12/11/08

Un ladrón y dos estrellas


Bueno, jejeje, aquí estamos otra vez con el jodido malestar por la cuestión de la injusticia universal. Vaya enorme cabreo que me pillé esta mañana por sentir que nada sale bien cuando no se tiene mayor problema, que no miré con atención siquiera el buen día que hacía por los nubarrones negros de mi cabeza. Ya me levanté gris porque cuesta poner los pies en el suelo para iniciar un día monótono en el que sabes que nada va a cambiar y que no tienes ningún plan interesante, aunque tengas ganas de tirarte en parapente, pero la cosa empeoró cuando puse la televisión y oí hablar de Julián Muñoz y los 350.000 euracos que dicen que va a cobrar de Telecinco por una entrevista. En fin, pobre de mí, soy humano honrado y la rabia se apodera de mí cuando no soy capaz de cometer un delito que me de fama. Pero bueno, me sentía mal fui al gimnasio y se me pasó la mala ostia. Es verdad que el ejercicio es bueno para la mente como dicen por ahí. Esto con lo que respecta a la bitácora personal, que si fuese de un capitán que gobierna un barco pues se diría que no ha habido naufragio y que he pasado una tormenta más y las aguas vuelven a estar tranquilas, pero sigue siendo de noche y no veo una estrella brillante que me guíe. Las constelaciones han desaparecido. Y de qué podía hablar hoy en esta plaza pública…puf. No sé, estoy al tanto de la actualidad pero la verdad que hoy es un día más. Han cogido a dos etarras, eso es una buena noticia. Una niña británica de trece años pide que la dejen morir porque su complicadísima salud no le da esperanzas de vida, eso es de injusticia universal también ¿Una niña de trece años todo el tiempo sufriendo por sobrevivir?¿Por qué? Y luego un contertulio en televisión de mentalidad bastante carca dice con voz grave que la niña no puede decidir sobre su vida y bla, bla, bla. No deberían hablar por ella, en fin. Es, de nuevo, el complicado debate de la eutanasia. ¿Qué más cosas? Ah si, ha caído en mis manos la autobiografía de Neal Cassady, otro de los Alegres Bromistas que sirvió de inspiración a Jack Kerouac para su personaje de Dean Moriarty en la célebre ‘En el camino’, una estrellita que guiará mis anhelos en los próximos días. Cassady era rústico, fuerte, aventurero, un auténtico vaquero del medio Oeste que se movía a velocidad punta conduciendo coche, furgonetas y autobuses. Dicen que era auténtica energía, que se enfrascaba en soliloquios locos y caía en grandes silencios. De su puño y letra narró ‘El primer tercio de su vida’ y poco más tuvo porque murió joven en busca de la ‘Ciudad Límite’. Su leyenda le convirtió en uno de esos personajes que pasarán a la historia por su manera de vivir el presente y que despertó la admiración de los intelectuales de la generación Beat. Con gente como esta realmente avergüenza preocuparse por el futuro.
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