28/12/08

Tres palabras, tres deseos, doce uvas


Agruparse, reunirse, calentarse. Tenía que apuntar estas tres palabras para que no se me olviden. Me gustaría que fuesen los pilares de mis pensamientos, de mis acciones, de mis escritos. A ver qué hago por mí, sobretodo para que las próximas Navidades no salga pensativo de las reuniones familiares, centro de mis preocupaciones en estos días. Todo ha ido bien, mantendré a mi familia en un cajón dorado por el resto del año y a partir de ahora toca mi vida. En mí pensaré en la noche de los tres deseos y las doce uvas, porque será momento de comenzar nuevos andares y no quiero que me coja con estos pelos. Lo primero es arrimarse a la lumbre de una fogata para poner rumbo a alguna constelación. Después viene lo de compartir el camino, moverse con, que no es lo mismo que conmoverse pero bien vendría temblar junto a Kafka para activar sentimientos, reaccionar a estímulos externos después de estirarme como un gato. Llegar al lametón perruno será la prueba del diez de que confío ciegamente en la compañía misteriosa. Ya volverá la música en directo, el blues, el funky, la guitarra sencilla a la luz de la hoguera porque esos duendes siguen allá afuera, aunque no sepa dónde. Volverán los tibios colegas a mi alféizar para anidar y yo les pondré huevos de pascua como una matrona con barba. Y después de salir de la cueva seré generoso, no quiero que la vida me pase factura por no haberme dedicado el tiempo oportuno de considerarme como uno entre más, nada del primero. No puedo salir acarreando tronos por los bulevares, bastará unas zapatillas rojas y un camino amarillo. Y después el hombre de hojalata, el espantapájaros, el valeroso león, todos juntos cantaremos ante el ‘fogateo’ de la lumbre, aunque los cuchillos afilados del milenio rocen sus hojas para avisarnos del precio que hay que pagar por querer algo. Nos dará igual porque sólo queremos darnos calor con las manos, curarnos unos a otros con la imposición de la ternura, abrir la flor de primavera en invierno porque no queremos esperar. Le pondremos al Camarón una base electrónica y la Linares bailará hip hop, porque estamos en Sevilla y aunque no haya engendros espaciales que vuelen sobre nuestras coronillas nuestro grito va a ser la vanguardia. Daré la vida por ti fulanita, te amaré menganito, aunque os conozca de hace tres días, porque ya no tiene sentido machacarse y deambular como un zombie de polígono, toca la hermandad pandillera del amigo invisible. Ése que puede crecer en cualquier momento dentro de tí. A partir de enero partiré mi corazón en tres o cuatro pedazos y los lanzaré al aire que no creo que haya cuervos, alguien los guardará en una cajita…
Publicar un comentario