19/11/08

Todavía con paz social


Otra procesión de manifestantes en el manifestódromo de Sevilla (enfilando la Puerta de Jerez) Esta vez de estudiantes de Informática. Casi no la miro porque es lo mismo de siempre pero me sorprende la educación y el buen civismo con que algunos reparten los folletos reivindicativos. Se nota que ya se va con pies de plomo pero van bien escoltados por un cordón policial que ni la cumbre del G-20. Me quedo enganchado por el sonido, miles de voces a una, me dejo columpiar por ese canto hipnótico de protesta que recuerda también a sonidos del pasado. Y en eso pasa un vagabundo en bicicleta y grita ¡Huelga general ya! Y pienso que es lo único que nos faltaba, pero después creo que no le falta razón, llegarán. Ya muchos políticos temen por la paz social. Si seguimos con esta tendencia de expedientes reguladores, eso que en los medios se le llama ahora ERE, como dándole un nombre aséptico cuando esconde muchas tragedias familiares, la gente se va a hartar y terminará echándose a la calle. Recuerdo las violentas movilizaciones de los astilleros navales de Cádiz de hace una década y cómo los gaditanos se tuvieron que acostumbrar a los efectos de la guerra de guerrillas entre trabajadores y efectivos antidisturbios pertrechados con potentes armas de disuasión civil. ¿Se respira ahora algo de angustia colectiva o es sensación mía? Quiero olvidarme de los nubarrones del futuro y sigo paseando. Esos paseos de lujo que me doy de vez en cuando a la búsqueda de sensaciones y otras cosas de la mañana. Como siempre intentando romper los circuitos rutinarios, esos que me llevan en volandas por las mismas calles si no lo pienso, es como si hubiese una cinta transportadora. Me di cuenta de eso hace tiempo y desde entonces hago el esfuerzo para “romper el camino” e innovar. Bueno, pues innovando ando y así he descubierto calles, zonas, por las que no había pasado nunca. Intento no fijarme en los carteles de ´Se vende' y 'Se alquila? colgados en negocios cerrados y casas vacías. Y también hago el esfuerzo por observar cada detalle, todo esto andando sin pararme, porque ése es el ritmo apropiado de la ciudad, abro bien los ojos para que no se me escape una no vaya a ser que no vuelva a coger por esa calle, callejón o pasadizo que he tomado al azar. Hoy he torcido impulsivamente por una ruta que he desempolvado del pasado, pues desde pequeño no cogía por el arco del postigo ¡Uf, qué recuerdos! Me llegaron olores, sí olores. Cómo es el cerebro que los recuerdos pueden sacar del baúl certeros olores y llevarlos a la nariz. Olor a churros, a incienso, a colonias añejas de día de procesión. Y entonces me veo de pequeño, con mi abriguito y zapatos nuevos, legañoso por haberme levantado temprano para ver a la patrona pero feliz, sin ninguna preocupación por el futuro...
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