6/10/08

Adiós al Mercado

Lo que pudo ser si hubiera seguido allí, ahora no sé por qué deseé salir, pero claro pasó lo de la dulce María que fue como la gota que colmó el vaso. Echo de menos aquella pequeña tienda, aquel fabuloso y fantástico Mercado de Fuencarral, que ahora cierra sus puertas. Todo lo bueno e ingenioso tiene su final. Entre las cuatro paredes de una pequeñita tienda, digo, conocí a un montón de gente, me enamoré, me desenamoré, me desesperé, floté, lloré y eché de menos los cielos abiertos, el color esmeralda del agua. Aquel era el escaparate de la Reina Mala de mi amigo Fede y allí trabajó este aprendiz de brujo durante año y medio, los últimos que pasé en Madrid. Por aquel entonces lucía una cresta y mis músculos comenzaban a crecer. El Mercado de Fuencarral nació como lo más cool, un centro comercial de nuevas tendencias para los que no les gustaban los centros comerciales al uso. Había peña que se paseaba simplemente para dejarse ver. Allí había moda, ropa de importación, ropa de segunda mano, peluquería, tatoos, piercings, música, arte y vida. Lo más importante: la vida a diario de la gente que formaba aquel variopinto club. Confidencias, romances, cuchicheos, compañerismo, rumores, porrillos por debajo del mostrador y siempre una sonrisa, fuese auténtica o no, al personal. A veces costaba soportar la rutina, tantas horas de pie, tanta gente tocando las cosas pero cuando había bajón siempre estaba allí María para recargarme las pilas con un abrazo (donde quiera que estés te quiero, seguirás existiendo en mis recuerdos). Nunca me abandonará, tampoco, la sensación de que éramos una familia moderna y de que vivíamos en la vanguardia de las cosas. Ahora duele reconocer que sólo es pasado y que todo lo bueno tiene un final…
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