso de un suspiro. Mi cuerpo flota hacia la escotilla y miro profundamente a aquel maravilloso planeta azul donde late y crece un corazón que algún día será mi refugio.




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