6/11/08

Por mi cara bonita


Ofu, joder, cagoenlaputa, hoy me siento jodido por no haberme conservado guapo. Sí, es difícil de explicar. En algún momento de mi juventud fui considerado guapo y me salían amantes a churros. Me entraban para ligarme, alababan unos rasgos particulares, unos ojos bonitos, una nariz original, una sonrisa magnética. No me faltaban piropos teniendo objetivamente más belleza que la justa. Hubo primaveras de mi juventud en la que me sentí rifado, que me invitaban a copas y fiestas por lo mono que era. Tengo pocas fotos en las que vea reflejada esa belleza y así quisiera que hubieran quedado las cosas, una imagen congelada en el tiempo. Cual retrato de Dorian Gray hubiera hecho el pacto para envejecer en el lienzo. Han pasado algunos años y los rasgos se han endurecido, algunas experiencias y algunos disgustillos habrán contribuido, pero es el peso de los años, lo sé, los que me han cambiado. Se me ha puesto cara de cabrón, joder, y por mucho que quiera asimilar la teoría de que hay que saber envejecer sólo en la práctica estoy viendo que pesa ser coherente con ese principio. Me dirán que la belleza es subjetiva, todavía hay quien me ve guapo y quien diga que estoy ganando con los años como el buen vino, que da morbo la cara de malote que se me está poniendo pero no me convence, tengo que ser sincero aunque pierda puntos, porque se cuánto se gana hoy en día por una cara bonita. Se gana mucho. Tal es la fuerza de la guapura que abre puertas. Las abre socialmente, laboralmente, con las mujeres, con los hombres (incluso los heterosexuales saben ya apreciar la belleza masculina), que me digan que no influye en nada que no me convencen. He pasado a engrosar el universo de los atractivos y morbosos, ese amplio catálogo que ayuda sólo un poco porque somos muchos y sólo apreciados subjetivamente. Da coraje que no ponga en la balanza otras buenas cualidades pero es que la imagen pesa tanto, años de publicidad y de iconos llevamos consumiendo como para que no nos importe, lo digo aunque me acusen de frívolo. Recuerdo, sin embargo, a guapos ilustres que les ha pesado serlo. El vivo ejemplo fue Marlon Brando, el rostro impenetrable, que se sintió orgulloso de que le rompieran la nariz, cosa que creía que le afeaba y que no paró hasta convertirse en el gordo irreconocible que terminó siendo para renegar de su san benito, aislado en la paranoia de que su belleza le restaba admiración por su talento, aún así siguió siendo bello. Pero ¡un momento! me doy cuenta que es el paso de los años sí lo que me ha restado admiradores. Me doy cuenta de que ligamos la belleza a la juventud, me doy cuenta de que todo este lío lo ha formado un gilipollas que me llamó viejo en un chat cuando sólo he pasado de los treinta ¿Por qué he dejado que me afecte si había jurado que me la sudaba? Pobre diablo, pequeñín ignorante, hiciste de altavoz de una sociedad que no es racional, no sabes que ese desgaste te llegará, si o si, invariablemente. Reconozco que el calificativo me afectó y una vez superado el trance me siento mejor. Me miro en un espejo y veo un hombre atractivo que empieza a madurar, me acaricio el cuerpo recio y me siento potente, le guiño un ojo a mi imagen reflejada. Éstas son mis cicatrices, éstos son los años que me han dado conocimiento ¡Soy licenciado coño y cojo un libro complicado y lo entiendo!
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