18/7/13
El amor
¿El amor es creación entonces? Lo creas y lo disfrutas o
sufres. Mejor si es con el favor de la otra persona y aún mejor si se corresponde
con un sentimiento noble, una idea del amor que ha ido creciendo según crecía.
La intensidad de la respuesta generalmente es dispar, es maleable, según
interpretemos la recompensa a nuestros esfuerzos y nuestras intenciones. Quizás
lo has sentido con mucha intensidad si no ha sido declarado, si no ha habido
respuesta que lo matice. Es el amor platónico pero esto es una locura juvenil
que se puede inflar como un globo de helio sin motivo que de pie, porque este
amor puede alimentarse de la apariencia, de unas palabras amables, de una mala
interpretación. Lo mismo que viene se puede ir porque caigas en la cuenta de
que es una quimera y todo esto da paso a la amargura hasta que aceptas y buscas
otro pasatiempo.
Luego está el ensayo del amor, ir probando como quien dice,
asegurando que se ofrece amor aunque no estés muy convencido. Las oportunidades
crecen si no se pone tanta carne en el asador, si no hiere la decepción. ¿Pero
quién lo maneja tan bien? Puedes vivir lo momentos más felices de tu vida en el
instante pero después las cosas se matizan. Recuerdas experiencias pasadas y te
preguntas ¿Era eso amor? Cuando la medida la da el tiempo, la edad, el cariz de
las experiencias… Siempre un viaje superado por el tiempo pero que también se
puede divinizar cuando se recuerda borrando los peores momentos. Finalmente
existe el amor absoluto, el causante de todo este galimatías…
24/5/13
Polvo de estrellas
Lo esencial de la vida en los momentos que está tocando
vivir es no pensar en el dinero, no pensar en un prestigio profesional, no
alarmarse considerando que se está tirando tiempo por la borda. Disfrutar del
regalo de la vida, del entorno natural que se cuela entre tantos bloque de
edificios, briznas de hierba verde, pájaros fugaces que cruzan la inercia del
imán que es el hormigón urbano y que me recuerdan en un sobresalto que todos
construyen sus nidos entre cuatro paredes. Seguramente para prolongarse en
otros cuando yo lo hago sobre mí mismo, pero ya se que lo mío es la
supervivencia de una identidad por un rato. Gesta poco ambiciosa si la comparo
con la línea temporal del Universo, que es vida en mayúsculas y parece eterna. Pero
he descubierto que mis partículas un día serán polvo de estrellas.
No es conformarse con poco es apreciar un fundamento
esencial, la vida se abre camino por sí sola y quizá para eso no sea importante
mi nombre, lo que haya hecho, sino simplemente que haya existido y eso es
garantía de que perduraré, aunque no haya dejado simiente en forma de progenie.
Quizás mis actos, mis palabras, los momentos que haya creado sirvan para
modificar la vida de otra persona (ojala que siempre haya sido para bien)
porque me importe que mi huella pueda permanecer en la memoria durante otro
rato más, pero lo esencial, como digo, es que mis partículas se fundirán en el
espacio entre polvo de estrellas.
Tu tienes dignidad poética, lo que no es nada para otros
para ti es una resistencia heroica a la tormenta perfecta, como quilla que
rompe los golpes de mar. Eriges ese desafío sagrado frente a un dios salvaje
que selecciona, que nombra a los elegidos en un mundo cada vez más desigual.
15/5/13
Quince de Mayo (15-M)
La política da asco, la economía también y ahora, me cago en
la ostia, la justicia porque acabamos de descubrir que no es igual para todos.
Quien lea esto quizá piense mal sino se aclara que no soy un loco ‘outsider’,
ni un antisistema, ni un radical. Pensará mal si se saca fuera de contexto, si
no se aclara que estas palabras fueron escritas en España a quince de mayo del
2013. Acotándolo no cabe duda de que es el sentir general de la mayoría de los
ciudadanos, pero no hay que alarmarse nosotros somos pacíficos, recibimos los
golpes sumisamente. Nos están aplicando la ‘doctrina del shock’ ¿Cuánto
despropósito tiene que respirarse en el ambiente para que una persona tranquila
llegue a sentirse indignada?¿Cuánto hace falta para dar definitivamente un paso
adelante y decir basta? Parece que nos dirigen en la senda de analizar cosas
más abstractas, imperecederas, a una observación que se aleje de la coyuntura. Puede
ser que les interese más, puede que la crítica se diluya en redes sociales
amplias, deshumanizadas. Así queda constancia de la protesta pero no hay
presión, no se pisa la calle. Se pone uno a analizarse cuestiones abstractas
del comportamiento que arrastramos de largo recorrido de experiencia social,
pero también nos podemos distraer con las superlativas como las filosóficas,
como el sentido de la vida, la felicidad, el amor y la muerte, y
particularmente dejas de pensar en tu vida (futuro) Quizás sean incógnitas tan
irresolubles que nos hagan caer en un nuevo nihilismo pues son debates de por
vida, que si se generalizan generalmente te arrastran a un estado de ánimo de
tono insatisfactorio. Añadiéndole los problemas más terrenales existe el
peligro de que se pueda llegar a un grado superlativo de desazón. Muchas veces
no se da para más y la observación detenida de la gente parece indicar que
muchos lo que quieren es pasear tranquilos, quizá porque puede que la compañía
haga mucho para despejar la mente. El vagar solitario del pensamiento, sin
embargo, puede elevarte a dichas abstracciones pero parece que tampoco ayuda a
diluir la indignación, por eso no hay nada como mayo para recordar que es
necesario pasar a la acción y decir basta…
10/5/13
El reptil
El joven corre tras una
lagartija, se cruza una imagen por su cabeza pero la borra porque no quiere ver
cómo la meterá en el tarro de cristal, todavía no. Todos los chicos cazan
bichos. A él los insectos le dan asco pero las lagartijas, salamandras, sapos y
ranas le gustan mucho. Todo lo que no sea crujiente y pequeño como para meterse
por un oído. El bicho verde comete un error y sube por una encalada pared como
para exhibir la belleza de su pequeña silueta. Disfruta de sus últimos momentos
de libertad porque después se tendrá que acostumbrar a una cúpula de cristal y
dos ojos almendrados gigantes que analizarán todos sus relieves, esas dos
sombras amenazadoras que le atemorizarán con una perturbadora curiosidad. Por
la noche coge a la salamandra y la saca del bote de mermelada para enseñarle
las estrellas que se ven en la entrada de su casa. Un muro de vegetación
frondosa lo separa del lago, donde las ranas croan sin cesar. En la escalera de
madera del portal se sienta con el dinosaurio enano de tacto rugoso que,
culebreante, intenta safarse del hilo que le ha atado a una pata para que no
sea un fugitivo fulgor verde de la memoria. Aunque examina la maravilla de
reptil que tiene como prisionero no puede adivinar la angustia que siente el
animal al no poder ir más allá de su esfuerzo ímprobo, cuando antes no tenía
límite, pero el chico comienza a descubrir que a todos nos tienen un poco
cogidos por un cordel metafórico a las noches plateadas. Y si no qué eran ésas
insistentes miradas al espacio profundo que sentía inalcanzable, qué eran esas
ganas de volar...
6/5/13
Pasarratos
Pasarratos, así se llamaban las bolsas de frutos secos que
devorábamos para calmar la ansiedad y darle un empujoncito al tiempo y que no
se notasen tanto los pensamientos. Escribir como pasarratos es más complicado
aunque tiene también sus beneficios. Te puedes encontrar con garbanzos duros
que te hacen rechinar los dientes o con cualquier cosa amarga, pues con esto de
la escritura pasa igual. Al fin al cabo la cuestión es hacer algo cuando no se
tiene nada que hacer aunque las mordidas del tiempo puedan alcanzarte y algo
duela, como cuando te muerdes la lengua. Lo que ocurre es que escribiendo lo
mismo coges la tangente y te pones a soltar cosas. Qué rápido se pasa el tiempo
y comiendo pipas más pero si escribes algo queda, por eso hacerlo con la misma
fruición que se hacen las cosas que no dejan nada, que son por puro vicio.
Escribir, cómo me gustaría que fuera mi vicio.
Como siempre, éste es otro comienzo, abro este paquete, ya
hasta cuando dure y que salga lo que tenga que salir, pero que quede algo más que
hipo y sed. Para no aburrirse y producir, para dejar algo cuando no hay más
legado que las palabras escritas. Porque dicen que mis manos son mi capital,
más que la cabeza. De ella no confío que salga algo relevante, quizás cosas
buenas a veces, pero nada determinante que me descubra a los desconocidos, en
definitiva tampoco nada desconocido que descubra de mi. Porque más que charlar
me sale observar y reflexionar mucho, pero con mi cuento. ¿Todos llevamos un
cuento encima para ir pasando, no? Así que creo que observando tampoco se
aprende tanto como dicen porque siempre tenemos por norma la pegajosa
interpretación…
31/8/12
Dos minutos
Cuánto tiempo he dejado de pensar en lo que necesito, quizás
dos minutos. Es muy difícil sincerarme cuando lo que quiero es protegerme, es
muy difícil sumergirse en escrituras espontáneas. Pero hay que decir que estoy
funcionando de la mejor manera posible, con una firme determinación de
ahuyentar las preocupaciones, de vivir el conjunto vacío como si fuera algo
brillante y nuevo cada día. Convencerme de que el timón está bien agarrado y el
barco se dirige a buen puerto. El breve contacto con la realidad no hará
zozobrar la carga porque es un leve roce en la superficie. Aunque no hay tiempo
para tomar conciencia es un no te olvido o no olvido porque no puedo pero
prosigo.
Es la estabilidad del vuelo superfluo, de echar un vistazo pero no
detenerse para no saber demasiado, es pasear y no quedarse con nada más que con
el paseo y el cuadro asombroso de las nubes cuando son consistentes y
proporcionan belleza. Ya es positivo fijarse en esas cosas, azul y blanco entre
tanto gris asfalto. Y este cielo de hoy no se ha perdido gracias a esos
destellos fugaces, porque no olvido que hay que tomar aire de vez en cuando en
la agitada marea de la situación. Ante esta sensación de paz me pregunto de qué
sirve la verdad cuando lo que se cuenta como verdad acongoja, cómo no se puede preferir
en tales casos la inconsciencia o dejarse arrastrar por la deriva de los
sueños.
25/8/12
El ataque de la ola de calor africana
Queriendo, queriendo siempre, encenderse, dejar que esos fotones de furia salgan despedidos más allá de su caja repleta de huesos doloridos, vísceras inquientas y sólidas preocupaciones. Sin embargo, con cordialidad, desprende un noble desánimo al moverse apagado por la moderación de la cordura. Vagar, divagar, viajar, coger un autobús en un polígono y bajarse en el cielo, tomarse los minutos que pasan como oro divino, recorrer ese camino hacia alguien, cumplir con las exigencias del Romeo fornicador. Sigue desliando la madeja pero con paciencia, con mucha paciencia, elevándose y hundiéndose en las nubosidades variables del desánimo cuando con aquellos rayos de sol, con aquella locura de someterse a cuarenta y cinco grados de temperatura en un polígono desolado, es casi imposible de dar cien pasos seguidos para dar con un verjel. Todo el ataque de la ola de calor africana que se afana en el Valle del Guadalquivir por dejar a la peña como zombies ha desolado la calle. Su corriente anímica, al menos, es variable y acaba de naufragar en un remanso de paz. Sabe que volverán las aguas bravas pero ya se ocupará de quedarse en la superficie. Nota ahora las burbujas que ascienden jugando sobre la piel sensible, colectivo de caricias que se aúnan para dibujarle una sonrisa melancólica. Se siente satisfecho porque ha conseguido disfrutar del tiempo sin hacer nada fuera de lo común, después de que aquella explosión de planes especiales para la evasión le zarandeara en varias direcciones. Y en la tesitud de ver que las ideas se fríen al calor prefiere quedarse manso en un banco a la sombra de un árbol protector. Pero no lo ha vivido como una cadena de claudicaciones como ha ocurrido en otras ocasiones, no, ha disfrutado del tiempo como una especie de Rodríguez de sí mismo y por eso quedaría exiliado si pudiera zafarse de tanta expectativa...
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