9/4/09

La Madrugá


Esta noche puede suceder una pequeña resurrección, al fin al cabo yo soy así parece que me agoto pero doy embestidas antes de llegar al valor cero. Quiera o no hoy es un día especial, vuelvo a salir con la excusa de la Madrugá. Y en la Alameda quiero oler a incienso, mirar fijamente el corazón dorado de los candelabros, ver entre el gentío las plumas de los ‘Armaos’ flotar, sentir en el corazón los sobrelatidos de los tambores. Un agnóstico viendo procesiones, unas cervecitas y la licencia para desviarse de la rutina, para mezclarse de nuevo con la gente en la calle, los que forman esa cosa grave e impersonal que es rollo social. Como si hubieran pasado siglos veré el paso del la Sentencia en la esquina del Club de los Fumetas, donde un día la Pandilla Habanilla pareció ser feliz, gritó y aulló, entre carcajadas, a la luz de las farolas, ocultando lo prohibido al Sanedrín y al gobernador romano. Es tanta la sensación de festivo que resucita la energía de los rescoldos y el calorcito despierta al hombre, que dentro de la caverna escucha como una voz surge del hueco de su estómago que dice ‘Calle, calle…ponte un saco, un disfraz, una máscara y sal a la calle’. Aviva la contradicción, admira a la Macarena como un devoto a pesar de que no crees, espía a otros rostros más dulces y terrenales, emociónate con la ayuda de una cerveza, cuando los pies protesten volverás a casa con el deber cumplido. Y un año más puede que si hay una cosa que vuelva a abrazar de los asuntos divinos en esta noche mágica sea la resurrección de mi alma…
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