8/6/15

EL MAR Y EL AMOR ETERNO.

Escribías un poema sobre el mar y te sentabas frente a las olas para mantener calientes los músculos de tu arte, pero bajo un acantilado protector, intentando establecer comunicación con su esencia pero asustado por su dimensión y fuerza. El mar te decía “Voy y vengo, caigo, estallo y salpico”. Con palabras escritas y bellísimos sonidos onomatopéyicos reproducías el lenguaje poético de las olas (“…y las olas llegaban ‘Raro, arremete raro’. ‘Rudo ruu ruge’. ‘Crash”). Veía como lo hacías, me emocionaba verte en la oscuridad escribiendo y temblando. Y me acerqué lentamente, millones de minerales fundiéndose fríamente bajo mis pies, deseando pasar la mano por tus hombros para darte un abrazo y darte calor e intentar aliviar tu sufrimiento y tus golpes de corazón que no te dejaban crear. Decías que te sentías empequeñecido por el poder del mar. Me dijiste: “el mar no quiere que yo esté aquí, que me comporte como un idiota sentándome en primera fila, el mar tiene su momento de olas, y el hombre el suyo del fuego en el hogar”. A mí también me hechizó y me hipnotizó, nos abrazamos y miramos en silencio el sonido del mar, escuchamos su brillo lunar sobre las ondas, sentimos su fuerza de atracción succionando nuestros líquidos internos y dejándolos caer. Lo sentimos tan poderoso que le arrojamos el deseo del amor eterno. Y el mar habló y nos dijo: “Voy y vengo, caigo, estallo y salpico”.

Basado en el poema "Sea" de Jack Kerouac


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