25/5/09

La puñetera Puerta


Bueno, bueno, bueno. La brújula no va, tiene la máquina jodida. No sabe dónde meterse…no gobierna su cuerpo, anda distraída su mente. El tipo se ha levantado desganado y tiene que redoblar sus esfuerzos para reunir un poco de voluntad y bajar al Ágora. Como siempre que tiene que airear algunos asuntos teóricos elige una esquina de la estatua para sentarse erguido, se cruje las juntas del cuello y relaja los músculos. Pero al buscar el silencio del buen juicio de pronto siente como nunca el impulso que le ha llevado a la aventura en más de una ocasión. Tenía que ser una mañana de pensamientos y allí estaba aquella vibración que le entraba por los genitales y le recorría la espina dorsal. Antes de la I Reforma de su Conducta esos impulsos los solía resolver buscando cobijo entre piernas pero desde el Catacrack venía doblegando los ataques de lujuria con paseos agotadores. Y ahora estaba allí, de nuevo sintiéndolo, con las piernas y riñones machacados. Descubriéndose desarmado, echó un vistazo a quien había a su alrededor, afinó el oído para saber si comentaban algo de él. Sólo escuchó el canto del grillo y se estremeció al sentir que una ráfaga de viento venía a confesarle que nadie estaba pendiente de sus movimientos. Ese gesto de vulnerabilidad había que disimularlo con un pitillo de macho. Fumado así, como un vaquero ocioso en la puerta de un Saloon, volvería a sentirse observado. Rostro impenetrable recibiendo sol, haciéndose el sueco con un gesto de indiferencia frente a la demoledora realidad. Recuerda que hace sólo tres años que huía cada noche del bullicio al comprender su naturaleza par cuando decidió plantarse, jurando que no buscaría más la puñetera PUERTA. Y ahora intuye que no sabrá volver al desenfreno, que tendrá que esperar que pase alguien que le corrompa…
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