Quiero que me abracen. Necesito que alguien me estreche
entre sus brazos, que me transmita todo el poder del amor mediante ese simple
gesto. Lo veo claro ahora. Quiero un abrazo verdadero, lleno de sentimientos,
porque existen los abrazos sin sentido, disfrazados de maravillosos círculos
acogedores que pueden estar acariciando el puñal de la traición o el interés
puro y duro. El que busco es espontáneo, tierno, dedicado expresamente para mí,
que no sea calco o copia de ninguno. El que me puedan dar de buena gana sin
tener que pedirlo. Eso es compasión y lo que necesito es cariño. Busco el
abrazo que recarga pilas, el abrazo que me despierte al calor del impulso
irracional sin miedo: el de alcanzar los labios y retenerlos, el que sirve para
estrechar cuerpos y vibraciones, el que todo lo enciende…
Imagen CC @PasenyVean11
12/7/17
27/6/17
'ESTAMOS EN CONTACTO'
En la retaguardia se renuevan los deseos de volver
a poseerte, como de si mi propiedad fueran los minutos que vibramos pegados,
sudorosos, humedeciéndonos, devorándonos hasta despedirnos. Y ahora tu cuerpo y
mente están dentro de mí dándome una lección de lo que es un recuerdo flama,
que lo mismo me enciende en un callejón oscuro como en mi solitaria cama. Me
temo que esta vez son recuerdos serios por todo ese aire nuevo que viene y va y
que me refresca la mente y me entona la piel recordándote. El vello que se
eriza al sentir tu mano desde la otra punta de la ciudad, desde ese momento
pasado, posándose en la zona del pantalón que siento crecer ahora. Pronuncio y
repito tu nombre y dudo… tus gestos se grabaron mejor, tan claros que me
enciendo al revivirlos, y me doy cuenta de que es mi piel la que desea volver a
verte y de que mi conciencia de ser cabal e independiente se relaja en cada ola
de calor. Recuerdo tus ojos brillando tanto como entonces. Tienen tanta fuerza
tus gemidos en la memoria como cuando nos apoyábamos sobre ellos para llegar
tan lejos y tan alto. Y tengo que sentarme en medio de una calle pintoresca
para sostener tu nombre que casi se me escapa entre los dedos. Recodar cómo te
movías me hace revivir el éxtasis de la experiencia aquí en la linde de la
ciudad, a tres kilómetros de ti pero quizás más lejos. Y me doy cuenta de que te
hubiera necesitado, de que hubiera cambiado fácilmente cada puesta de sol serena
por la excitación de tu tacto. ¿Pero que fue lo que dijiste cuando nos
despedimos? “Estamos en contacto” y me desengañé al leer entre líneas de una
frase tan corriente. Y al final me veo conteniendo la respiración, sentado en
un viejo banco de piedra bajo la luz tibia de las farolas que se derrama por
las hojas de los naranjos, reconociendo que, como dijiste, así ha sucedido: a tres
kilómetros y dos semanas sin saber de ti, y a pesar de que tus palabras
vaticinaban lo contrario, he vuelto a sentir tus manos y por fin he recordado
tu nombre.
31/5/17
TE AMO
Tienes un don, no se cuál pero es uno que me gusta. Te amo
con o sin razón, quizá porque es un amor altruista. Buscaba a alguien como tú, ahora
que estoy seguro de que soy el hombre que he buscado toda mi vida. Por fin me
amo y me produce ternura. Pero hay una clase de belleza dentro de ti que
sobrepasa tu hermosura y mi amor propio, por eso te amo. Median razones contigo
pero la tentación es mayor y te amo porque caigo y caería mil veces, sí. Te
gusta seducirme y lo consigues cada vez que quieres, transformándote en deseo me
hechizas y no puedo más que amarte. Te amo por tu cuello de cisne que es la entrada
ideal para un rosario de besos. Te amo por el morbo que transmites… no sé qué
haces pero llega profundo, mientras yo no se cómo desmadejar mis nervios. Te
amo por tu perseverancia, por tu curioso interés en mí, que no soy nadie. Te
amo por la poesía y el drama que le pones a todo; porque eres seriedad y
diversión, te amo. Te amo porque con tu música se deshacen mis pensamientos
como pompas de jabón a mí alrededor, y aunque me vuelva un gato que las persigue
no te cansas de insistir hasta que das con la tecla que desconecta mi dispersión.
27/4/17
FLOTANDO EN UNA BURBUJA SEXUAL
Junto a ti era difícil apreciar que no había salido de mi
burbuja pues se había vuelto más agradable con dos ¡Pero para qué leches tanta
comodidad! La aventura me animaba a arriesgarme valerosamente y mi cuerpo lo
pedía. Si la semilla germinaba, tarde o temprano, nos convertiríamos en una
planta de bellísimas hojas pero también de espinas, pues tendríamos que compartir
nuestros conflictos más íntimos después de haber compartido toda la ilusión. Había
aceptado que tenía que ser más transparente y me desconcertaba seguir sintiendo
reservas. Me desconcertaba tanta fantasía y tanta estrategia. La imaginación
era fría, demasiada fría, en realidad, como para que las sintieses como flechas
penetrando en tu pecho ¿Pero es que no había aprendido nada de aquellos años de
locura? Algo aprendí cuando buscaba a alguien que no era yo, cuando creía que mi
fe ciega iba a materializar el amor en cualquier rincón, persiguiendo a personas
vitalistas que brillaban devorando la vida, que andaban pegados al instante sin
ningún pudor. Y yo los seguía rezagado, soñando ser como ellos que no
necesitaban a nadie para quererse. Haciendo méritos para que me quisieran hasta
ofrecía mi cuerpo si aquello me conducía al paraíso de los sentimientos. Después
buscaba conversaciones profundas en las que me creía ciegamente los cuentos
ajenos mientras que, tartamudeando, intentaba colar los míos. En realidad, sólo
hablaban de sí mismos y sospechaba que era deseado como cualquier joven de
piel de melocotón y no porque tuviese un aura especial que me hiciera distinto.
Y yo mientras flotando en una burbuja sexual que me trasladaba sobre nubes de
algodones, seduciéndome con la idea de atrapar en mi espacio circular a una persona
excepcional que fuera capaz de amarme sin medida… lo que yo no hacía. Pero, en
fin, el camino seguiría provocando encuentros, dosis de una intimidad intermitente
y complaciente, y quizás en otro de aquellos asaltos, en otra de aquellas
piruetas sexuales… la riada de un amor profundo.
11/4/17
IRREMEDIABLE VIAJE HACIA TI
‘Nos alejábamos de
nuevo de las personas como un cometa pero restábamos kilómetros al nuevo mundo
soñado. Era asombroso, la naturaleza se difuminaba en la oscuridad y se reducía
a un resplandor circular en el asfalto. El reflejo en nuestros ojos
transformando las imágenes que nos rodeaban en óleos abstractos. Era tal la
explosión sensorial que recibíamos de las montañas serpenteantes que parecía
que se acercaban alargando brazos amenazantes de piedra. Y nosotros arrojábamos
gritos de júbilo como defensa, gritos que rebotaban en las paredes rocosas y
volvían potenciados por el eco…’ Conducías en silencio y yo absorto en mi
burbuja literaria de linterna. Encendí la radio. El blues sureño me ayudaba a trascender.
Las palabras fluían en mi cabeza en un manantial revolucionado. Intenté
hablar pero mis expresiones eran tan mentales que no pude articular palabra. Te
pedí ayuda haciendo esfuerzos telepáticos, pero ya me habías rescatado una vez.
No era justo exigir más de ti pues sabía que me deseabas. Pero ya me habías
cautivado. Y estando seguro de mis sentimientos no entendía porqué no salían a
través de mi boca declaraciones de amor exaltadas cuando entraban fácilmente en
el ordenador. Escribiendo frente al foco de una pantalla resplandeciente, al
menos, suavizaba mi potente monólogo interior y relajaba mis inquietudes. Construir
una historia de amor era un proceso muy elaborado y necesitaba profundidad, por
eso creía que, tarde o temprano, teníamos que hablar. Es más, deseaba escucharte
atentamente para conocerte mejor, para saber tu versión de la realidad, si todo
era una breve ensoñación o si también te ilusionabas al hablar. No era tan
descabellado conseguir sincerarse en una conversación cara a cara, íntima, sobre
lo que estaba pasando entre nosotros. Tú querías libertad. Yo, realmente,
quería interesarme por un vasto mundo lleno de gente diversa pero mi atención
decaía a tu lado. Tu fuerza de atracción se imponía porque era tu conquista lo
que verdaderamente anhelaba y mi victoria que la riada de mi corazón inundara
el tuyo. Peor aún, tenía la osadía de molestarme porque exigía ser
correspondido, más allá del deseo, con toda el alma. Pero en aquellas
circunstancias, dos solitarios con dos mundos paralelos en órbita, era normal
que sólo escribiera cuadros de naturaleza reflexiva y declaraciones secretísimas
de amor. Lo mío era vicio. Sabía que no me hacía nada bien detenerme en tantas
reflexiones y yo erre que erre, cuando tenía aquella fulgurante aventura
pintando paraísos delante de mis ojos y te tenía a ti desprendiendo calor a mi
lado. ¿No notabas mis lágrimas de emoción? ¡Cómo ibas a notar que te estaba
entregando mis pensamientos! Pero, en fin, guardé silencio. La música
elevándose en el desfiladero, una piedra bloqueando mi garganta y un ‘te
quiero’ perdiéndose en el abismo del silencio. De momento, la montaña me había
vencido… Callé pero entendí que no podía controlar tu hechizo, que era irremediable
mi viaje hacia ti.
25/3/17
MAREA DORADA POR UN BESO
Qué poderosa era la imagen que estaba recibiendo de la
naturaleza: azul, verde y dorado enmarcando el sensual perfil de tu rostro. En
tus ojos descubrí, emocionado, el reflejo de la ilusión que estábamos sintiendo
por todo lo nuevo. Con la mirada quería decirte lo que no me atrevía a poner en
palabras ¿Porqué tenía que filtrar todo lo que el corazón me iba susurrando? Deseaba
hipnotizarte, pero era tu mirada la que me seducía. Deseaba que me lo pusieras fácil porque me impacientaba tu aproximación
intermitente. Quería preguntarte por qué jugabas con mi corazón si sólo deseabas
momentos aunque, pensándolo bien, me conformaba con el vértigo que sentía cuando
acelerabas el auto y gritabas que nos íbamos a comer el mundo. Como un rayo
quemábamos una autopista que cruzaba extensos campos dorados de trigo. El
viento formaba ondas en sus lomos como la marea dorada de un mar amarillo. Teníamos
que probar la caricia de sus brotes, planear como avionetas y peinar los rizos
de oro de aquella maravilla. Levantándome señalé el horizonte dorado y
aceleraste con locura sumergiéndonos profundo en el corazón del trigal. Saltamos
corriendo del coche. Iba siguiendo tu estela y te burlabas porque no podía
alcanzarte. No recordabas que estaba aprendiendo a volar y terminé derribándote.
Rodamos y forcejeamos, pero me dejé ganar. Te revolviste y me agarraste con
fuerza mis muñecas. Me presionaste con todo el peso de tu precioso cuerpo. No
sentía como un desafío tu furia sino mi placer, pues me gustaba tu presión y tu
respiración agitada sobre mis labios. Volví resistirme y descubrí con placer que
te encendía mi rebeldía, que te encendía que quisiera liberar mis manos para defenderme,
que te ponía a cien un ‘buen pulso’ al filo de un precipicio. Y luchando con
valor, bajo un fuego intenso en el mar amarillo, intenté vencerte con un beso pero
con tu lengua conseguiste desarmarme…
11/3/17
TU DESNUDO DE ARENA
Te oculté que mi deseo se estaba mezclando con sentimientos.
Me ruborizaba pensar que estuviese precipitándome cuando principalmente lo que
habíamos tenido hasta el momento era una intensa química sexual. Tan poderosa
que afectaba al vuelo de mis reflexiones. Pues era volver a sentirla jugando
duro con mis hormonas y perdía la cabeza de nuevo. Y como no aguantaba las
ganas sentía el impulso de pedirte que nos desviásemos de la carretera para lamernos en un desierto desolado. ‘No hay límite,
no hay límite’- escribí- ‘Me entrego
a la fuerza de este deseo sin miedo’. E hicimos el amor, hicimos el amor en medio de la nada. Tuvimos nuestra primera noche de
pasión al aire libre. Rebozados en arena disfrutamos de un increíble amanecer de
fuego y sudor. Aquella mañana intenté escribir pero no podía dejar de mirarte, seguíamos
conectados por una corriente de morbo poderosa que no cesaba. No podía
levantarme a coger el ordenador, no podía cometer el pecado de pensar junto a
tu cuerpo. Una imagen había quedado grabada en mi mente: la de tu desnudo de
arena recibiendo los primeros rayos de sol. Como para ocuparme de asuntos literarios,
no importaba, aquel breve momento de sublime belleza eran ya las palabras en mi
libro. Tenía que retratar aquel momento inolvidable antes de que la memoria
difuminase su brillantez, pero prefería la distracción de tu hermoso desnudo a
adentrarme en los recovecos rocosos de mi mente. Fue toda una creación
artística refugiarnos del desierto en el oasis de nuestra humedad tibia. La ilusión
sentimental conduciéndome a tu profundidad, mi lengua pretendiendo comunicártelo,
mis dedos escribiendo una declaración de amor a través de cada caricia. Y mientras tanto aquel
sentimiento emergiendo, deslizándose para encontrar un camino tibio hacia tus
pensamientos que no fueran palabras…
#Bodyland. Visto en beratistbeart.com
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