21/12/08

Ahora...tic, tac


¿Qué ha pasado con la Alameda?¿Qué ha pasado con el Habanilla? No se, hoy estuve por allí y todo ha cambiado. Incluso yo he cambiado, porque creo que me da igual haberla visto tan diferente, pasé momentos agradables y aburridos allí, nada más. Creía que podría recordarlo con cierta melancolía pero aquello ahora parece un rincón normal, aburridamente tranquilo y poco importa. Con sus mesitas, sus familias, los niños correteando, los perros sueltos, como un lugar muy burgués para estar al sol un día festivo. Nada de aquel ambiente bohemio, aunque también es normal con esa comisaría que han plantado en un rincón que antes era un cine de verano. El ojo electrónico ahora está vigilando y pacificando el área. Como hace tiempo que no voy por allí he perdido la evolución y, bueno, con desinterés me doy cuenta que el alcalde ha ganado. ¡Adiós Habanilla, adiós Piola, adiós horas muertas en la calle! No tengo melancolía, no he sentido el sabor amargo de paraíso perdido. Le doy a ‘rebobinar’ para ver el más allá, pero siempre el pasado y me doy cuenta de que no me apetece. Mirar al futuro…Nada, en blanco. ¿Y el presente? Encender un cigarrillo, fumar. Esto es pura dinamita, ahora lo sabemos, no hay manera ya de disfrutar de un pitillo sin sentir remordimientos. ¡Se está acabando, Bogart! Se acaban los velos seductores de humo, se acabó tu estampa de macho, hasta se agota la esperanza de que nos quede París. Pero un momento, vuelvo al presente, dije que iba a dejar la puta máquina del tiempo. ¿Qué pasa ahora? Nada, sólo la espera. Conectado estoy con el presente, tengo Internet. Los ecos de un día que cuenta poco, preludio de millones, miradas puestas en la lotería y en los millones de euros que no caerán aquí. Billetes cargados de esperanzas, de viajes a Acapulco, de portazos a los jefes, de banquero-me-mete-la-lengua-en el-culo, pero mañana nada valdrán. Sólo unos pocos abrirán las puertas de los sueños. En cualquier caso jamón, gambas y champán tendrán su turno. Y la copa demasiado al alcance de la mano como para no tirar de ella y ahogar todas las cosas que a uno le viene a la cabeza y no puedo decir porque la familia me rodea con mirada escrutante. Falta poco y será por poco tiempo. Pero, basta. Vuelvo a rebobinar y vuelvo al presente. Difícil de mantener la tecla en el ‘ahora’, parece como si el radiocasete estuviera jodido y fuese imposible centrarse y darle al ‘play’ para que suene la canción del presente. Cigarro encendido. Tic tac, tic tac. Afuera está oscuro, la luz dorada de la lámpara de la mesita de noche se refleja en la pantalla. Silencio, no suena ni el silencio. Hay otras personas sentadas frente al ordenador, lo presiento. Dejo el teclado y me concentro en el teléfono. Sólo me da luz y hora, no hay registros para hoy. Otra calada y miro las volutas de humo. Abro el Messenger, pongo ‘Ausente’ porque así es como estoy y aunque salta una ventana no tengo ganas de responder, zumbidos, peticiones de cámara, tengo ganas de estar tranquilo. Hoy estoy en el lado de querer soledad. Suena la sirena de una ambulancia, pasan cada cinco minutos, es la prueba de que existo en una ciudad grande. Voy al servicio, miraré por la ventana. Joder, estoy en la ciudad pero estoy en la puta punta del desierto. Vuelvo a sentarme frente al ordenador, el cursor del Word parpadea, tic tac, tic tac…
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