
En medio del paseo matutino me encuentro al Pensador de Rodin y descubro estupefacto la inmensidad de la escultura y la deformidad de su canon artístico. Las manos del pensador son grandes, sus pies colosales, los músculos de una fortaleza rotunda y su miembro…minúsculo. ¿Por qué a estos titanes se les esculpen siempre un pene tan pequeño? Es curioso apreciar la definición milimétrica de cada músculo en las esculturas clásicas, cuerpos fibrados de piedra, mármol, bronce o acero que describen una anatomía milagrosa de cada porción, trapecio, hombros, pectorales dorsales…órganos funcionales pero que transmiten belleza, los ojos de un admirador que adoran esas líneas, los dibujos que forman en torno al ombligo, que dividen en segmentos excitantes, la imaginación les coloca perlas de sudor y brillo, les coloca la virilidad de un guerrero, un vozarrón, la capacidad de orden y mando. Podría ser un general, acostumbrado a desmembrar a enemigos en batallas de fango sangriento, un general acostumbrado a sacar la bestia que lleva dentro para invadir y destrozar a pueblos, pero es un hombre, un hombre perfecto con la orden de combatir, de defender a su pueblo y ganar tierras y beneficios para el imperio. Está acostumbrado a ponerle cojones en la batalla pero después le retratan con un miembro atrofiado. La misma rotundidad de la piedra, la apariencia de fuerza de sus músculos guerreros hubiera exigido un pene erecto, símbolo de la espada, de la lanza, del poder. Con esa arma ¿Cómo llegará a nuestras profundidades? No obstante el Hombre nos ha llegado poderoso a lo largo de los tiempos a través de estas esculturas y a la vez nos ha mostrado su debilidad en la desnudez. El general después de ser un salvaje, de abrir heridas y ríos de sangre y desgracia, camina enhiesto a su tienda de campaña, es ayudado por dos servidores para desvestirse, se introduce en una cuba de agua caliente, uno de los esclavos ha perdido la piel para calentarla, el agua ha sido rociada con perfúmenes y sales y por fin llega el descanso del guerrero, las articulaciones se disuelven, los músculos se disuelven, el temperamento se disuelve. Una vez relajado el general sale de la cuba, brillando sus músculos que ahora aparecen renovados, laxos, sus dos sirvientes lo secan hasta enjugar la más milimétrica gota en los más recónditos pliegues, incluso tienen que separar sus rocosas nalgas para enjugar su puerta celestial. El general agradecido acaricia la cara de un esclavo, su más fervoroso seguidor que daría la vida por proteger la gigantesca espalda del gobernante. Con el calor y el placer del baño tan tremendo hombre saca de dentro su lado femenino y con un ademán le ordena al escultor que siga retratando su belleza porque le queda poco tiempo y llega las horas del amor, el escultor tiene que obviar su miembro erguido pues eso avergüenza a los hombres de su época y no podrá contar que tras el fragor de la batalla, sin mujeres alrededor, el gran hombre también disfrutará de ese amor…