9/12/08

El gimnasio de los gorilas machotes


Lo del gimnasio no lo entiendo, es un gimnasio de barrio como los que siempre me ha gustado apuntarme porque son más acogedores. Pero en éste mi impresión es que no encajo, no es que me importe mucho pero si pienso que algo de charla no me vendría mal, algo de ver una persona día a día y mantener el hola y adiós fijo, preguntar que tal va la cosa, no sé, puede que hacer algún colega. Pero a excepción de un par de ellos que me saludan siempre con los demás parece como que no ha florecido nada importante. Las ‘estrellitas del lugar’ alguna vez me han saludado y han dejado de hacerlo. He pensado que lo mismo no soy constante y he dejado de saludar a la mayoría porque son tan machotes que era imposible esperar la química y que surgiera la chispa con alguien. He llegado a creer que me veían orgulloso o soberbio porque no participo de las típicas bromitas que tanto les gustan celebrar. También ha pasado por mi cabeza que como no alimento las relaciones, me quedo en los saludos, no inicio conversaciones, no se, buff, pues lo mismo no soy interesante para ellos y me marginan de ese rollo social de macho que hay allí. El caso es que me da coraje porque no hay nadie verdaderamente y abiertamente tolerante pero no dejo de pensar en ser aceptado, hablar por hablar, que me vendría bien abrirme, y todas esas cosas que ayudarían a que entrenara con más ganas. En esa atmósfera tener colegas me haría progresar en los ejercicios porque ya se sabe que juega un papel importante la competitividad, ‘ese tiene más brazos que yo o le voy a superar la espalda’ y tal. Pero es que hay una cosa que no funciona, aunque me gustaría estar en los fregaos, no sé, no me va el rollo que llevan los más sociables de tirar de la burla, las intenciones de ridiculizar con el tema del mariconeo. El hacer bromas continuamente como rebajando al gay a una condición inferior, por ejemplo, como si fuera una humillación el que te dieran por culo, ya me entendéis, y me imagino que los que tienen que ocultar son los que más se mofan de esos temas. Yo no veo problema en admitir que también oculto algún que otro deseo pasajero, claro, es más natural de lo que la gente acepta, pero en ese gym de machotes como para ir de sobrao y de transparente, pues imagino las burlas a la espalda, las verdaderamente maliciosas. Y muchos dirán que me tiene que importar una mierda lo que digan pero entenderme, no se, me lo repito constantemente y no funciona. Luego está ese monitor, cachitas sí pero tirando a gordito y feo como él solo pero con una autoestima que no se la merece. No curra, no asesora, siempre con las bromitas llamando mamona y maricona a la gente. Haciendo su tablita de ejercicios que, por cierto, últimamente ni eso porque se ha jodido el hombro (que dice mucho de a quién no debe uno preguntarle por la seguridad de los ejercicios) y sólo hace bicicleta, y otro cachitas, que sólo saluda a las pibas, le dice ‘tú que con eso de que estás lesionado estás mariconeando con la bicicleta’. Son de lo peor y me jode que no dejen de llamarme la atención. Simplemente quisiera ir a lo mío pero los miro como desafiante. Se que me debería cambiar de gimnasio pero es el que más cerca tengo y si me apunto a otro más lejano me va a costar más ir y voy a tener que pagar también bastante más. Recuerdo que en otros gimnasios si le daba a la lengua, había tema social y gente agradable, había bromas también pero como con más respeto, pero es que en este parece como que la coña va con mala intención. No hay gracia interesante y se acabó. Así que voy a lo mío y lo único que molesta es que haya cuatro o cinco cachas gritando como posesos, tirando las pesas y armando ruidos ensordecedores con el tema de quien es más maricona, como si fuera sinónimo de endeble o débil. Aún así trato de sonreír desafiante a los gorilas machotes como para mantener una puerta abierta pero lo único que me sale es desprecio porque se crean tan superiores, tan masculinos, cuando en realidad parecen mucho más hembras arrabaleras que nadie.
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