12/2/09

Hermandades perdidas


Hay voces que silenciaron y duelen, si no estarían borradas por el olvido, pero joden porque se ha dedicado mucho a esas personas. Ahora no están ahí, han dejado de llamar, probablemente no se recuperen porque no sería tan bonito como en el pasado. Y pensando, diseccionando los recuerdos, aparece una versión diferente de lo que entonces era una de las mejores amistades. Ahora el desapego corrompe la memoria y pequeños demonios susurran al oído que una de las mejores existía porque yo ponía de mi parte, cuando dejé de cultivar la hermandad se difuminó en el pasado. Podría volver pero no, no esperaré más. Pasando el tiempo las emociones pierden intensidad y se descubren los intereses que fraguaron tan sólida compañía, las razones reales de nuestro entendimiento. Sé que es algo que no debería desenterrarse pero alguna trama había de pura conveniencia. La mía: no estar solo cuando venía de Madrid y salir de casa de la familia, esa familia de entonces en la que no se podía hacer nada, ahora es otra cosa. La tuya: tener a alguien que te esperara porque tu trabajo no te dejaba salir hasta bien tarde, cuando todo el mundo había salido. Yo me tomaba las cosas demasiado en serio y algunas veces me comportaba como un padre, intentaba controlarte para que no te perdieras y tu, que eras un espíritu libre hasta la coronilla de los controles parentales, lo aguantabas todo porque ¿podía haber alguien tan paciente que te esperara tantas horas en un taburete a que salieras libre? No se porque me acuerdo con rencor de estas cosas, quizá porque mantuve más tiempo que tu el cariño, lo creo así. En la última llamada que te hice te faltó entusiasmo. Y después cuando verdaderamente he necesitado a alguien, tu profundo silencio… Demasiadas pretensiones para tan poco que nos ha quedado. Fotos y bueno recuerdos, si, pena de no tenerte en el presente. Nuestra situación actual nos ofrece pocas oportunidades, veremos que nos depara la vida. Sí, porque eso es otra cosa, seguro que algún día nos reuniremos y haremos como que no ha pasado nada pero sentiremos profundamente la distancia insondable que nos ha separado. Me gustaría borrar la tendencia de creer que estoy predestinado a la soledad, el vaticinio que crece incontrolable en el presente como la hiedra entre rocas sólidas. Presiento que es la razón de que no deje de rescatarte del pasado, pues cada dos por tres vuelves aunque ya haya decidido dejarte volar. Sí, definitivamente, creo que el rencor no puede borrar la calidad de la hermandad que conseguimos sin ser hermanos de sangre, pero creeme, no hay nada peor que temer que no habrá nada parecido porque aquello era cosa de la irresponsable juventud y ya empiezo a ser un hombre maduro. No hay nada peor que creer que no surgirá nada igualable. Nuestra amistad debió haber sido una cosa religiosa o algo así porque está ahí y no se va ni con agua caliente aunque ya no compartamos nada. Por mucho que me diga la conciencia que soy el responsable de tanto olvido parece que en el fondo sigo luchando por no olvidarte del todo, como si en el pasado desatáramos fuerzas sobrenaturales. Si ya no creo en vosotras ¿Qué queréis, robarme todo el poder de transformar mi individualismo, hacerme incapaz de sortear las vicisitudes para poder volver a sentirme hermano de sangre a través de nuevas personas? Aunque parezca que me dejo arrastrar tengo capacidad todavía para revolverme y nadar contracorriente para forjar nuevas alianzas y vencer a esta indestructible soledad. Pero bueno, como siempre esto de escribir cartas al pasado llena de melancolía y a lo mejor es un esfuerzo inútil porque la vida lo mismo te quita que te da cosas...

(Foto de Fran Gómez)
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