6/2/19

LA DANZA DEL CHINO


San Francisco. Junio 1997.

Vuelvo a Frisco y, tras coger la máquina del tiempo y trasladarme unos años atrás y en más de mil kilómetros, me veo paseando por Columbus street. Estoy un poco sorprendido porque a pesar del miedo que llevo encima a lo desconocido he decidido ponerme el mundo por montera y salir a la calle a investigar. En ningún momento me he planteado quedarme en el hostal hippie Green Tortoise encerrado en la habitación por miedo, pero desde luego no iré muy lejos; sólo dar unas vueltas a la manzana, tomarme unas cervezas y no alejarme mucho porque sería como una aventura demasiado fuerte adentrarme en la jungla de asfalto, que en esos momentos para mí estaba llena de peligros, como delincuentes armados hasta los dientes y asesinos en serie, fruto de tantos años tragando películas de acción. Pues bien sí, mi amigo me había prometido que me iba a alojar en casa de la abuela de su pareja en Reedwood City cuando llegara a Frisco, pero dado que habían gastado demasiado en teléfono la pobre señora dijo que allí no entraba ‘a fucking spanish more’.

Hace frío en San Francisco, el asfalto de las calles está plateado y moteado por los reflejos de colores de los neones gracias a una lluvia que no he visto. Las luces son de los sex shops que pueblan las calles adyacentes que me llaman con sus interiores inquietantes, pero no me decido a entrar porque me parece demasiado y el miedo me hace pensar en robos y violaciones. Me sorprende que todos los homeless (vagabundos sin techo) que me encuentro me sonrían amablemente pero no consiguen ahuyentar mi miedo sino alarmarme, y termino pensando que la calle podría ser muy dura si seguía caminando y alejándome del hostal. Decido ir al bar que estaba al lado y tomarme un par de pintas de la cerveza más espesa que había probado en mi vida. Y como me animo tiemblo de emoción por todo lo que tenía por delante que vivir cuando le echara cojones ¡Sí, joder, aquí está el sueño americano, prepárate! Pero es la una de la madrugada y todos los lobos urbanos deben andar sueltos en busca de sus presas.

Vuelvo al hostal y me dirijo al salón comunitario. Todo muy hippie, cena gratis y cervezas en la máquina, mmm. Hay tanta gente joven reunida de todas partes, europeos, mejicanos, asiáticos… Algunos tocan la guitarra, borrachos y fumados. Sí, fumados, porque hay una gran nube densa que cubre la atmósfera y un olor a…hierba que coloca sin tener que dar caladas. El lenguaje y la timidez me hacen sentir cohibido y solo observo manteniendo las distancias, pero como estoy agotado y algo beodo decido sentarme en un sillón desfondado junto a otros huéspedes. Entonces un joven chino comienza a hablarme, —un joven chino hablando mal inglés a un joven andaluz hablando mal inglés—, y no lo puedo entender bien pero nos comunicamos. Charlamos y gesticulamos, fumamos y todo se va aclarando hasta que surge la conexión por la influencia de la cerveza y de la hierba. En la nebulosa consigo entender que en China lo habían encerrado por homosexual en una celda diminuta durante días y que se habría vuelto loco si no hubiera sido por la meditación y por aquella extraña coreografía que me interpretó al momento —luego supe que a aquello lo llamaban Tai Chi—. Afortunadamente solo fue un arresto por escándalo público y tras salir a la calle comenzó a planear la gran huida del país. Y todo había terminado allí.

Me sentí feliz por él pero pensé que de alguna manera yo también estaba huyendo de algo. Era muy tarde ya y el joven chino comenzaba a arrimarse demasiado con ronroneos felinos, me excusé alegando que estaba borracho, fumado y cansado, —cosa que era verdad— y me fui a acostarme a la habitación comunitaria, que olía a queso amargo y sonaba como un ogro. Tardé en dormir pues en mi cabeza cansada retumbaban los ecos de la danza del joven chino en una celda.





30/1/19

EL PUENTE DE CRISTAL


No nos atrevemos porque nos meten miedo en el cuerpo; aunque realmente el cuerpo no lo manejamos nosotros, —qué manejamos—, ni siquiera los pensamientos, que nacen involuntariamente, como correcciones desde afuera, desde el camino recto. De ahí las amenazas y los ultimátum para que seamos personas líquidas en un molde de cuarzo, en una sólida base irrompible, inflexible, inamovible. 

Nos dicen: Toma este camino muchacho será lo mejor para ti. ¿Y quién lo sabe? Si nos habéis entregado unas alpargatas para cruzar este puente de cristal resbaladizo. Peor aún, nos las habéis arrojado desde el techo de cristal por el que os vemos volar de continente en continente. Creíais que habíais alcanzado el porvenir del cielo, cuando vuestro porvenir es volver a la tierra y mirar al cielo igualmente, o mirar adentro,  arrimándose a este coro mundano en el mismo y último aliento.



10/1/19

¿EL AMOR DENTRO?


Creía que se podía escribir automáticamente sin pensar, soltar palabras para derramarme como un grifo abierto, a una velocidad que nace la inspiración entre la lógica de los pensamientos y la confusión de los sentidos pero hay freno. Por qué detenerse a pensar si el deseo es descubrir misterios ni siquiera conocidos cuando funcionan como datos en una máquina de ceros y uno; por qué no creer en la aparición espontánea de algo que fuera una invención, algo fortuito entre esas cosas tan pesadas que son como engranajes del comportamiento y que poco tienen que ver con la improvisación y el deseo. El amor mismo, que está escrito en la memoria como un romance moribundo, ya no es ni moderno, está pasado de moda, desfallece por momentos. Queda la chispa de la piel que no se sabe si prenderá en un océano.

De todas formas, las ilusiones narradas también parecen caducadas, porque después de toda la movida que nos contaron del amor, esa parte que nos faltaba para completar la naranja entera, empezaron a contarnos que la habíamos llevado dentro, siempre completa. Y entonces qué tonto me siento, ¿para qué tanto tiempo huyendo o buscando? Ningún dios nos dividió en dos, en sujeto y complemento, masculino o femenino; nada separó a seres que tenían cuatro brazos, cuatro patas y dos sexos como no fuera el Hombre mismo…

Y de pronto empezaron a contarnos que no éramos ni dos ni uno, sino muchos en uno, y yo ya no sé qué pensar desde que me enteré que no hay que buscar amor fuera sino dentro, pues me siento como una isla, me siento como un convento.





14/12/18

SEREMOS LIBRES


Seremos libres aunque nos haremos el favor de recordar que vencimos al oleaje construyendo sueños nocturnos de amor. Además de soñadores seremos fruteros de nuestro cultivo, poetas de los paseos, escritores de recetas saludables para mirarse a los ojos y hablar menos.

Cuando lleguemos a grande seremos… constructores de mundos nuevos, el joker de la baraja, filósofos de los sentimientos, y tres o cuatro cinco cosas más porque no va a dar más tiempo.
Seremos temblor y abrazos, seremos piel, pues se escriben mejores cartas desde los suspiros y las caricias, —para qué harán falta tantas palabras… escribiré un millón antes de descubrirlo—, seremos fabricantes de besos y de puentes, libres de elegir la independencia en el regazo de unos brazos o de mil.

‘Y no sé qué haría sin ti’ pero seré libre de destinos, del tiempo, de celdas y castigos. Seré libre porque nos encontraremos en cada gesto, en cada sonrisa de la calle, nos encontraremos sin salir, sin ver a nadie en concreto.

Y seremos más amorosos, más espontáneos, más sensuales, más inocentes y, al final, coincidiremos en el placer de los jardines sagrados de todos los barrios.

¿Pero no será que ya es posible abrazar todo esto? Será que no nos atrevemos…



23/11/18

EROS GASOLINE


La belleza en ti, la armonía de tus avances en el ritmo que te acerca más de lo que crees. Te puse la mano en el abdomen e intenté retener la imagen de tu cuerpo, duro y persistente, pasando sobre mí como un tranvía que recoge momentos sin detenerse en el camino. Pude observar la luz divina de la farola filtrándose en un flequillo perfecto, derramándose gradualmente en tu piel que avanzaba desde de la sombra.
¡Clic!, una fotografía perfecta para registrar en la memoria como instante gozoso, como silencio primordial —ese que hubo antes de los pensamientos—; una instantánea como armonía inesperada que detiene el tiempo antes de agitarse en la corriente de la línea temporal de la rutina.
Fuego, sudor y orgasmo en un solo momento; minutos almacenados que se siguen saboreando como solitario remedio, pues puede que no volvamos a vernos. ¡La vida en pequeñas dosis, la belleza que se escapa de las manos pero que se mantiene en el cerebro como gasolina!
Deseo o fe, más bien Eros y esperanza; el banquete de la vida o los paisajes del futuro que se disuelven en los ríos del presente. ¿Lo que ven nuestros ojos o lo que pinta la imaginación en un personaje de cuento?



14/11/18

DESDE LA SOMBRA


Revive la necesidad de volar para recuperar el tiempo perdido en que el aire nos llevó y la corriente nos arrastró en una plácida renuncia de la competencia salvaje. Fue entonces cuando un pequeño brillo de conciencia dijo: ‘¡Despertad!’. Habíamos estado mirando las estrellas y no dejábamos de caer en pozos profundos. Pero otro sol brillaba e íbamos alcanzando grados de tibieza, un rubor en las mejillas que nos vivificaba, que nos había convertido en flores de una nueva vida… desde la sombra.
Nos habíamos lavado las manos en esta desdicha de mundo. —Aquí no hay tú—. ¡Qué paradoja! La misma razón necesitaba de autocontrol, como si hubiera que pensarlo todo, como si hubiera que apagar el fuego de la indignación, que crece en el pensamiento desde el mismo momento en que brotan las palabras heredadas por el engaño. —Cuánta gravedad, cómo pesan los sujetos y objetos de la realidad sin el impulso de la mano invisible de una autoridad que naufragó —. Despertamos sumisos contemplando un mundo puesto del revés y nos reconocemos zombis. ¡Menudas ojeras de mirar dormido y cómo deslumbra el mundo ahora! Y es entonces cuando nos miramos las manos, las manos suaves de estudiantes, y tenemos la necesidad de apuntar al horizonte sin pensar en el futuro y de sentir la tierra moverse por las cosquillas en la planta de los pies dormidos.





Image credit: iesnoth (https://iesnoth.deviantart.com/art/Jekyll-and-Hyde-408705228)


4/11/18

AMOR TECNOLÓGICO, sexo de invierno.


‘En tu ventana sonido de agua, en mis oídos viento, golpes como lluvia latiendo’ -recordé aquella estrofa del ‘poema de Paulina’. Paulina sólo tenía dieciocho años cuando la escribió pero ya sabía lo que era la decepción amorosa y no pudo expresarlo mejor con tan pocas palabras. La coincidencia me alarmó ¡Era una señal que hubiera recordado aquel poema! Había dejado de creer en el amor platónico, desconfiaba ya de los deseos desproporcionados, desconfiaba hasta de la belleza magnética que forma ilusiones y metáforas en los pensamientos. Y de pronto otra vez, con esta fuerza, surgen corrientes de fantasías de un amor troyano en el que uno se ve como un lindo guerrero, un sabio seductor que cree que puede atrapar a una divinidad, que se escapa en los momentos corrientes y que te atrapa justo en el balance melancólico del crepúsculo. Entre el sabor de la derrota en el balance del día se descubre, sin embargo, la dulce miel del Eros en el remedio de la comunicación a distancia. Y sientes el impulso de sacar el móvil del bolsillo para temblar de placer con alguien que te saque de la norma, de la postura de misionero y del tiempo que avanza sin caricias en la piel. Entonces enciendo el móvil, Platón, y acudo a un banquete, en un discurso sobre el amor tecnológico, y hablo con cuerpos divinos que me cuentan de la vida real y del sexo de invierno.