18/6/15

CON LA PECERA EN LAS MANOS

El camino que inicié hace unos años era el camino del juego del amor. Ahora lo sé con ternura ¿Que si perdí tiempo dando vueltas? Como creía que al andar también progresaba me pegué miles de paseos, como creía que mi cabeza era una pecera me acercaba a la gente convencido de que veían mi buena fe, aunque hay chicos que de hombres dejan de sonreír, dejan de mostrar su niño. ¿Lo dejé de mostrar? Todos tenemos a nuestro niño ahí jugando en nuestras guardillas, algunos corren libres y juegan en las calles, otros corren por pasillos, se distraen con libélulas, coleccionan cromos, escriben deseos. Ay, pero si eres un chico de pasillo y te encaprichas con el juego del amor tienes que ir pintando rayuelas para llegar al cielo. Pero se llega, apuesto contra todos los dioses, azares y destinos escritos que se llega. Mi niño saluda con ilusión desde la ventana, mi niño siente ganas de jugar porque vuelve a sentirse niño. Y como niño vuelvo a sonreír por un pensamiento fugaz o por una mirada dedicada a mis ojos que son las ventanas de mi habitación. Veo manos tendidas y sonrío como un niño ahora que sé que mi cabeza no es una pecera sino un balón. Un balón que arrojaré para que otros puedan jugar pero la pecera en las manos, bien visible, enseñando mi precioso pez corazón…


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