9/11/08

Contradicción


Esta mañana he descubierto que estoy a la caza de las contradicciones, es una cosa que me parece que me gusta aunque me cueste reconocerlo. Podrán pensar que tener una persona al lado que detecte incoherencias es bastante desestabilizador pero sólo es un ejercicio burlón de crítica social de las terceras personas, a quien está conmigo lo respeto. La contradicción en cuestión de hoy es: un hippie de aspecto bastante cutre se traslada con una bicicleta cutre, todo como muy pobre, pero ahí va el detalle, lleva un aparatejo de esos de telefonía móvil ultramoderno adosado a su orejita roñosa. Algo falla ahí, o es un falso hippie o se lo ha encontrado en un cubo de basura y lo ha reciclado como pendiente. Quizá es que me parece un lujo desorbitado para una persona que va de ese rollo, un rollo en el que los avances tecnológicos y los apegos materiales son algo para poner en cuestión. El centro de atención para un hippie son las fuerzas naturales, los movimientos interiores. Peace, love, sex, drugs y rock and rolls (me quedo con los tres primeros) El karma, el sartori, el kairós de la versión más espiritual y orientalista lo sustituyen hoy en día los Messenger, los ipods, los PDAs, las xBox… A lo mejor es que no se puede ser purista y las cosas evolucionan y esto no va de cabezas cuadradas sino de charcos que se enriquecen con bacterias nuevas o que, quizás, no haya varas de medir sino juncos flexibles. Mi manía de cazar contradicciones es una más en mi deseada filosofía de tolerancia, como lo es que me moleste que el vecino de arriba juegue con los muebles al tetris, que arrastre la silla cada vez que se levanta, que haya puesto jardineras cuando nadie en el edificio las tiene y las riegue con profusión, sin importarle que se te jodan los cristales con agua y tierra, cuando es un pijillo que debe ser postulante de las mejores convenciones sociales y de la buena educación. Pero vamos nadie es coherente, me parece, con lo que predica. Así que no juzgo con severidad al falso hippie, simplemente me hace gracia. A lo mejor es que estos instrumentos ultramodernos ya han penetrado de tal manera que son la única prueba palpable del progreso, los detalles que revelan que estamos en el siglos XXI. También Bin Laden usa ordenadores, teléfonos que esquivan los satélites, allá en una recóndita cueva de Waziristán (territorio del norte de Pakistán que hace frontera con Afganistán, donde todos menos la CIA sabemos que está escondido) Cuando veía aquellas películas ochenteras del futuro del planeta siempre pensaba que el futuro iba a estar plagado de coches voladores, que surcarían por autopistas aéreas, que las ciudades iban a buscar el límite en los cielos, con edificios altísimos, plagados de pantallas y hologramas publicitarios. Pero en la tierra parece que las cosas cambian muy lentamente. Hay barrios y rincones que permanecen congelados en los años cincuenta del siglo veinte por la falta de atención municipal. Otra cosa es que se mantengan barrios y rincones monumentales como esas tres enormes columnas preciosas que he descubierto esta mañana en el barrio de Santa Cruz. Pues si, medio planeta cubierto de lodo, polvo y miseria y en otro punto, inmerso en la vanguardia tecnológica por la celebración de unas elecciones presidenciales, nos destellan con un falso holograma en televisión. ¡Uaooo! La Guerra de las Galaxias. Sí, en los informativos de la CNN que cubrían la histórica victoria de Barack Obama en EEUU el presentador se gira y pide atención para el momento cúlmen de la noche y aparece en escena una periodista que no está presente en el estudio, trasladándose su imagen desde Chicago hasta Nueva York. La tecnología digital más avanzada hace su aparición en televisión y todos pensamos: ¡Oooooh, estamos en el siglo XXI! Y detrás de los hiperavanzados controles de realización está sentado un falso hippie, fijo, que después se irá a casa en bicicleta con un aparatejo en el orejón.

Nota: en la imagen de la CNN el rapero Will.I.am es entrevistado en una imagen tridimensional trasladada desde otro estudio por 35 cámaras digitales y emitidas mediante un programa informático. Pero no es un holograma en sí porque el presentador no puede verlo en el estudio sino mediante una pantalla. Los hologramas, en realidad, son formados por haces de rayos láseres y se tendrían que ver 'in situ'.
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