16/4/16

CELOS

Quiero entenderte más allá de la piel, más allá de esta frontera que reluce como el oro y el marfil. Y por eso estoy aquí, sentado en el borde de la cama sobre la que te has arrojado metiendo la cabeza debajo de la almohada. Intento llegar más allá de tu piel acariciándote, buscando una reacción dentro de tu cuerpo que te transmita mi cálida preocupación por consolarte. ¿Qué clase de melancolía, amor, te está afectando que no te das la vuelta y me regalas una sonrisa? Intento recuperarte besándote el cuello pero te dejas llevar por lo que oíste de alguna lengua maléfica. No importa, te sostendré en tu desfallecimiento aunque no quieras mirarme, la fuerza me la da el cariño que te profeso. Si las caricias no te alivian, ni los besos, intentaré explicarme susurrando palabras sobre tu oído. Reaccionas levemente negando con la cabeza a las razones de mi acercamiento sincero y lo tomo como un gesto alentador. Mis vibraciones en tu oído han conseguido acariciar tu desvelo. ‘Te amo’- te confieso y vuelves a enroscarte sobre las sábanas y el silencio. Comprendo que palabras tan rotundas suenen artificiales después de una crisis de fe. Me acerco para abrazarte y para que sientas mi corazón latir agitadamente por la pasión que me despiertas. El calor de mi respiración trata de reanimarte, no hay mejor máquina de la verdad que el propio cuerpo. Si las palabras no sirvieron quizás entregándote mi melodía interior pueda reconciliarme y calmar tu desamparo. No es cariño de un rato, mi cuerpo está sobre ti hablando con su propio lenguaje, y empiezas a creerme pues sientes cómo me provocas una turbación que no puedo remediar. Comprendes, hablándonos cuerpo a cuerpo, que nadie nos privará del erotismo de nuestra atracción mientras que vibremos. ‘Ven, date la vuelta’, te dijo mi corazón. ‘Sólo hay una cosa que quiero pedirte’, me dijo el tuyo, ‘que bendigas mis latidos con cariño y comprensión, porque he sentido celos’. ‘Lo bendigo’, te dije, ‘es donde encuentro tu belleza por mucho que mis ojos adoren tu cara y tu figura. Es aquí donde me refugio cuando no encuentro la manera de decir cuánto te quiero’.



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