23/11/08

Querido Jack


Aquí ando con la tontuna encima pero puede que sirvan estos ejercicios mentales que hago para generar palabras o propuestas de sentimientos, cuando la noche cae sin duda que me siento como más abatido y eso que no estoy totalmente solo que si no. Estoy acompañado, en la otra habitación hay latidos importantes y yo aquí con esta pesadumbre y practicando la prosa espontánea que tan bien le fue a mi amigo Jack. Bueno, para quien lea esto tengo que decir que amigo-amigo no es, es mi maestro Jack Duluoz Kerouac y lo que tengo con él no es una locura de fabricarme un amigo invisible sino un admiración plena por un escritor que me ha provocado sentimientos, que me ha reconciliado con la literatura como hizo Cortázar y su ´Rayuela’ en su momento. Joder, sí, había terminado tu ´Big Sur’ y me sentía desamparado y pensaba en qué podía leer ahora. Quizá sea el momento de volver a saltar la Rayuela. Me ha dejado conmocionado tu lamento en el lejano Gran Sur, querido Jack, cuando creías que te estabas volviendo loco por los estragos de tantos años siendo un borracho (cada vez que te defines con ese calificativo haces que suene de una forma tierna). Me conmoví por el infierno que tuviste que pasar y por la culpabilidad que sentías al hacérselo pasar mal a quien te acompañaba en la cabaña de Monsantos, Lawrence Ferlinghetty, poeta y propietario de la librería City Lights de San Francisco, de la que hablaré otro día pues la conozco. Estaba con lo de tu enfermedad, padeciste sudores, temblores, delirio, manía persecutoria, rabia, ira, todo mezclado con momentos de lucidez, que eran los peores porque entonces sentías lo que te estaba pasando, veías lo que estabas haciendo. Esa sensación de angustia la retrataste muy bien, tanto que tuve que hacer respiraciones profundas al leerlo y una cancioncilla pegadiza no dejaba de tamborilear en mi cabeza, como diciendo ‘no quiero que te enteres bien de esto porque es tanto sufrimiento y tu dijiste que ibas a seguir un camino de luz y saneamiento’. Pero bueno, no hay nada mejor que leer y sentir y compadecer, que es como sufrir contigo. Me entristece saber que estabas pensando ya tanto en la muerte, a veces deseándola, otras veces temiéndola horrorizado. Me entristece saber que dejaste este mundo a los 47 años, tantos años ha de este momento en que escribo, tu presente de entonces debería ser el mismo presente de ahora… te seguiré escribiendo, no obstante, mi querido Jack.
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