13/12/08

Día místico de cueva y fuego


Estos son días de cueva y fuego. Tendré que echar mano de las reservas mentales para sentir algo profundo porque como no he recogido impresiones del exterior ni se han formulado acercamientos ha sido un día de esos de mirar por la ventana, de disfrutar de las gotitas que forman ríos porque van arrastrándose según la ley de la gravedad. Y tras esos caprichosos hilos que dibujan unos barrotes carcelarios está todo mojado, todo plateado, no ha habido nadie que hoy me necesitara, nadie para planear la gran escapada anudando sábanas porque no hay nadie que resista estar bajo la lluvia esperando, excepto los vagabundos, los gatos y los perros callejeros. Bueno y también los ‘nopuedoestarundíasintí’ y los ‘tengoquecomprarlosreyes’. A buen cobijo me gusta ver llover, incluso sabiendo que me pone melancólico, que abro las compuertas del pasado para achicar el agua y esto quiere decir que me voy a dejar llevar por los recuerdos. Me viene a la memoria que no siempre he sido tan vulnerable a la lluvia, vuelven aquellos momentos heroicos en los que no me importaba calarme hasta los huesos porque me trasladaba en bicicleta y no había más remedio que apretar los dientes y pedalear con fuerza para llegar a buen refugio. Era un chaval delicado pero con tanta fantasía que no había microbio que pudiera invadirme con la ayuda del frío, no como ahora que huelo a invierno y me agarro el constipado… En fin, ha sido un día, pues, de pañuelo y trompetas que suenan como lamentos, de ojos enrojecidos secos sin lágrimas casi para aliviarse, pues las lágrimas estaban cayendo en el exterior y allí no había nadie bailando y riendo que me cogiera de la mano. Recurrí a un cóctel de paracetamoles y fantasía que me han dejado hipnotizado, con los nervios olvidados, ignorado por el mundo pero dulcemente aliviado entre sus algodones, pero como me debato en un particular calentón místico que tan sólo puede ser satisfecho en mi habitación tengo que recuperar la emoción del recuerdo de aquellos desahogos adolescentes. ¿Continuarán las caricias solitarias dominando mi vida en los días de lluvia? Eso parece, estando resfriado sólo podré cocinar imágenes virtuales que no harán más que calentar el horno, porque no habrá piel que me levante el ánimo o me erice los pelos, sólo un éxtasis solitario que hará que levite sobre un aura de santidad, nada que ver con la química de un clímax entre dos, porque todos mis gozos hoy serán místicos…
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