15/9/15

Y DESPUÉS, ACORDES EN MI MENTE

-Y así rodando de historia en historia se hace tu historia…
-Sí, quiero llevarme las mejores enseñanzas de todos, las que se dan relajados oliendo a sudor y sexo, entre volutas de humo, es cuando quiero tener un acercamiento muy íntimo y personal, ya de tú a tu, sin ropa, sabiendo lo que nos hemos dado entre caderazos, lo que hemos transmitido sin historias ni comeduras de tarro.
-Que pena que haya que volver a las razones, es cuando se saca el manual de filosofía que todos tenemos y la Teoría de los miedos…
-Bueno, se comparten pensamientos y te das cuenta de que comienza la división y te ves a ti mismo escuchando las historias que ya sientes extrañas… ¿La Teoría de los miedos?
-Sí. El sexo, ese momento en que te sientes tan fuerte pero tan vulnerable, quién sabe lo que una persona puede hacer con tu alma después si te quedas enganchado porque te toca las siete campanillas que te hace sentir vivo y sexy. Yo no prometería nada en esos momentos…
-¡Bueno, cuánta desconfianza así de golpe! Las promesas se las llevan los gemidos pero, bueno, las dudas sí nacen, porque despertamos y empezamos a pensar divididos y lo de la conciencia compartida vuelve a ser eso que se buscaba tan mítico. Los pensamientos ya en nuestras cabecitas- le dije reafirmándolo con mi dedo corazón en su frente.
-Ah, y mientras tanto ¿Qué pensaba cuando estábamos unidos? ¿No lo sabes? Si, pensaba poco, solo un dame un poquito más o espera que cambio de postura pero sobretodo sentía, sentía humedad caliente, sentía hormigas por mis venas, sentía como mis vértebras se hacían flexibles y se ondulaban hacia ti, acoplándose a esa presión de tu entrada en mí, acogiéndola con alfombras de seda. Y sentía una punzada de dolor que, comprendiéndola, se convertía en uno de lo más deliciosos gozos que recorría todo mi cuerpo, enervando mis poros, endureciendo mis pezones y haciéndose brotar dos lágrimas de dicha…
-Gloria bendita para mí también, lo sabes porque perdí el control de mis piernas y me abandoné en tu carne, los huesos y el peso se me disolvieron en ti. No soy poeta pero me diste clarividencia para poder contemplarte como mi dulce tesoro, my cherry amoeur. Y grabaste imborrable tu expresión de placer, tu aceptación de mi cara de perro que buscaba con la lengua tocar tus labios, y tus sonrisas con mis travesuras allí abajo, no las olvidaré nunc..

-Shhh, no digas esa palabra y vuelve a hacerme el amor… que quiero tener más acordes en mi mente.




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