6/8/08

Cayeron los gemelos

Y el mencionado incidente que cambió mi vida fue el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York (Wolrd Trade Center, WTC). Bueno este desdichado atentado a la vida lo presencié mientras comía en el Marsot de Madrid una ensaladilla rusa casera. Compartía mantel con un amigo y mentor y nos quedamos durante toda la comida con la boca abierta sin poder separar los ojos de la pantalla del televisor. Aquello fue un boom psicológico planetario. Muchas cosas cayeron en el subsconciente, lo más sonoro la vidas y la idea de un sueño. Pero en mi experiencia particular, además, una lección de lo poco que había que pensarse las cosas: apenas un año y medio antes estaba en el hall del WTC con los pies destrozados después de una caminata de cuatro horas por la Gran Manzana. Por unos minutos pensé si merecía la pena subir en el ascensor a la cima de tamaña mole para divisar la ciudad desde la zona más alta. Decidí dejarlo para otro de mis últimos días en EEUU. No hubo tiempo para volver y no podría arrepentirme más cada vez que lo pienso, cuantas veces me habré acordado de aquellos minutos en los que les daba vueltas a mis cosas como siempre, mis eternas preocupaciones, sentado en un banco de un vestíbulo apagado, que ahora recuerdo oscuro sin haber retenido cada detalle del entorno, ignorante, ignorante de todo lo que iba a pasar allí y de cuanto sufrimiento y de que nunca más podría haber subido a aquella cima.

3/8/08

Cuidado con los güevos

Vale, me presento. Me llamo Manuel, un nombre corrientucho para un tío normal. Metro ochenta, constitución delgada pero de músculos muy fibrados, ojos marrones bonitos y grandes, pelo castaño oscuro, algo rizado tirando a lacio. Un español medio genéticamente propenso a los resfriados y a la vida tranquila. Sólamente atractivo, la naturaleza me podía haber provisto de mayor belleza o de mejores atributos, aunque ahora que lo pienso no me puedo quejar y un buen paquete si tengo, lo que pasa que eso no cuenta si no se enseña demasiado. Sí, he tenido que mencionarlo porque como buen español también he vivido supeditado a su poder y magna influencia. Se hablaba más de los cojones quizá, pero en su conjunto ha sido el símbolo del poder masculino en la España del siglo pasado. Metáfora del valor, de la masculinidad, en mi caso hasta el momento sólo me habían servido para mencionarlo cuando quería darme importancia o reafirmar mi opinión. Antes creía que de haberlos puestos sobre la mesa hubiera llegado más lejos en la vida pero desde que me di cuenta que las muestras de orgullo no llevan a ningún lado pensé que si lo hubiera hecho alguien los hubiera machacado con un martillo.

Todos creemos en las posibilidades que nos ofrece la vida. El sueño está al alcance de la mano siempre que se gane con una generosa dosis de esfuerzo. A lo mejor esto es la influencia del tan manido sueño americano del progreso. Una magnífica ilusión, a la altura de otros grandes mitos como Marilyn Monroe o Elvis Preisley. Pero luego la realidad es más bien como la vieja Europa nos ha revelado a través de los tiempos: un sistema de privilegios de unos pocos sobre muchos parece ser el motor de la humanidad, la metodología primigenia. Ni la Revolución Francesa fue el triunfo del pueblo sobre la aristocracia, el gérmen de la democracia moderna, sólo el cambio de manos del sagrado dominio, si lo miramos bajo esta lupa. Según este prisma el adalid de la democracia, el país más avanzado del mundo, EEUU, es en realidad un Imperio, más despiadado de lo que fue el imperio romano.

¿Y que hace un individuo tan corriente con esta clase de pensamientos en la cabeza?

15/9/07

El ataque al Planeta Alameda

La Alianza Rebelde comenzó hace casi un año con una ofensiva en el Planeta Alameda para ganar el terreno a la diversidad en aras de su supuesta prosperidad y de la defensa del buen ciudadano. La perversa idea de luchar contra los hijos del lado oscuro para sustituirlos por el recto y bondadoso hombre parece imparable pero la fuerza de la República golpeará la conciencia de todos sus habitantes pues en su interior pervive la influencia del lado oscuro. Su pretendida limpieza sólo ha podido alcanzar de momento el paisaje del lugar pero se obstinan en su lucha contra el vicio y la corrupción con sus guardias de la moral y su idea de virtud. Quieren cambiar la base social, que les parece depravada y escandalosa pero que ha ofrecido refugio durante décadas a una diversidad de culturas y costumbres. Todo por el descanso del buen ciudadano pero el imperio de la naturaleza real del hombre les demostrará que luchan en vano...

8/9/07

El lado oscuro

Algo cambió con aquella película de batallas espaciales. Aquella en la que un oscuro caballero, elegantemente enfundido en su armadura negra representaba al lado oscuro de la fuerza pero también a un padre perdido en el camino de la lucha por la vida. Aquel señor poderoso perseguía a los rebeldes republicanos que formaban parte del lado bueno, los protectores de la idea de justicia universal y del sentir común del progreso. En mi psicología infantil era impactante que alguien pudiera con un solo gesto asfixiar al enemigo, que pudiera levantar objetos enormes y hacer temblar los cimientos de cualquier materia. Aquel poderoso hombre era una reconstrucción de alguien que en el fondo era débil, una mezcla de trozos metálicos y humanos que le costaba, además, respirar. Pero sobretodo era un cabellero de una orden mágica, un padre distante que estaba predestinado a unirse, al final, a la bondad de su hijo.

-Luke, yo soy tu padre

-¡Nooooo!- gritaba el protagonista como costándole entender que dentro de todo ser había un lado oscuro, una parte de maldad que era negada sistemáticamente. Pero era una parte que parecía tan atractiva…

Me sentía especial con aquellas gigantescas ilusiones de superhombre porque todavía no comprendía esa cosa tan profunda e inevitable que es la soledad. En mi locura infantil me conformaba con aquellos héroes y heroínas que podían difuminar todas las limitaciones y barrer del mapa a mis enemigos con un viento huracanado, un fuego arrasador o unos rayos láseres destructores. Aquellos héroes remediaban lo espesa que era aquella otra galaxia en la que no podía volar, allá fuera de los límites de la fantasía, donde no podía descontrolar porque fuera de la imaginación fantástica todo era respeto a los límites.


23/8/07

Volar o seguir soñando

Aquellos chicos sólo tenían cervezas, pipas, pitillos y música para aliviar la frustración de no poder salir volando con aquellas zapatillas de diseño, demasiado caras pero imprescindibles por si se podía botar sobre los muelles para salvarse, fuera de aquellos muros podridos por el moho y por el olor a orín, que aislaban al barrio de una ciudad que emergía en otra dirección. Había arte urbano en aquellas paredes que limitaban la frontera, dibujos que eran como gritos de furia en colores, quejas por el agobio de no ver salida, graffitis que representaba rostros desencajados, con grandes ojos abiertos que maldecían al mundo con un arma en la mano. Me daba cuenta de que no era nadie especial ni único por sentirme frustrado. Como todos había soñado otro escenario para despegar, pero si había algo que me hacía diferente era que me empeñaba en soportar ese peso a solas. Era muy raro que siguiera eligiendo ser un tío solitario y que para evadirme hubiera jugado a ser un seductor profesional sin tener madera. Sonaba imposible que desde aquel punto pudiera llegar a los lujos y comodidades que había admirado por la tele pero cuando cogía un puntillo volvían las ganas de Miami, de jacuzzi, de sexo con champán porque era un soñador.

18/8/07

Y entra un fantasmilla en el club...

Vale, parecía que había llegado al mundo real un poco descentrado pero daba igual, estaba luchando por el ideal de disfrutar del placer por el placer, bien harto de imaginarme las cosas, de recrearlas a solas en una habitación que todavía era de niño. Quería ya oler, lamer y comer como un perro contento, sin control de la razón, sin tener que pensar más que en la diversión pura y dura porque para eso estaba bebiendo cervezas y fumando pitillos en aquella plaza, para estar en la brecha y abrirme en el momento más deseado y punto. Lo de solucionar mi futuro lo iba dejando pendiente porque poco me importaba ya llegar a ser ‘alguien relevante’, la verdad, lo que quería era renovarme para expresar aquel fuego, triunfar como un buen seductor.

Había deseado la admiración de la peña pero por el momento no era ni popular en aquel lugar, sólo una extraña promesa que parecía haber quedado atrapada en una esquina con una cerveza en la mano. Como no había manera de acercarse a una de aquellas diosas morenas que se movían rodeadas de aduladores había que rebajar las expectativas y acercarse a alguien que despertara, por lo menos, el morbo del conocimiento íntimo. Al terminar la noche analizaba el terreno a ver si me podía colgar a base de besos en un aterciopelado cuello antes que volver a casa con el sabor de la derrota, pero pensaba: ‘Bah, vete, mañana será otro día'. Y eso era lo que me jodía, que controlara tanto y siguiera sin salir de aquel círculo cerrado. “Cuando llegue la oportunidad con mayúsculas no sabré que hacer”.

Con tanta reserva el deseo por estrenarme en las caricias nocturnas crecía alarmantemente conforme iba haciéndome cliente habitual del club. Pero como era un cabezón seguía aspirando a la corona de la seducción, siempre con el molde mental de llegar a redimirme por el triunfo de la noche. Demasiada frivolidad al imaginarme hasta dónde quería llegar para lo poco que estaba avanzando en el terreno. Cuando entraba en aquel escenario luminoso entre ruidos de copas y risas lo hacía con energía, con la espalda bien recta y el pecho fuera, mostrando los bíceps de mi gallardía. Eran momentos de nerviosismo y no miraba muy bien a la peña porque me cortaba al pensar que todos prestaban atención a aquella aparición inesperada. ¡Qué porte, qué elegancia! Me dirigía a la barra y la música acompañaba mis pasos. Un rayo de luz atravesaba mi cresta e imaginaba que toda la clientela agradecía secretamente que hubiera entrado aquel bombón a deleitarles la vista. Y el caballero relumbrón miraba de perfil mostrando su lado de la cara más atractivo, movía su figura como diciendo ‘aquí está el tío’ y se dirigía rígidamente a la barra para pedir una cerveza a Vane, con un ‘Buenas Noches’ a lo Terminator para demostrar lo chulo que era. Y después, cuando me apartaba para beber los primeros sorbos de cerveza y hacerme un pitillo tranquilo, todo se desinflaba y la peña volvía a su charla y todo volvía a ser normal. Bajaba la intensidad de los focos, se desinflaban mis músculos, perdía altura, la sombra de la columna en la que me refugiaba se cernía sobre mí. Miraba a las estrellas y me acordaba de cuando era importante en el refugio de mi habitación, con mis fantásticos héroes y heroínas que me tocaban las palmas al son.

11/6/07

En este espacio

No podía volver atrás, los días frívolos de la calle con la cervezita en la mano y viendo pasar a un rostro tras otro, un personaje tras otro, eran inolvidables. No podía haber más mundo en la soledad de mi refugio porque toda la fantasía que cimentaba sus pilares se había evaporado. Había descubierto un espacio abierto y libre, un ambiente, una pandilla, la misma entrega de varias personas a los gozos placenteros. Desaparecieron las ideas profundas, encontré otra vez la soledad pero en compañía y me sumergí en la vida social renunciando a la jaula de mi habitación. Así ya había estado hace tiempo. Los mismos libros en la estantería, los cajones miniciosamente ordenados, la misma pared a la que me quedaba mirando absorto y una pantalla reflejando lo que mis ojos no podían ver por sí mismos. ¿Otra vez la soledad entre cuatro paredes? No podía volver atrás. Era un territorio que ya conocía, que no calmaba la ansiedad. No, nada iba a ser igual. Cuando tenía que quedarme en casa entraba aquí para refugiarme y pensar en los ratos que pasaba alegremente con la Pandilla Habanilla. Para no sentir la fría soledad pasaba por un cable y frecuentaba una catedral de bóvedas inmensas. Me daba cuenta de que existía en otra dimensión, lo veía en aquellas letras. Quizás existía más que en aquel otro mundo exterior donde lo políticamente correcto era materia de opinión. Me refugiaba aquí cuando no estaba con Bea, con Jose 'el Reggaera', con Álvaro y con tantas otras personas que quería conocer. Aquel espacio virtual que sustituía la calle cuando no podía estar en cuerpo y alma parecía que estaba solitaria pero veía gente pasar a lo lejos, como chispas de energía. Cogía una pizarra y escribía lo que quería y esperaba a que alguien se decidiera a acercarse para sentarse a mi lado y opinar lo que le viniese en gana. En aquella catedral, oscura y colosal, se podía hasta gritar. Sí, escribiría para cuando viniese compañía para poder leerle un cuento. Esperaría allí sentado con mis letras recordando cuando estaba entre los brazos de la Pandilla Habanilla.