14/3/09

Brilla el sol en la piel


No hay mejor lugar para que brille el sol que la piel. Se ven ya tonos dorados, bueno lo importante es que se ven ya pieles y no hay mejor alegría que darse un paseo y comprobar cómo la gente recibe la primavera con escotes y muslámenes al aire. Tengo que precisar, la gente bonita, más concreto aún, las chicas bonitas y los muchachos de buen ver son los que más roces visuales se llevan. Vamos a ver, todo el mundo que enseñe sus cosas pero claro los ojos se van como imanes a las figuras bellas, no es fácil hacerles odas a las pantorrillas tipo monja o a las barrigas cerveceras (qué viva la morfología variada pero no voy a hacer aquí demagogia). Los apetitos de la sociedad de consumo nos han nutrido de las imágenes perfectas de la publicidad desde hace lustros; fotografías de cuerpos esculpidos, dorados, claroscuros, como piedra, sexo, sexo, calor, excitación por insinuación de las curvas y, por ende, vas a comprar un trapito para enseñar. No hay mujer que se pueda molestar porque una mirada repose delicadamente por unos segundos en su generoso escote. Para eso se lleva y se puede admirar explícitamente con respeto, no hay nada malo siempre que no se pase de ahí como no te lo autoricen expresamente. Los piropos de los obreros sobre los andamios a las féminas siguen existiendo como comprobé el otro día. Y no pude más que reprimir una sonrisa porque tenían arte al echarle flores con gracia a un par de morenas monumentales, pero lo divertido sería contraatacarlos con flores más provocadoras para dejarlos cortados. Un poquillo de obrero ibérico tengo, lo confieso, porque me doy un paseo con la intención intelectualoide de apreciar las fachadas de los edificios históricos, con el ánimo espiritual de llenar mis pulmones de oxígeno y de limpiarme la zona mental de la azotea con brillo de sol y aires de colores y, según voy progresando en el recorrido, otras formas arquitectónicas terminan provocándome la excitación de los sentidos. Y ya me empiezo a distraer, uyuyuy, eso mira eso, la alegría de la huerta… Hay gente maravillosa que cuando se viste para salir a la calle piensa generosamente en el prójimo y le dan con su aportación el toque emotivo a sus andares y a la mañana completa. Se ven venir a lo lejos, intento concentrarme en lo bonita que está la calle con imágenes bucólicas de los árboles y pajarillos del trayecto. Pero es imposible resistirse porque se cruza esa figura que me ha dado una punzada en cada paso mientras se acercaba y va dándome la bienvenida como yo le doy las gracias al buen tiempo ¡Hola, hola!¡Boom, boom! No hace falta hablar, como mucho se intercambian miradas de reconocimiento. Y ya vuelves ‘elevado’ a casa, olvidando que habías planeado pasear por los Alcázares o por la plaza del Triunfo…
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