15/12/08

Deomo


Echo de menos el poder que tenía cuando era un mocoso, porque era como un pequeño dios mucho antes de haber cruzado la frontera de inocencia que me rodeaba, por eso tengo la manía de recordarlos, con ellos vuelvo a sentirme valioso, vuelvo a sentir el yo, la identidad única, reluciente. Sólo con aquella mentalidad infantil podía aliviarme la sensación de debilidad que me atrapaba al mirar a los pies de la cama y comprobar que aquellos pies eran míos, unos piececitos blancos y delicados, nada parecido a las botas negras de aquel rudo guerrero que todo podía aplastarlo con un gesto del pensamiento. Antes cuando cerraba los ojos veía mariposas de colores bailando en la oscuridad, veía claramente cómo volaban cuando me frotaba para sentir el escozor de que estaba hecho de carne. Allí tenía que estar mi casco metalizado pero sólo había materia blanda. Me pellizcaba y ya no tenía armadura. Me sorprendía descubrir que era vulnerable, que había dolor y sensaciones cuando poco antes, mientras jugaba, había sido un poderoso señor de la oscuridad. Prefería aquellos momentos de fuerza y acción. Comprendía en la noche que era humano, respiraba profundamente para escuchar mi voz de metal, pero sólo estaban mis pensamientos. Miraba melancólico mi fortaleza imperial que, en realidad, era una manta levantada por cuatro palos pero era también nada menos que un espacio libre de presiones y de normas morales. Era mi forma de proteger mi personalidad porque creía que cualquier influencia podía convertirme en uno de ellos, aquellos seres que estaban afuera, podía sentirlos. Gritos y risas llegaban desde la plazoleta, desde mi cama podía oír a los gamberros del barrio insultar y perseguir a los perros con aquellas motos ruidosas, niños que eran críos convertidos en zombies por aquella mirada turbia o que eran ladrones-piratas con brazos llenos de dibujos y anillos de oro en los dedos. Manos gastadas que sostenían navajas, que tiraban de los bolsos de las abuelas. Todo eso para mí no era problema porque estaba escondido en mi reino del lado oscuro de la fuerza, aunque mirase en la mesilla de noche y descubriese que mi espada láser era en realidad un tubo de cartón.
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